Tere Panadero, voluntaria y usuaria en la Asociación Atiempo

«Me dijeron que yo no tenía un problema de adicciones, sino de maltrato»

 En Entrevistas
Tere Panadero, en primer plano, durante la lectura del manifiesto de la Asociación Atiempo por el Día Mundial del Sida
Por Efe González

El 8 de marzo es una fecha marcada en muchos calendarios.  En el caso de Tere Panadero (Olmedilla del Campo, 1978), ese día cobra un significado especial. La suya es una historia de supervivencia marcada por la violencia machista y las adicciones. Pero ella decidió convertir ese viejo dolor en una corriente de solidaridad hacia otras mujeres que recorren caminos parecidos al suyo. Su labor, construir un presente a partir de la historia. Soñar un futuro con las mujeres que acuden a la asociación madrileña Atiempo.

Allí llegó Tere hace años. Al principio era una de esas valientes que deciden pedir ayuda a pesar de los prejuicios y discriminaciones que tienen que soportar. En esta sociedad, si eres mujer y tienes problemas de adicciones tienes que cargar con el estigma. Es una traición que, a menudo se paga, con aislamiento y  soledad. Hoy Tere sigue firme en su terapia, pero también hace voluntariado para promover la igualdad. En esta entrevista, evoca su relato, con crudeza y sin perder la esperanza. Como ella misma dice, «estamos para recordar y para seguir».

Conocer su pasado ayuda a comprender el voluntariado que realiza, ¿cuál es su historia?

Soy víctima de violencia de género. Conocí a mi expareja y al principio todo era felicidad. Yo estaba enamorada, cegada: estaba recibiendo malos tratos, pero no lo quería ver. Después de que naciera mi hijo, yo me dedicaba a cuidarle mientras que él se pasaba el día consumiendo. Y yo también consumía, porque me evadía de la realidad. Me perseguía por la casa con cuchillos, me vejaba, me violaba… Un día, al salir de trabajar, tenía muchísimas llamadas perdidas de mi hermana y de mi madre. La llamé y me dijo “creía que estabas muerta, que te había matado”. Mis padres habían entrado a mi casa para llevar allí a mi hijo y encontraron los sofás apuñalados y cuchillos encima de los radiadores. Mi padre me dijo que denunciara, pero tenía miedo. Fue entonces cuando tuve que contar a mis padres lo de mi adicción.

¿Qué pasó a partir de ahí?

Cuando llego al CAD (Centro de Atención a las Adicciones) y cuento lo que me estaba pasando me dijeron que yo no tenía un problema de adicciones, sino de maltrato. Me derivaron a un centro especializado, donde estuve yendo a escondidas cerca de un año, siempre con mi hijo de la mano. En 2008 tuvimos una discusión bastante fuerte y amenazó con pegarme. Yo ya no podía más con lo que me estaba haciendo, estaba con ataques de ansiedad y de pánico. Al verme así en el trabajo, me obligaron a denunciar. Después de un interrogatorio que no le deseo a nadie, se celebró un juicio rápido donde se establece una orden de alejamiento y me dan la custodia de mi hijo.

¿Cuál es su situación en estos momentos?

En 2019 me derivaron de FERMAD a la Asociación Atiempo. Allí he conocido a muchas personas con las que comparto mucho, sobre todo gracias al Espacio Mujer, un espacio confidencial para mujeres donde se cuenta de todo. Si tengo un día libre del trabajo, es para Espacio Mujer, porque necesito ir, es como mi liberación. Sigo yendo a terapia en FERMAD pero también me centro mucho en Atiempo. Me gusta ayudar y estoy empezando a involucrarme más con la organización.

¿Cómo se materializa esta participación?

Todo viene a raíz de un caso de violencia de género en mi bloque. Es una chica que un día fue agredida por su pareja cuando tenía a su niña de tres meses en brazos. Desde ese momento empiezo a decirle que tenía que denunciarle, pero ella no quería: estaba cegada con él. Después de intervenir en este caso, se lo cuento a Encarni Pámpanas, mi psicóloga en FERMAD, y a Laura Vacas, coordinadora del Espacio Mujer. Encarni me anima a hacer lo que me gusta: terminé un curso de Prevención e Intervención en Violencia de Género, y a día de hoy estoy cursando el Experta en Atención Psicosocial a Víctimas de Violencia de Género. A partir de ahí me propusieron hacer un taller dentro de Espacio Mujer.

¿Qué aspectos trabaja en los talleres?

Trabajamos mucho el empoderamiento de la mujer, la sororidad y la empatía. En mi primer taller comencé a hablar de mi tema y en aquella sesión ya se rompió una mujer, de unos sesenta años, y empezó a hablar de su situación. Mi taller se cortó y lo único que hice es estar con ella, a su lado, y dejarla hablar porque en esos casos hay que soltar mucho. También imparto otro taller, ‘El reloj de los tiempos’, en el que pido a las mujeres que marquen las horas que dedican a su jornada laboral, a la familia, al ocio… y hacemos una tertulia con los resultados que han salido. Además, ahora tengo otra propuesta en marcha con los chicos con adicciones para hacer un taller de igualdad con ellos.

Los lazos que se forjan en ese contexto tienen que ser muy fuertes.

Se forma una sororidad brutal. Es una alegría cada vez que volvemos a vernos; hemos formado una familia en Espacio Mujer. Cuando una tiene un problema, allí nos tiene a las demás. Allí no nos juzgamos, nos apoyamos. Y no hay discriminación ni hay estigmas: podemos hablar con la libertad que no tenemos en otros lugares.

¿Qué papel ha jugado la entidad en su proceso?

Atiempo ha supuesto un cambio total en mi vida, tanto por la gente que he conocido como por mi crecimiento personal. Me ha ayudado a crecer, a empoderarme y a tener confianza, porque cuando llegué mi autoestima estaba por los suelos. Fran, Encarni, Laura, Natalia… tengo que mencionar al equipo, porque ya son amigos y amigas, aunque sigamos haciendo terapias. Ahora mismo, lo que Atiempo representa es mi familia.

En esta semana de reivindicación de las mujeres, ¿qué acciones han realizado desde Atiempo?

El día de antes estuvimos en el programa ‘Vallecas con nombre de mujer’, un videofórum en el que participamos en un proceso de votación para renombrar muchas calles de Vallecas, donde hay muy pocas con nombre de mujer. El mismo 8M quedamos las participantes de Espacio Mujer y fuimos a la manifestación junto a otras mujeres de la asociación. Y ya el día 9 hemos estado en el Espacio de Igualdad Lourdes Hernández, donde hemos compartido con otras mujeres nuestras vivencias y emociones del 8M. Ha sido muy bonito.

¿Cómo vive personalmente una fecha como el 8M?

Nunca había podido ir a un 8M y este año me cogí el día de asuntos propios; es el día de la mujer y, por tanto, es mi día. Fue muy especial ir a la manifestación. Me impresionó muchísimo ver a mujeres, hombres, niños y niñas y tanta juventud marchar por una causa común. No me esperaba que hubiera tanta gente.

¿Cuál es el próximo horizonte que debemos conquistar para combatir la violencia de género?

La educación en los colegios, por favor. Igual que hay un módulo de educación sexual, se debería impartir un temario para la prevención de la violencia de género, porque no todo es prevenir el bullying. Tenemos que enseñar a nuestros hijos e hijas que los roles de género, los estereotipos y las desigualdades no son buenos y que hay que erradicarlos.

Si tuviera que quedarse con algún momento en especial de los vividos en todo este tiempo, ¿cuál sería?

El día que mi padre y mi madre me acompañaron al CAD. Tenía mucho miedo y no sabía si me iban a entender porque era muy difícil contarles, siendo tan mayores, que tenía un consumo y que podía ser crónico. Pero se unieron más a mí en la lucha y siempre estuvieron a mi lado apoyándome hasta donde fuera necesario. Me enorgullezco muchísimo de lo que hicieron.

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