Nuria Gatell, técnica de proyectos de Cesida, y parte de Mujeres Vihvas

«Somos más fuertes juntas que por separado»

El 5 de junio de 1981, la organización estadounidense de vigilancia y prevención de enfermedades  informó sobre una forma rara de neumonía entre jóvenes homosexuales de California. Fue la primera alerta sobre el SIDA,  Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.

En este mes de junio se cumplen cuarenta años desde la declaración de los primeros casos en el mundo y aún existe el estigma ante esta enfermedad.

Frente a ello está el trabajo de entidades como CESIDA, formada por 75 entidades que representan a más de 120 organizaciones de todo el territorio español.

 En Entrevistas, PVE
Por Mauricio H. Cervantes

Nuria Gatell (Madrid, 1968) tiene más de 15 años de experiencia trabajando con personas que hacen frente a la gran pandemia que azotó al mundo a finales del siglo pasado: el VIH. Lo ha hecho en Centroamérica y en España. Además, desde Cesida, también impulsa Mujeres Vihvas: un proyecto “de mujeres, por mujeres y para mujeres” que tiene el objetivo de empoderar a las mujeres con el VIH. Porque como ella misma lo sostiene: “somos más fuertes juntas que por separado”.

Son tiempos inciertos por la nueva pandemia que azota al mundo. ¿Dónde ha quedado la respuesta al VIH, ahora?

Pues la respuesta sigue más viva que nunca. Sigue habiendo un montón de gente en ella: voluntarios, profesionales, etcétera. Todas trabajando para terminar con el estigma y la discriminación que siguen sufriendo las personas con VIH.

Durante los últimos años, la los avances médicos han sido enormes, y todos sabemos que es una enfermedad que te permite vivir muchísimos años en condiciones muy similares a las de una persona que no tiene el virus. Pero desafortunadamente la sociedad no ha ido de la mano con los avances de la ciencia. Aún hay mucho desconocimiento y muchos comentarios y actitudes que estigmatizan.

Hablemos de discriminación.

La connotación del VIH para muchas personas sigue siendo negativa. Cuando conocen a alguien que se ha hecho visible (que abiertamente en su entorno más cercano da a conocer su estado serológico) inmediatamente piensan en algo malo. Sin embargo, si dijesen que se trata de cáncer, o Covid, muchos pensarían en cómo ayudar. Y, perdón por lo que te toca, los medios de comunicación también han jugado un papel no menos importante. Lo digo respecto al lenguaje como un vehículo de estigma. Por una parte, me parece que se ha señalado a ciertos grupos poblacionales  y, por otra, el trato que desde los medios se le ha dado ha hecho que mucha gente en su imaginario tenga una idea de que es un sector determinado con unas prácticas determinadas. Y la realidad es que no es así.

Recuerdo las famosas ‘4 haches’ con las que se asociaba al VIH en los 80: homosexuales, heroinómanos y haitianos, hemofílicos. Lo que sí que es real es que mucha gente no se ha preocupado por formarse, por enterarse y por saber qué es el VIH, cómo vive una persona con ello, y cómo se puede contraer.

Violencia de género y VIH…

Ufff… es un tema duro. Muchas mujeres no son visibles, y eso las hace más vulnerables al tema de la violencia. Nosotras, desde la página Mujeres Vihvas, hemos ideado en nuestro primer bloque algo a lo que llamamos ‘Mujeres heredadas’. Nos referimos a las herencias que hemos recibido por nuestro género, que hemos vivido en sociedades con una desventaja histórica. Hablamos mucho del afrontamiento y de la calidad de vida. En nuestro segundo bloque, abordamos a las ‘Mujeres reforzadas’. Esto es cómo las mujeres pueden crear condiciones adecuadas para permitir el liderazgo y la igualdad de oportunidades en distintos ámbitos (académico, privado, social, etcétera). Y, finalmente, ‘Mujeres conectadas’. Aquí hablamos de la importancia de crear redes de apoyo, de crear un tejido muy sólido entre nosotras y que nos permita utilizar más herramientas a nuestro alance, como la tecnología, por ejemplo.

Cada año en España se infectan entre 3.000 y 4.000 personas.

Sí, esos son los datos que conocemos. Y se estima que hoy día viven 145.000 personas con VIH en España. Pero, insisto, eso es lo que conocemos. Hay un montón de gente que aún no conoce su estado serológico. ¿Por qué aún sucede esto? No lo sé. De joven quién no ha hecho locuras, quién no se ha sentido invencible, quién no ha pensado que uno no le va a tocar. Y la verdad es que pasa. Y sigue pasando. En todo caso, considero que lo importante es que no le perdamos la cara al VIH. Que no se convierta en “la otra pandemia” (ahora en tiempos del coronavirus), porque sigue estando entre nosotros, tenemos que ser conscientes de que es algo que existe. Yo he escuchado a gente decir “¿pero todavía hay de eso?”.

¿Cuáles son los retos desde este ámbito para este 2021?

Hay muchísimos retos. Hay mujeres muy activas. Nos ayuda mucho la sororidad, es decir, la relación solidaria que hay entre nosotras. Me refiero a una relación orientada al empoderamiento de la mujer, a que no nos silencien, a que no nos dejen atrás. En pocas palabras, a que no nos dejen al margen de la sociedad.

Hay que impulsar movimientos, ideas y agendas para lograr este empoderamiento de la mujer con VIH. Somos más fuertes juntas que por separado.

Alguna historia que te haya marcado en los más de 15 años que llevas trabajando con personas con VIH.

Es difícil elegir una en concreto. Me he encontrado con mujeres con una fuerza increíble. Con capacidades creadoras y de salir adelante, de sacar a los suyos adelante, que es imposible comprender de dónde obtienen esa fortaleza. Me parece que muchas lo hacen desde el convencimiento de que merecen ser escuchadas. Recuerdo un caso que me marcó… Se trata de una señora, ya mayor, guatemalteca. Siendo abuela descubrió su diagnóstico serológico después de que su esposo hubiese muerto a causa del VIH. La familia de él decidió que ella había sido quien se lo había transmitido. Algo absurdo, y que no era cierto. La echaron de su casa, dejándola en la calle. Y, por si fuera poco, la amante del ex marido apareció y le dejó a una niña pequeña a su cargo.

Y ¿pudieron ayudarla desde la asociación?

La señora, enferma, mayor, humillada y en la pobreza, sacó adelante a esa niña, a la que, por cierto, siempre se refirió como “mi hija”. Esta mujer se levantaba a las 3:30 de la mañana, todos los días, para ir a comprar flores al mercado y luego venderlas. Sus trayectos eran inmensos, tenía que coger varios autobuses, andar, etcétera. ¿Sabes qué era lo más impresionante? Que no tenía ni un ápice de rencor, ni hacia su marido, ni hacia la familia de él que la despojó de todo. “Esto es lo que toca y hay que hacerle frente”, decía. Después le hicimos una campaña y se hizo visible. Pero eso le trajo muchísimos problemas. Guatemala es un país maravilloso, pero aún tiene muchas aristas respecto a los derechos humanos.

Historias de esas, tantas…

¿Cómo nace Mujeres Vihvas?

El proyecto surge gracias a la pandemia actual. Es una de las cosas buenas que nos ha dejado. Antes de 2020, cada año se celebraba una reunión de un fin de semana con mujeres y sobre temas de VIH. Era un tiempo que ellas tenían para encontrarse con sus iguales, con gente que pasaba por lo mismo. Pero llegó el virus nuevo y tocó reinventarse. Entonces nos lanzamos a crear Mujeres Vihvas.

Desde el inicio se buscó la participación de gente de entidades miembro de Cesida. Y te confieso que muchas mujeres que se han involucrado lo han hecho con una energía arrolladora. A partir de un grupo de WhatsApp, quedamos y nos reunimos cada semana para tomar un café y charlar. Hay muchas mujeres que están muy solas, y por eso surgió la idea de la web. Buscábamos un proyecto como ellas, ¡muy vivo! Un producto nacido a raíz de una necesidad sentida. No cerramos el espacio a nadie. Hay muchas mujeres incolucradas, tengan el virus o no, pero que por su trayectoria profesional han estado muy cerca de este tema. Cualquiera es bienvenida. Puedes tener o no VIH, pero eso no te limita al compromiso con una causa.

¿Cómo ves al proyecto de Mujeres Vihvas en cinco años?

Me gustaría que se uniesen más. Que se uniesen todas. Tenemos foros, formaciones, tenemos un videoclub. La participación es maravillosa. Cada una ha aportado un poquillo, en la medida de sus posibilidades. Me gustaría que continuase, pero adaptándose a las necesidades de los tiempos y de las personas.

La importancia de trabajar unidas, de compartir experiencias, miedos…

Estamos en un momento en el que cada vez se habla más, se visibiliza más en la violencia de género. Las mujeres que somos madres hacemos más hincapié en educar a nuestros hijos e hijas para que ya no se reproduzcan los patrones de poder y las relaciones desiguales. Las mujeres han levantado la voz y han dicho “hasta aquí”. No vamos a seguir aceptando la reproducción de patrones tan dañitos e injustos.

Con el VIH es lo mismo. Antes nos costaba mucho impulsar la participación femenina en este tipo de proyectos, pero este año parece que se ha abierto la caja de los vientos y las mujeres están imparables. Cada vez que lanzamos una campaña o solicitamos algo, es increíble la participación femenina. Y las Mujeres Vihvas tendrán mucho que ver con eso, están haciendo comunidad, y esa comunidad también se transmite y hace que muchas mujeres digan “¿y por qué yo no?”.

Muchas mujeres tienen la necesidad de compartir. Por eso el cafecito que organizamos en Mujeres Vihvas es tan importante: porque es un espacio de mujeres, por mujeres, y  entre mujeres.

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