Charo Aguilar, voluntaria y pionera del movimiento asociativo en España

«Se nos miraba con cierto desprecio pero nosotras hemos hecho camino»

Hace más de 40 años que Rosario Aguilar, – más conocida como Charo, ,fundó un recurso para personas con discapacidad intelectual: el centro Primer Paso. Eran tiempos difíciles para las mujeres pero ella no pisó el freno.

 En Entrevistas, Nuestras Entidades
Rosario Aguilar fue una de las pioneras del movimiento asociativo de la discapacidad

Coché Echarren

Siempre tuvo claro que el Trabajo Social era lo suyo. Corrían los 60 cuando hizo la carrera, mientras trabajaba como secretaria de dirección y antes de terminarla recaló en Cáritas, donde aprendió, mantuvo contacto con la realidad social y aportó todo lo que pudo.  Después comenzaron sus largas jornadas interminables que finalizaban cada día atendiendo una casa y a cinco hijos. Eran tiempos otros tiempos. Las mujeres como Charo, no estaban bien vistas. Hoy, al menos, reconocemos a esta pionera de lo social que ha cumplido 80 años a pie de obra. En su currículo personal además de madre, voluntaria y un sinfín de habilidades, figuran décadas apoyando a las personas con discapacidad intelectual y a colectivos vulnerables. 

¿Qué te llevó al trabajo social?

Yo diría que me “persiguió” la oportunidad. Cuando conocí la existencia de estos estudios sentí como si los hubieran inventado para mí…  Quien puso en mí el impulso de poner soluciones a los problemas, guió mis pasos hasta esta profesión. Gracias a ella ha sido posible para mí trabajar en distintos proyectos sociales, todos encaminados a crear estructuras nuevas para diversas situaciones de necesidad. En definitiva, me ha permitido ayudar a solucionar problemas.

Sacaste la carrera mientras trabajabas, ¿qué te movía?

Sí, trabaje y estudié a la vez. No sé de dónde saqué la fuerza, sobre todo la de voluntad, pero lo conseguí.  Supongo que me motivaban las ganas de obtener las herramientas que aporta el  conocimiento, que te abre ventanas y puertas y te ofrece un método para cumplir mejor tus objetivos. En este caso encaminados a hacer la vida mejor a mucha gente. Y me movía también un deseo de independencia.

Eran tiempos en que pocas mujeres se formaban y trabajaban fuera del hogar

Sí. A las que lo hacíamos se nos miraba con cierto desprecio, se infravaloraba nuestro esfuerzo.  Nosotras hemos hecho camino. Parecía que no estaba bien eso de ser madre y trabajar. Las cosas han cambiado mucho. Pero para mí ya entonces era muy importante tener mi independencia económica y,  desde luego, desarrollar mi vocación. Sin embargo a veces pienso que les quité tiempo a mis hijos, que me hubiera gustado estar más ahí. Pero es que antes ni siquiera existía el concepto de conciliación laboral.

¿Cuántos años hace de tus primeros días de trabajo en Cáritas?

Ahora hace 64. Empecé con 16 como secretaria de dirección y luego como trabajadora social. Estuve allí hasta que cumplí 60, momento en que comencé a dedicarme plenamente a dirigir el centro ocupacional Primer Paso, que ya estaba en proceso de crecimiento.

 ¿Cómo ha cambiado la ayuda social desde los 80?

En los años 80, los problemas se abordaban y eran asumidos por entidades de la Administración, por la Iglesia, por fundaciones y por asociaciones. Pero no había expectativas de continuidad hasta que empezaron los conciertos con las conserjerías, ya en 2002. Este cambio fue importante y decisivo en el mundo del trabajo social en Madrid.

Tras muchos años en Cáritas, decidiste fundar la asociación Primer Paso…

Antes de Primer Paso había fundado otros centros: uno para personas que viven en la calle, otro para trabajadoras de la prostitución, una residencia de ancianos. Todo ello, desde mis funciones normales como trabajadora social dentro de Cáritas Madrid. Desde mi posición pude observar que había otra realidad desatendida, la de las personas que por su diversidad psíquica, no podían acceder al mercado laboral. Existía una atención a la escolarización de estas personas, pero no tenían muchas opciones a las que recurrir al terminar esta etapa. El problema se acentuaba cuando se trataba de familias sin recursos económicos.

¿Cuál es la filosofía de trabajo en Primer Paso?

El conocimiento  profundo e individualizado de cada persona que se nos acerca y se convierte en usuaria. El respeto tanto a la persona como a sus familiares y tutoras o tutores.  El trabajo multidisciplinar. El modelo de intervención personalizado. Sus necesidades son variadas, no hay dos personas iguales. Varían mucho las capacidades, las habilidades, las aspiraciones que además son factores que cambian en el tiempo. Hay que tener en cuenta también otros aspectos decisivos: la situación en la que viven, su entorno, cómo son sus familiares, de qué recursos económicos disponen…. Yo diría que tenemos muy claro que se trata de una tarea en continua programación, aplicación, observación, evaluación.

Actualmente, aunque te has jubilado, continúas trabajando como voluntaria. ¿En qué consiste tu aportación?

Mi colaboración como voluntaria jubilada es total. Podría describir mi actividad casi como lo que hace el alma con el cuerpo, que parece que no hace nada, pero está en todo. Sigo realizando gestiones administrativas, voy unas tres veces por semana y, sobre todo, asesoro.

 

 

 

 

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