Benigno Martínez, Coordinador de la Escuela de Tiempo Libre Don Bosco y voluntario

“La educación en tiempo libre llena la mochila de valores positivos”

En plena vorágine de campamentos veraniegos Beni, coordinador de la Escuela de Tiempo Libre Don Bosco de Santiago de Compostela, nos ha hecho un hueco para hablarnos del voluntariado, de la Educación en Tiempo Libre (ETL) y de su participación en una atractiva iniciativa en forma de guía que acerca esa opción educativa a un concepto tan interesante como el de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

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En la imagen, Beni Martínez

El interés por el voluntariado de Benigno Martínez Lado, o “Beni” como le gusta que le llamen, le viene de largo. Este joven compostelano de 35 años, monitor de tiempo libre, tiene el privilegio de haber conseguido aunar vocación y profesión y en estos momentos ejerce como coordinador de la Escuela de Tiempo Libre Don Bosco en la emblemática ciudad gallega que le vio nacer. Ya anteriormente se había involucrado en instituciones como la Cruz Roja, donde siendo voluntario ejerció como director autonómico de Cruz Roja Juventud.

Además de su labor como coordinador en el Centro Don Bosco de Santiago de Compostela, también se vuelca en el voluntariado con ellos. Es, precisamente, en ese ámbito donde se sitúa su colaboración en la guía Tiempo Libre Educativo y ODS. Como asegura, la iniciativa le pareció una “grandísima idea”.  El año pasado, cuando estaban creando y gestando esta guía en el campamento de Santiago de Compostela, pensaron que quizás la temática de los Objetivos de Desarrollo Sostenible podría resultar controvertida y poco dinámica. Sin embargo, “resultó básica” dentro de las vivencias y el aprendizaje de 800 menores (entre los 4 y los 18 años) que pasaron por el campamento. El trabajo para dar vida a este proyecto ha sido duro, y voluntarios como Beni saben que el esfuerzo para completarlo no será menor.

¿Cómo llegas a Don Bosco? ¿Qué te lleva hasta una escuela de Tiempo Libre?

Yo creo en las utopías. Siempre he considerado que uno de mis objetivos como persona es cambiar el mundo. Es el sueño de todas aquellas que estamos vinculadas a una ONG. Así que empecé a hacer voluntariado en Cruz Roja y luego me formé como director de tiempo libre en el centro que la Confederación de Centros Juveniles Don Bosco tiene en Santiago de Compostela. Allí parece que les gusté como profesor y empecé la docencia en su escuela de Tiempo Libre. Más tarde me ofrecieron ser coordinador y gracias a eso finalmente trabajo en algo que me encanta, que es ayudar a los demás, ofrecer oportunidades a menores y apoyar a la juventud en todas sus necesidades. Al final de mi experiencia como voluntario puedo hacer algo que me motiva, que ya venía haciendo de forma altruista, pero ahora con una remuneración.

¿Qué diferencia al TLE de la educación convencional?

Al final trabajamos en un sector en el que la infancia vienen con una predisposición mayor que en otros ámbitos como puede ser el colegio. Es muy fácil entretener y muy difícil educar. Yo siempre lo digo en los cursos: con un par de cualidades prácticamente todo el mundo podría entretener, pero es mucho más complicado encontrar un auténtico educador, un monitor que se plantee como objetivo enseñar a través del ocio y que lo consiga. Desde el tiempo libre ya existe una predisposición por parte de la infancia que les permite afianzar mejor los conocimientos. Al final la educación formal es el currículum y está marcado por unos aprendizajes, por unos contenidos. Por supuesto, es muy importante, es como la base. Podríamos preguntarnos si el sistema educativo es el correcto o no respecto a la forma de medir las cualidades de menores, pero sería ya un tema aparte.

El caso es que desde la educación “no formal” podemos enseñar, transmitir valores y compartir buenos momentos. Las buenas personas monitoras que conocemos y formamos son aquellas que, además de entretener a menores creando actividades increíbles, solo con su presencia ya están enseñando. Somos modelos y van a imitar todo lo que ven en nosotras. De modo que si nuestros equipos son buenos y transmiten valores positivos van a influir positivamente. Cuando se vayan, además de haberlo pasado genial habrán aprendido un montón de cosas; igual no tanto de contenido, que también, porque por ejemplo han aprendido muchísimo sobre los ODS; pero llevarán la mochila cargada de valores positivos para una sociedad más justa e igualitaria.

¿Cómo surge la idea de la guía?

La guía es una propuesta de DIDANIA y me pareció tan interesante que me uní al grupo motor de trabajo para sacarla adelante. En su desarrollo nos hemos involucrado diferentes instituciones a nivel estatal. Ha sido un trabajo muy gratificante donde hemos aprendido muchísimo. Yo hice algunas aportaciones, pero no trabajé solo en el centro, también lo hicieron personas del equipo y pude apoyarme en ellas. Siempre he creído que el trabajo en equipo ayuda a que salgan las cosas mejor. Se trata de crear nuevas actividades dinámicas, divertidas y de aprendizaje.

El resultado será una guía muy interesante cuyo objeto no es solo disponer de esas actividades para cogerlas, modificarlas y adaptarlas a edades de entre cuatro y 16 años, como teníamos marcado, sino abrir las puertas a la posibilidad de que cada centro cree las suyas, porque cada realidad es muy diferente. Es un primer pasito, porque tampoco hemos tocado todos los ODS, pero es un comienzo para acercar, más aún si cabe, los objetivos de desarrollo sostenible y trabajarlos de forma más consciente en actividades de ocio y tiempo libre.

¿Se entiende, entonces, la guía como un instrumento vivo, capaz de acoger y adaptarse a nuevas propuestas?

De hecho es así. Y la idea es que entre todos la mejoremos y que consigamos que sea lo más completa posible con las aportaciones de los diferentes grupos. Esto se cerró en diciembre del año pasado con la colaboración de un buen grupo de entidades de ocio y tiempo libre. Posteriormente ha pasado por las manos de otras entidades expertas que nos han dado su punto de vista sobre las actividades y algunas otras cuestiones para mejorarlas en diferentes ámbitos, lo que supone una validación añadida.

Sois especialmente cuidadosos en la protección a los más débiles en todo lo relacionado con aspectos como la violencia, maltrato, discriminación. ¿Cómo afrontáis estos temas en las entidades de TLE?

El tema de los espacios seguros lo estamos cambiando hacia espacios de buen trato tal como marca la ley de protección a la infancia. Al final se trata de ser conscientes de lo que estamos haciendo y de lo que debemos hacer. También en DIDANIA se ha hecho una pequeña guía que va más allá de la necesidad de crear espacios seguros y busca generar espacios de buen trato donde nos cuidemos, nos tratemos bien y tratemos bien a los compañeros. Esto se consigue como todo… jugando.

A través de dinámicas de juegos puedes trabajar la cultura del buen trato, premiando el buen comportamiento y no solo penalizando el malo. Al final estamos acostumbrados a actuar cuando sucede algo que está mal. Se trata de superar esta tendencia e intentar hacer las cosas lo mejor posible, procurar que nuestro equipo esté a gusto, estar pendientes de quienes se puedan sentir desplazados y animar al resto de menores a que los inviten. Lo ven como algo normal y no como algo malo. No consiste solo en prevenir violencias sino en conseguir crear entre todos esos espacios donde se sientan seguros y cómodos.

El fútbol, por ejemplo, suele crear mucha controversia, lo que hacemos entonces es situar a una persona monitora que no solo gestione los conflictos, sino que además anime a que el fin sea el juego en sí, la diversión, y no tanto a ver quien gana o quien es mejor o peor. No hay que esperar a que haya enfados, sino actuar antes e intentar inculcar valores: estamos jugando al fútbol y disfrutando con el deporte. Más adelante, cuando sean adultos, si quieren competir encontrarán otros espacios, pero contarán con el bagaje de lo aprendido aquí. En un espacio de ocio no es importante quién gana o quién es el mejor.

Cuando se tocan tantos puntos, ¿no se corre el peligro de querer abarcar demasiado?

Todavía no hemos tocado todos los ODS. No hemos llegado ni a la mitad. La idea es llevar a cabo una primera etapa con los que hemos abordado, en la que queden diseñadas las actividades y demás. Han sido muchas horas de trabajo y un gran esfuerzo en poco tiempo, pero es una primera aproximación a los ODS que creemos más importantes, más necesarios, más fáciles de trabajar o más recurrentes desde el ocio y el tiempo libre.

Las actividades que realizamos quedan a disposición de cualquier entidad o institución, para quienes quieran acercarse a ellas, mirar, y si les gusta lo que ven, adaptarlas o dejarlas tal y como están. Hay campañas de dinamización, sensibilización y acción. Hemos tratado, bajo esos tres modelos, no solo de sensibilizar, sino de crear actividades de ocio y tiempo libre que repercutan en la sociedad y que sean los propios menores y adolescentes los protagonistas, que no sean únicamente receptores de información.

En un trabajo tan vocacional, cuando finalizas la jornada, ¿qué prevalece: la satisfacción por lo hecho, la preocupación por lo que resta por hacer o el puro cansancio y las ganas de dormir?

Hay días para todo. Me considero alguien que siempre busca el lado positivo de las cosas y para mí es muy gratificante poder dedicarme a esto y ver cómo influye en los demás. Cómo la juventud aprende un montón de cosas gracias al equipo de personas monitoras que tenemos, que es increíble, y cómo, al final, eso repercute en ellas positivamente. Estoy seguro de que, aunque sea un porcentaje muy pequeño, vale la pena todo el trabajo que hay detrás, porque la infancia y la juventud son los que realmente pueden cambiar el mundo. Soy de los que creen que al final todas las acciones tienen una repercusión, y que si cada uno de nosotros hacemos las cosas lo mejor posible tendremos una sociedad también un poquito mejor.

Yo, cada día, me voy “súper satisfecho”; habrá días mejores y peores, momentos en los que me digo “voy a descansar y desconectar”. Pero trato de levantarme diciéndome “hoy va a ser otro gran día”. Vamos a intentar mostrar nuestra mejor versión y a procurar ser agradables y transmitir valores positivos a todas las personas que nos crucemos.

Desde tu posición, ¿cuál crees que es la situación actual del voluntariado tanto en Galicia como en el resto de España?

Yo he estado en varias instituciones de voluntariado y la verdad es que el voluntariado está viviendo un cambio. Antes la gente se apuntaba a cualquier institución para lo que hiciera falta. Ahora ese compromiso o esa continuidad ya no está tan presente. Parece que lo que más busca la gente son actividades puntuales: ir un día aquí, otro allá, algo más concreto que implica menos compromiso que, por ejemplo, la continuidad de realizar todas las semanas una determinada labor. Pero esta no deja de ser una impresión global que me llega cuando hablo con muchos compañeros de otras instituciones, porque he de decir que, en el centro donde trabajo tengo la suerte de tener muchísimo voluntariado comprometido y muy sólido, algo que puede parecer raro y que se agradece un montón en el momento en que vivimos.

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