Guadalupe Ordóñez, Voluntaria en Fundación Esplai

“Voluntariado significa compartir tu tiempo, tu vida y tu aprendizaje”

En la actualidad, la brecha digital está más presente que nunca. La obligatoriedad de la tecnología en la mayoría de los procesos cotidianos distancia a ciertos sectores de la sociedad de hacer una vida normal. Con esta brecha, incrementa su dificultad de adaptación cuanto más sea necesario el uso de la tecnología.

Por este motivo, en El Periódico del Voluntariado queremos destacar las acciones voluntarias relacionadas con la enseñanza de estas nuevas tecnologías. Acciones que muchas veces olvidamos y que son tan importantes como el resto o más si hablamos de adaptación. Las personas voluntarias que imparten estos conocimientos no sólo ayudan a la integración de ciertos colectivos, sino que mejoran su calidad de vida mediante ese empoderamiento en competencias digitales.

 En Entrevistas, PVE

Por Tatiana Ojeda Bermúdez

Un ejemplo de estas acciones es Guadalupe Ordóñez. Es voluntaria digital y comparte sus conocimientos mayoritariamente con dos grupos de exclusión social: las personas mayores y las personas con discapacidad. Desde hace años colabora con la Fundación Esplai, que recientemente le ha otorgado un premio al voluntariado por su compromiso contra las brechas digitales en el ámbito rural, en concreto en el municipio gallego de Mos, en Pontevedra (Galicia). Lleva realizando esta labor más de diez años. Con personas desempleadas realiza talleres para la mejora de su empleabilidad, a través de la formación y la preparación de certificaciones de competencias digitales. Con niños y niñas fomenta sus habilidades tecnológicas relacionadas sobre todo con la programación.

¿En qué consisten los talleres que imparte?

Enseño tanto lo básico, como poder utilizar los dispositivos o una simple llamada, como conocimientos más avanzados para obtener los certificados de Microsoft. Estos últimos los emite la Fundación Esplai. Por esta parte, considero que hoy en día las competencias digitales están muy demandadas, tanto en el ámbito personal como en el profesional y, claro, es necesario justificarlo. Mi labor es ayudarles a esa adaptación.

Hoy en día, si no sabes utilizar ciertas cosas, prácticamente no puedes vivir, para las personas mayores esta ayuda es indispensable…

Por supuesto y también para las personas con discapacidad física. Por ejemplo, en el centro donde acudo les enseño a utilizar ciertas tecnologías. Muchas veces se les informa de los medios que tienen para mejorar su calidad de vida pero no cómo utilizarlo. Por eso pienso en lo esencial que es que alguien les enseñe lo que pueden hacer y les proporcione diferentes herramientas. Y que no se trata sólo de un curso, es práctica. Por ejemplo: ¿Cómo le escribo una carta a la Seguridad Social? El tipo de página tiene un estilo concreto, abrir un documento, saber enviarlo… Y lo importante de saber que existe el acceso a internet. Muchos mayores que viven en el entorno rural no conocen esto y ya no te digo algunas personas con discapacidad. Estamos hablando de grupos con exclusión social.

Y también que en la actualidad, todo o casi todo se mueve por Redes Sociales…

Claro, por ejemplo, ahora mismo hay distintos canales que van cambiando rápidamente como Twitter, Facebook o Instagram. A veces, incluso nosotros, los que vivimos en el día a día con estas tecnologías, no somos capaces de seguir el ritmo. Imaginad esto con una persona que no sabe ni hacer una llamada de teléfono. Les tienes que explicar con calma y comprensión que la situación ha cambiado.

Anteriormente nos hablaba del entorno rural, ¿Esta situación se complica por vivir en un pueblo?

Claro que sí. Es triste ver, por ejemplo, a las personas jóvenes que todavía siguen aquí en los pueblos. Ves que muchas veces les faltan recursos y tienen que desplazarse. No sólo para la universidad, que es más evidente, sino para cualquier trámite burocrático. Estas limitaciones se intensifican mucho más en personas mayores que, a lo mejor, no tienen esa facilidad para salir del pueblo.

¿Y cómo es desarrollar una acción voluntaria en zonas rurales?

Es muy complicado. Porque los recursos son limitados, pero también es mucho más cercano. Al final lo que haces es un acompañamiento a la persona, te pones en su lugar y dices bueno, yo con mis conocimientos de vida ¿cómo lo haría? Y ahí es cuando compartes tu “sabiduría” por decirlo de alguna manera. Para mí el voluntariado es eso, compartir.

Por lo que cuenta, parece que se asemeja a un voluntariado comunitario donde, suponemos, colabora el vecindario del pueblo.

Claro, al final lo que haces es compartir lo que tú sabes con el vecino y ese vecino se lo comparte al otro, es una cadena. Venimos de un período que nos ha demostrado lo importante que es la cercanía y no perdernos y aislarnos del resto de las personas. Para mí lo más importante ya no es lo material, para mí lo importante en la vida es la mochila de experiencias que llevamos. Lo inmaterial. Si compartes eso, ya lo has hecho todo. Y también está la sensación maravillosa que se genera cuando sabes que le has aportado algo a otra persona a través del voluntariado, porque no estás haciendo algo obligado, lo estás haciendo de corazón. Si le hemos dado un abrazo, si le hemos acompañado a hacer algún trámite, un paseo o simplemente escuchado su vida. Es grandioso.

Y por esta labor que nos comenta, recientemente le han otorgado un premio al voluntariado digital de la Fundación Esplai, ¿Cómo recibió este galardón?

No me lo esperaba, para nada. Yo hago esta labor por mí misma y por los demás, sin esperar un reconocimiento. Y por esa misma razón, para mí ha sido una satisfacción personal tremenda, sobre todo viniendo de la Fundación Esplai, que siempre han estado ahí para todo lo que necesitemos. Nos aporta formación, nos aporta lo que haga falta. Lo importante no es que me hayan reconocido con el premio, sino que han reconocido la labor que cada vez más personas decidimos aportar a la sociedad.

Además de esas sensaciones que nos cuenta, ¿Por qué cree que es importante hacer voluntariado?

Porque hay cosas que por derecho todas las personas deberían tener. Eso ya es indiscutible. Pero hay muchas otras que pueden parecer banales, como el simple hecho de un acompañamiento, y que no las aporta ningún derecho, no son materiales y por desgracia no están reguladas. Está regulado el derecho de lo material, pero lo inmaterial no, eso solo lo podemos conseguir a través del voluntariado. Por eso comentaba que a mi no me gusta mucho llamarlo voluntariado, sino que lo que hago en este momento es compartir.

¿Qué le diría a una persona que en este momento se está planteando “lanzarse” a esa acción de compartir con los demás?

Le diría que si quiere comprometerse como persona y estar satisfecho o satisfecha de verdad consigo misma, eso lo da aportar tu granito de arena sin que nadie te obligue. Te va a repercutir de una forma tan inmensamente hacia adentro que no te lo imaginas. Pruébalo y verás cómo repetirás.

Y usted, ¿Cuándo descubrió que quería hacer voluntariado?

Siempre he sido una persona solidaria, pero el deseo de enseñar a utilizar la tecnología me llegó a la vez que el internet a mi casa. En cuanto vi que esa maravilla se desplazaba a través de un cable y lo que hacía pensé: “Esto lo tengo que compartir con los demás, no puedo quedarme con este conocimiento para mí sola”.

Para concluir la entrevista, ¿Hay alguna idea o pensamiento que quiera compartir con El Periodico del Voluntariado?

Me gustaría recalcar esto último, lo importante que es para la sociedad hacer voluntariado y tratar de compartir. Así que mi conclusión principal sería la siguiente: Comparte, comparte tu tiempo, comparte tu vida y tu aprendizaje.

 

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