Pablo de Castro, voluntario con Síndrome de Down

“Ayudando a la gente me siento feliz”

Pablo de Castro es un voluntario con síndrome de down en el albergue de peregrinos Estrella en Tudela (Navarra). Desde siempre, su mayor ilusión ha sido la de ayudar a los demás y, a pesar de los días grises, afronta todos y cada uno de los retos con una sonrisa.

 En Entrevistas, Nuestras Entidades
En la imagen, Pablo de Castro

Por J. V. Martín

No es fácil encontrar un hueco en la apretada agenda de Pablo de Castro. Madrileño, de 43 años, vive en Tudela (Navarra). Además de trabajar en el centro ocupacional de Tasubinsa, realiza labores de voluntariado en el albergue de peregrinos Estella. Es un ejemplo de valentía, perseverancia y ganas de devolver a los demás la ayuda que él ha recibido por tener  Síndrome de Down.

¿Qué es lo que te tiene siempre tan ocupado?

Hago un montón de cosas. Mucha natación, aunque ya hace tiempo que dejé las competiciones. Pero me gustan los deportes de todo tipo. También hago actividades de ocio, manualidades, ensayo para festivales y estoy en un grupo de biodanza que me gusta mucho porque trata de trasmitir emociones y de tener creatividad con la naturaleza.

Y además eres voluntario en el albergue de peregrinos de Tudela. ¿En qué consiste esa actividad?

Voy solo dos días, los fines de semana, que es cuando más gente pasa por allí. Me encargo de atender al público en general, de mostrar las ubicaciones, los baños, las camas, las duchas, explico lo que se puede hacer, cuáles son las rutas del camino a Compostela. Apunto las reservas en la agenda, pongo los sellos en los pasaportes de los peregrinos…

¿Has sido peregrino del camino de Santiago alguna vez?

La verdad es que no, pero me gustaría, tiene que ser una gran experiencia. Veo a mucha gente que lo hace, vienen de todos los continentes y me gusta hablar con ellos porque también hablo inglés.

¿Cuánto tiempo hace desde que empezaste en el albergue?

Más o menos siete años. Ya había sido voluntario antes en campañas, jornadas, proyectos y reuniones que organiza Anfas (Asociación navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y sus familias).

¿Por qué decidiste hacerte voluntario?

Porque es importante ayudar. Hace tiempo fui a una jornada de un grupo de voluntarios con los que empecé a hacer actividades de ropero. Todo lo que tiene que ver con ordenar armarios, colgar y descolgar ropa, ponerlo todo en su sitio. Aprendí mucho y quise también enseñar, ayudar a la gente y atenderla. También he sido autogestor, que es algo muy importante. Consiste en un grupo que se forma para hablar y tratar diversos temas. Se habla de los derechos de las personas, de igualdad, de sexualidad y de accesibilidad cognitiva. Conversamos sobre la convivencia de personas tuteladas, sobre la Ley de Dependencia y sobre poder ser personas autónomas. Hacemos celebraciones y encuentros en Pamplona, La Rioja, Aragón y también en Tudela. Ha sido una experiencia muy bonita, la verdad.

¿Qué es lo que más te gusta de tu labor en el albergue?

Lo que más gusta es tener conversación y dar información. Por ejemplo, hay muchas personas que vienen y quieren ver los pueblos de la zona. Les hablo de Fustiñana, de Ribaforada y de otros sitios, les explico todo lo que hay. Es un poco como guía turístico. Hablo de la cultura histórica de Tudela y de España, cuento muchas cosas que me sé de memoria, sobre la historia de la Córdoba de los andalusíes y Tudela, porque aquí hubo de todo: árabes, mozárabes, judíos cristianos…

¿Qué te aporta hacer voluntariado?

Ayudando a la gente me siento feliz, me pone una sonrisa. Es muy importante compartir con los demás, hacer amigos y amigas, conocer a gente diferente, a gente como tú.

¿Cuándo empezaste como voluntario tuviste nervios?

Nada de nervios, siempre he estado tranquilo y a gusto con lo que hago. Además, ya tenía experiencia. Cuando vivía en Madrid pasé por la universidad, por la facultad de Cantoblanco, en un curso básico sobre carreras universitarias, aprendiendo cómo se trabaja en oficinas, cómo ayudar, cómo es el desarrollo. Por eso ahora mi trabajo es facilísimo, no hay nada complicado. Todo es cuestión de hacerlo y de participar, no hay más.

Cuéntanos cómo ha sido tu formación académica.

Yo fui estudioso y espabilado. Fui universitario de formación permanente, que es un proyecto de formación sobre cómo organizar reuniones, mesas redondas, reservar agendas y más cosas. Y así luego tuve un trabajo en Madrid.

¿Dónde trabajaste?

Cuando terminé la formación accedí a un puesto de trabajo de recursos humanos en la empresa Prosegur. Trabajé allí hasta el 2012. Y ahora sigo trabajando en el polígono industrial de Tudela con Tasubinsa, un centro ocupacional de talleres. Yo me encargo de comprobar motores de maquinaria y estamos aprendiendo muchas cosas nuevas, como a hacer las UCIs, bandejas para los teléfonos móviles.

No has parado de hacer cosas, ¿qué proyectos tienes para el futuro?

Yo de momento pienso en donde estoy ahora, a ver lo que dura. Voy poco a poco porque todo es cuestión de tiempo. Lo importante es seguir adelante y no mirar demasiado atrás. También me han pasado cosas malas. Mis primeros padres murieron por varias enfermedades. Son cosas que pasan y tienes que aceptarlo. Pero me acuerdo siempre de las últimas cosas que me dijo mi madre antes de morir: “Hay que ser libre y vivir con libertad”. Ella tuvo cáncer y lo pasó muy mal. Yo he tenido que ser valiente y mirar hacia adelante y siempre con buena fe. Por eso es importante que la gente comparta tiempo con nosotros. Que nos demos cariños y apoyo. Aquí tengo a mucha gente, no solo a mi familia.

¿Conoces a más personas con síndrome de Down que también sean voluntarias?

Sí. Conozco más personas, alguna de ellas viene conmigo a Anfas y es una persona especial para mí desde hace unos años. Por eso también son importantes las asociaciones, porque nos ayudan a relacionarnos y conocer a gente.

 

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