Entrevista a Estefanía Soriano, voluntaria testimonial en la AECC

“Cuando superas un cáncer te comes el mundo”

Estefanía Soriano tiene 44 años, dos hijas y una experiencia personal que la ha convertido en alguien mucho más fuerte. Hace 11 años superó un cáncer mamá. A partir de ese momento, decidió dar un nuevo sentido a su vida acompañando a otras mujeres que pasan por la misma experiencia. Lo hace como voluntaria testimonial de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).

 En Entrevistas, PVE

A la derecha de la imagen Estefanía Soriano junto o otra voluntaria de la AECC

Por Talía Estévez

¿Por qué decidiste comenzar este voluntariado inmediatamente después de superar la enfermedad?

En el momento en el que pasé la enfermedad yo no pude contar con nadie que me aconsejase ni me diese un testimonio en el que apoyarme. Por eso, en cuanto supe de este voluntariado decidí que quería llenar ese hueco que yo encontré vació. De hecho recuerdo que fui a la formación aún sin pelo, sentí y siento que es necesario convertir en positivo todo aquello por lo que he pasado.

¿En qué consiste exactamente tu voluntariado?

Mi labor es la de hablar con una enferma, compartir mi experiencia con el cáncer para que esa persona pueda utilizarla como apoyo y consejo. Es el propio enfermo quien reclama los servicios, y la asociación nos llama en función de la demanda. Mi caso es bastante completo porque he pasado una etapa de cáncer muy larga, primero enfermé, me salvaron el pecho, vieron que soy portadora del gen BRCA , me quitaron el pecho y luego me lo reconstruyeron y después he sido mamá. Son tantas las fases por las que yo he pasado que hay muchas posibilidades de que alguien esté pasando por alguna de ellas. También es cierto que una similar no pasa todos los días, por ello es un voluntariado que hago puntualmente.

Al enfrentarte y remover tanto algo tan personal, ¿cómo lo vives?

Suele ser muy agradable porque el enfermo está muy agradecido y porque yo me voy más agradecida aún. Está claro que me aporta mucho más de lo que yo puedo dar. Esa sensación de poder normalizar una situación tan dura me llena.

En el momento que una enferma pide testimonio está en un punto muy crítico e importante de la enfermedad. Para mí poder aportarle la vitalidad del “esto pasa”, “no te preocupes que vas a seguir adelante”… todo esto me da mucho más de lo que yo puedo ofrecer. Nadie va a entender más a esa persona que yo porque he estado en esa misma piel, he pasado por ello. En definitiva poder transmitir mi caso y decir que lo he superado es vitamina. Para mí, y para las enfermas.

No te permite alejarte de lo que has vivido…

Exacto, es que rememoras exactamente las mismas sensaciones que tú tuviste, desde el miedo, el quedarte paralizada, el no tener opciones para decidir, el no saber que vas a hacer con tu vida, el pensamiento en la muerte, porque todas pensamos que nos vamos a morir. Revivo absolutamente todas las sensaciones por las que pasé. Son muchas fases por las que pasas durante la enfermedad y esas mismas las está viviendo la persona que tienes delante. A menudo se me saltan las lágrimas porque me acuerdas exactamente de ese momento.

Yo siempre busco el positivismo, el ir dando pasitos pero es cierto que se pasa mucho miedo. Además es que lo tengo muy presente porque mis dos hermanas también lo han pasado y mi padre falleció de cáncer. Tengo mucha experiencia en vivir esa incertidumbre y ese miedo, por eso siempre trato de sacar el lado positivo.

¿Cuáles son las mayores dudas que te encuentras?

Las sesiones que más hago son de reconstrucción, en estos casos las enfermas reciben los dos testimonios, el de otra superviviente que no se la ha hecho y la mía, que sí. Suele ser muy divertido porque al final siempre me quedo en tetas. Nadie se atreve a pedírmelo, pero cuando lo ofrezco quieren ver el resultado.

Lo más bonito de esto es que simplemente das una opinión. Para la enferma, tienes todas las versiones al alcance de tu mano, para tú poder tomar una decisión con tu cuerpo, tu vida y tu futuro. No entras a juzgar. A mí me apasiona este voluntariado, me parece vital para pasar la enfermedad.

¿Cómo es la vida después de un cáncer?

Médicamente es distinta porque tienes unas costumbres nuevas y una asistencia médica que antes no tenías. Por lo demás soy una madre loca que va con sus hijas a todas partes, trabajando y haciendo las mismas cosas que cualquier otra persona. Lo que pasa que físicamente las secuelas se notan y mentalmente o las pasas o necesitas ayuda. En mi caso yo creo que soy mucho mejor persona de lo que era antes. Un cáncer te hace recomponerte, cambiar la escala de valores, poner los pies en la tierra, aprendes a relativizar y a darle importancia a lo que realmente la tiene. Una vez superado le sacas muchas cosas positivas, que evidentemente durante la enfermedad no eres capaz de ver, por mucho que te lo cuenten. Una vez has pasado un cáncer te comes el mundo. Es una sensación tan límite, que superarla es un subidón permanente.

Teniendo hijas, y siendo genéticamente portadora, ¿de qué forma les transmites esta situación tan importante y delicada?

Pues la mayor tiene 17 años, tenía 6 cuando yo enfermé por lo tanto lo ha vivido todo, mi cáncer, el de mis hermanas, el fallecimiento de mi padre, mi reconstrucción… ella es muy consciente porque ha estado presente y porque ya nos hemos sentado a hablarlo. Ya sabe que cuando cumpla los 18 se someterá a unas pruebas para ver si ella también es portadora y haremos todo lo necesario para que ella no tenga que pasar la enfermedad.

La menor tiene 8 años y es pequeña para ser consciente de la misma manera. Pero para ella que yo vaya al médico es super normal pero aún no le da la importancia que realmente tiene.

¿Cómo se accede a este voluntariado?

La AECC tiene delegaciones en prácticamente todos los hospitales y son ellos los que te informan al respecto. Si por casualidad en tu hospital no lo hay, la asociación tiene un teléfono de atención a pacientes y dependiendo de las circunstancia de cada caso, organizan la visita. No solo existe este voluntariado para el cáncer de mama, existe en todas las patologías. Porque por suerte o por desgracia hay mucho voluntariado de distintos tipos de cáncer.

¿Qué papel ocupa la AECC con los enfermos de cáncer?

Para mí no tuvo ningún papel porque conocí sus servicios una vez había pasado la enfermedad. Conocía su existencia pero la asociaba con personas mayores. Ahora que hago el voluntariado y la conozco bien, la promociono con todo el mundo. En estos momentos están presentes en casi todos los hospitales por lo que pedir ayuda es mucho más fácil.

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