Por Nieves Sanjuan
Hace 33 años, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado internacional que reúne los derechos humanos de la infancia. Una fecha desgraciadamente tardía para atender al eslabón más débil de la cadena: niños y niñas, menores y adolescentes. Un tratado muy necesario para respetar sus derechos y libertades que, por desgracia no se aplica como debería en todo el mundo.
Macarena Céspedes Quintanilla (Madrid, 1976) siempre tuvo por vocación la defensa de la infancia y sus derechos. Ha trabajado y ha sido voluntaria a lo largo de su vida en diferentes entidades que suponen el escudo que la infancia necesita. Hoy, Macarena trabaja en Educo, ONG dedicada a la defensa de los derechos de niños y niñas en España y el resto del mundo.
¿Cuándo empezaste a interesarte por el Tercer Sector?
Fue hace muchos años, desde que era muy jovencita. Pasé mi adolescencia en melilla y ya me gustaba el tema de la población infantil y los campamentos de verano. Desde que fui adolescente me llamaron la atención el tema social y el voluntariado para ayudar a las personas que tenían situaciones complejas y difíciles. Empecé a estudiar y fue en el año 2001 cuando realmente entre en este mundo: primero como externa y ya después toda mi vida la he pasado en entidades de cooperación y acción social.
¿En qué se centra Educo?
Desde EDUCO trabajamos para que todos los niños y niñas disfruten plenamente de sus derechos y de una vida digna. Impulsamos proyectos que garanticen una educación segura, la protección de la infancia y su empoderamiento. Buscamos crear un entorno que promueva sociedades justas y equitativas que garanticen sus derechos y bienestar.
Y usted, ¿Por qué se dedica a la infancia?
¿Qué hay más valioso que los niños y las niñas? si hay algo que no despierta ninguna duda es que tenemos que proteger y cuidarles, que puedan disfrutar de sus derechos. No sería capaz de dedicarme a otra cosa que no fuese la infancia, aunque haya otros temas que me parezcan igual de interesantes. La infancia tiene que jugar un rol más importante en nuestras sociedades y tenemos que darle más importancia.
¿Qué es lo más difícil de realizar proyectos con menores en países menos desarrollados?
Trabajar con niños y niñas tiene muchas complicaciones: no podemos disociar a los y las menores de las familias, viven con unas normas sociales y culturales diferentes, hay muchas cosas muy difíciles. También hay diferencias importantes cuando se trata del género, es todo un reto que las niñas tengan las mismas oportunidades que lo niños en algunos países. También es muy difícil trabajar en casos de extrema pobreza. Cuando las situaciones económicas son tan precarias y difíciles hay que compaginar la necesidad que tienen en algunos casos de trabajar con el respeto de sus derechos.
¿Con qué cosas buenas se queda?
Con lo que aprendemos y nos aportan en cada proyecto. Son las propias niñas y niños quienes nos enseñan a mejorar los proyectos. Sentarte y charlar, te ayuda a ver el mundo de una forma diferente y te dan soluciones que a ti no se te habrían ocurrido. Contar con su opinión es esencial para entender cómo les impacta. Sin duda, hay muchos retos y dificultades, pero también hay mucho aprendizaje constante.
¿Cómo se afrontan desde Educo emergencias como la de Ucrania?
Como parte de la alianza Childfund, tenemos una intervención en Ucrania y Moldavia. Nuestro socio alemán llevaba años trabajando en Ucrania, desde 2004, trabajando mucho la educación en valores y escuelas de paz, y cómo afrontamos el conflicto… Ahora mismo, nuestro foco está en salvar vidas y en que cese la violencia, que se respete el derecho internacional y humanitario, la vida de niños, niñas, y población en general.
La educación en emergencias es vital. Durante un conflicto armado lo importante es salvar vidas, pero después hace falta un esfuerzo muy grande para reconstruir el día a día de la población más joven. La educación en emergencias supone la capacidad que tenemos de devolver a los niños y las niñas sus rutinas de aprendizajes, de que puedan sentir que están en un espacio seguro, de poder divertirse con sus compis de clase. La educación también salvan vidas.
¿En qué proyectos estáis trabajando ahora mismo?
Ahora mismo destacaría las Becas comedor de verano. Cuando llega la época estival y se terminan los colegios, llegan tres meses de vacaciones que para muchas familias suponen un quebradero de cabeza. Esta situación es bastante compleja para las familias más vulnerables y desde este proyecto intentamos paliar ese impacto. A nivel internacional tenemos muchos proyectos sobre crisis de larga duración como por ejemplo en Níger, Mali o Senegal donde, además de proyectos de educación en emergencias y protección de la infancia, coordinamos proyectos de trabajo infantil y de prevención de matrimonio infantil.
¿Qué supuso la pandemia para Educo?
Un impacto muy potente en nuestros proyectos. Tenemos un programa de becas comedor a nivel nacional con 300 colegios. Con la pandemia, llegó el cierre de los coles y nos vimos en una tesitura complicada por la necesidad que sabíamos que tenían los niños y niñas más vulnerables. Pero el esfuerzo no fue solo cosa nuestra, también fue todo un reto para los centros educativos. Supuso contrastar la importancia del comedor social como un espacio para garantizar el derecho a la alimentación y repensar nuestra actuación para llegar a las familias en un contexto especialmente difícil.
Fueron muchos retos a nivel nacional y hoy en día continúa siéndolo a nivel internacional porque en algunos países han estado muchísimo más tiempo con los colegios cerrados. Hemos tenido que darle una vuelta a nuestra manera de actuar fuera del ámbito educativo.
¿Por dónde se empieza a trabajar con infancia? ¿El primer escalón son las familias?
Primero con sus familias, comunidades, servicios educativos, centros sociales… La familia es la primera puerta de entrada a la infancia. No son entes que vivan individualmente, viven en grupo, con padres, madres, hermanas… También se empieza por dejar claro cuáles son los derechos de la infancia y respetarlos, reconocer la ciudadanía de los niños y niñas, cómo deberían ser tratados.
¿Cree que el voluntariado es importante?
Siempre he hecho voluntariado porque creo que es muy necesario. Te ayuda a seguir aprendiendo constantemente y a conocer realidades diferentes. Desde que soy muy jovencita he sido voluntaria y considero que es muy importante por la parte de la vocación. Además de ayudar en tu vida profesional, también lo hace en tu vida personal. Cuando hago voluntariado me siento muy realizada, agradecida y acompañada. Nacen en ti muchas emociones y sentimientos.

