‘Mascarillas de pantalón vaquero’

 En Opinión, PVE
CRISTINA FALLARÁS, Periodista y escritora

No comprendo cómo una sociedad entera puede dar la espalda a lo que estamos viviendo y, sobre todo, a lo que se nos viene encima. Hablo de la pobreza y también hablo de la muerte. Hablo de la desatención por parte de las administraciones públicas. Y ya sé que no es una “sociedad entera” exactamente. Sin embargo, si obviamos los esfuerzos del voluntariado, sí lo es. Así lo siento.

Hace apenas una semana, fui a dar una vuelta por el madrileño barrio de Puente de Vallecas. Necesito pasear las zonas que van cayendo en el hoyo del desamparo oficial, hacerlo de vez en cuando. No quiero que la urgencia de las cosas “importantes” me aleje de aquellos ante los que se va tejiendo el muro del olvido.

No buscaba asuntos directamente relacionados con la pandemia. Mi propósito, como siempre, consistía en olfatear aquellas grietas por las que se van despeñando las familias a las que ya nada les queda, qué profundidad tienen las brechas, cuánta oscuridad, qué filos. Sin embargo, me encontré con una de las evidencias que algunas venimos denunciando desde que salimos del confinamiento: Cientos de miles de familias no pueden permitirse adquirir mascarillas. Hace meses que no pueden. Muchísimo menos varias mascarillas al día para varios miembros de la familia. ¡Es una locura! Hay familias que tendrían que invertir la mayoría de sus ingresos en ello, los pocos euros que les sirven apenas para alimento y suministros básicos. En muchos casos, ni siquiera llegan a eso.

A la salida de un establecimiento, observé a una muchacha cuya mascarilla estaba confeccionada con tela de pantalón vaquero. Al principio me dije que debía de tratarse de alguna moda. Al cruzarse conmigo me di cuenta de que no. Era, efectivamente, una mascarilla confeccionada con el retazo de un viejo pantalón vaquero, y así me lo confirmó. Después, mascarillas quirúrgicas gastadas por los días, mascarillas amarronadas por el tiempo, mascarillas que en algún momento costaron el dinero que la familia no podía permitirse.

Qué barbaridad.

Si la Administración pública decreta que una medida sanitaria, una medida que cuesta vidas, es obligatoria, dicha medida debe ser universal y gratuita. Como las vacunas en la infancia, como tantas otras cosas. ¿En qué estamos pensando? ¿A qué estamos dando la espalda?

A la pobreza, por supuesto. Y también a la muerte.

 

Las opiniones vertidas en los artículos de opinión de El Periódico del Voluntariado corresponden a los autores y autoras de los textos.

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