‘La otra pandemia’

 En Opinión
FERMÍN NÚÑEZ, PERIODISTA

Mira que la COVID-19 parecía haber agotado todas las variables y derivadas, pero no: resulta que, soterrada tras esa vergüenza tan característica de nuestra cultura, aparece ahora una situación ciertamente preocupante: durante estos meses de pandemia, un 6,4% de la población ha acudido a profesionales de la salud mental con algún tipo de síntoma, sobre todo relacionado con la ansiedad y la depresión.

La verdad, no era descabellado suponer que algo sucedería en nuestro estado de ánimo. Siendo una sociedad tan abierta, propensa al abrazo, al bullicio y la tertulia de sobremesa, hemos sufrido como pocos países la condena del confinamiento forzado, de los cierres perimetrales, de los bares y restaurantes clausurados. Tras ello ha llegado el constante azote del ingreso y la muerte a nuestro alrededor, en terribles oleadas, y luego la desesperante permanencia de todo lo anterior, su terrible constancia y consistencia, bien apuntalada por la carestía de vacunas, la lentitud burocrática, los engaños, las triquiñuelas y las peleas políticas…

Como no podía ser de otro modo, resulta también que las personas más afectadas por esta otra epidemia de nuestra decreciente salud mental son mujeres, jóvenes, personas con discapacidad, y aquellas personas económica y socialmente más vulnerables, como revela el detallado estudio ‘Salud mental y COVID-19’. Ello se une a que, según la OMS, el 93% de los países ha visto cómo la pandemia afectaba (cuando no paralizaba) sus servicios de salud, ya de por sí lastrados en España por un déficit crónico de financiación. Por ello, organizaciones como la Confederación Salud Mental España solicitan un compromiso serio de las administraciones públicas con este problema, que sirva para aumentar los recursos de apoyo psicológico y acompañamiento personalizado, y salvar todas estas barreras socioeconómicas para acceder a los mismos.

Hace poco, de forma abrupta, este tema ha podido ser conocido por la opinión pública. El diputado Íñigo Errejón, de Más País, pronunciaba una pregunta parlamentaria relacionada con este grave problema. Al terminar su intervención, un diputado en la bancada de la derecha le espetaba despectivamente “¡Vete al médico!” Afortunadamente se impuso el sentido común y Errejón se vio arropado por compañeras y compañeros de todos los grupos de la Cámara. Un incidente que resulta menor –uno más de los que nos tienen acostumbradas sus Señorías–, pero que al menos ha servido para ponernos en alerta de esta situación.

Así pues, tomen conciencia: otra pandemia nos acecha, silenciosa, encerrada en nuestra intimidad. La alimentan nuestros pesares y nuestra incapacidad para superar las pérdidas. La aviva el estrés, la búsqueda de una salida que no acaba de llegar, la pervivencia de la derrota ante la COVID y sus efectos. Corremos el riesgo de pensar, igual que ya hiciéramos con el propio virus, que no nos afectará, que también tenemos anticuerpos contra la depresión y la ansiedad.

Así que, si está leyendo esto, pruebe a construirse un refugio. Uno al que pueda acudir de vez en cuando: su familia, sus aficiones, sus amistades, su tiempo. Dedíqueselo a usted ya su gente de vez en cuando. Haga por su salud mental lo mismo que por su higiene o su cuidado estético. Algún día lo agradecerá.

 

Las opiniones vertidas en los artículos de opinión de El Periódico del Voluntariado corresponden a los autores y autoras de los textos.

Compartir:
Noticias recomendadas