‘Nuevas Amistades’ llena de color hospitales y residencias

 En Entrevistas, PVE
Paquita Espinosa es una de las mujeres que confecciona gorritos y mascarillas en esta asociación de Vallecas
POR LAURA MONTALVO

Se suele decir que las amistades son la familia que se escoge.

En muchas ocasiones, por las vueltas que da la vida, esa es la única familia que nos queda. Bendito momento en el que dimos un paso hacia adelante y decidimos formar parte de una comunidad.

Así lo piensan muchas de las mujeres de la Asociación de la Mujer Aula Cultural Nuevas Amistades, de la Villa de Vallecas (Madrid).

Durante el año, más de cien participan en los distintos talleres y actividades que se ofrecen desde el local que comparten en la Parroquia de San Timoteo, y colaboran con Cáritas.

Memoria, gimnasia, croché, aeróbic, teatro… Son solo algunas de las ofertas. Y hay mujeres tan activas que a lo largo de la semana participan en más de uno de estos talleres. Son una vía de escape en algunos casos, el momento de tener un poco de compañía en otros.

Hablar, reír, en definitiva, compartir momentos.

Todo esto se truncó a mediados de marzo, cuando se dispararon todas las alertas por la crisis sanitaria y social del coronavirus. El Estado de alarma obligó a cerrar los servicios que ofrece esta asociación. Llegó el confinamiento y en muchos casos las tardes de soledad. La actividad se paralizó y además había que tener en cuenta que las usuarias eran en su mayoría personas de riesgo, de avanzada edad.

También llegaron las noticias acerca de las demandas del personal sanitario: no tenían medios suficientes para luchar contra la pandemia y muchas de estas mujeres se lamentaban por verse impotentes y no poder actuar.

Pero la necesidad, de unos por el material y de otras por no poder quedarse quietas, obró el milagro.

Voluntariado

“Llevábamos tiempo preguntándonos qué podíamos hacer, estábamos acostumbradas a tener mucha actividad y de repente nos vimos paradas”, explica Maika Barbero, una de las monitoras de la asociación. Y se les ocurrió movilizar a las usuarias del centro para  ayudar al personal sanitario.

Es una de esas muestras de voluntariado que han surgido por todo el mundo para echar una mano durante esta pandemia. Una acción puntual que nace del deber como persona para hacer que este mundo sea un poquito mejor.

“En el barrio viven muchas enfermeras, celadores, personal administrativo, etc. Y nos enteramos de que necesitaban gorritos para el hospital para cubrirse la cabeza. Por lo visto salen empapados de sudor cada día de trabajo por los equipos de protección y cada persona necesita varios. Nos pusimos manos a la obra”, relata Maika.

Y han creado toda una infraestructura.

Ella se encarga de la logística, porque “soy de las más jóvenes, me dieron un permiso, como un salvoconducto para poder salir. Me puse a coordinar. Unas podían coser, otras tenían cortinas y telas que no usan, otras daban hilos. Hemos creado como una red de tentáculos para llegar a todas partes. Yo iba con el coche a un sitio y a otro y nos hemos organizado como hemos podido. Por ejemplo, iba a casa de una mujer a por telas, y como no podíamos tener contacto me las tiraba por la ventana”. Y también les han donado materiales, “y menos mal, porque este es un barrio que no tenemos mucho dinero para poder gastar”.

De lo que muchas de estas mujeres que han puesto su granito de arena no eran conscientes es de lo mucho que se ayudaban a sí mismas al ayudar a los demás. “Ha sido una experiencia muy gratificante, muy bonita, porque nos sentimos útiles”. Todo eso en un momento duro el que además “algunas se nos han ido, hemos perdido a varias de las compañeras que han fallecido. Es duro, porque si algo hay que destacar de esta asociación es el compañerismo. Y la complicidad entre las alumnas de los talleres y las monitoras”, reconoce Maika.

600 gorros y 150 mascarillas

Han confeccionado unos 600 gorritos, de colores, con diversos motivos de decoración. Y los han ido entregando en paquetitos de regalo. Un sencillo gesto que ha llenado de ánimo al personal sanitario que los ha recibido. Un pequeño gesto que ha sacado muchas sonrisas tras largas y duras jornadas de trabajo.

“La gente está muy agradecida, ha sido precioso. Los han hecho las señoras con mucho cariño, la que menos edad tiene de las que los han cosido puede tener 70 años. Se te ponen los pelos de punta al ver lo que se consigue con este pequeño gesto. Las enfermeras y demás personal nos han enviado fotos con los gorros puestos y nos hace mucha ilusión. Incluso del hospital que tenemos cerca, el Infanta Leonor, nos han regalado una bolsa llena de muestras de crema de manos”, relata la monitora.

También han elaborado mascarillas, unas 150, “porque estas de tela se las ponen  y encima van las otras de hospital, según nos han dicho,  porque solo con las otras les salen ronchas en la cara”. Y además de repartir estos materiales en hospitales como La Paz, Gregorio Marañón, Ramón y Cajal, Virgen de la Torre, el ambulatorio de Fuentidueña, entre otros, también han llegado a las residencias. Estas mujeres han llenado de color las de Los Nogales, Castelar, o residencias de la CAM en calles José Bergamín o Cerro Milano. “En las residencias nos han pedido porque no tenían de nada, se te ponen los pelos de punta con la necesidad que han pasado. Cuando he ido a llevarlos, en algún sitio me han recibido con gritos de alegría”, asegura.

Maika Barbero, que lleva unos ocho años en la asociación, considera que esta pandemia “nos ha hecho aflorar muchas sensibilidades que estaban escondidas. Se magnifica todo. Se nos ha puesto a llorar gente solo por darles una mascarilla. Somos conscientes de que ese pequeño gesto que hemos hecho ha sido muy importante. Pero ha salido así, no merecemos este reportaje ni nada, había que hacer algo, nos ha salido del corazón”.

Maika destaca “lo bonito” que es hacer voluntariado y trabajar con personas mayores “porque aprendes mucho de ellas. Te dan una lección de  vida impresionante. Tú das pero estas personas te dan mucho más. Los valores que tienen las personas mayores no se tienen hoy en día”.

Esta labor de voluntariado social ha servido además para mantener el contacto, “porque muchas de estas mujeres han estado sin salir de casa más de dos meses, algunas viudas, otras sin familia, han estado muy tristes…y por lo menos salían a la ventana y manteníamos el contacto y así no estaban solas”.

Y nunca más lo estarán, porque gracias a esta labor espontánea pueden presumir de que realmente han hecho Nuevas Amistades, realzando así el valor del nombre de su asociación.

 

 

 

 

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