Zukaina MOHAMED HAMED, voluntaria de Andalucía Acoge (delegación Ceuta)

“Lo más difícil es decirles que no han llegado al paraíso, se enfrentan al racismo”

Tras la reciente crisis migratoria entre España y Marruecos, en la que miles de personas llegaron a la costa ceutí nadando, la frontera entre ambos países ha vuelto a protagonizar un cruel escenario geopolítico.

Frente a esta situación hay muchas personas voluntarias. Como Zukaina (Ceuta, 1994), que ha vivido el racismo en carne propia y nos cuenta su experiencia como voluntaria asistiendo a personas que han arriesgado su vida en el mar para alcanzar su sueño de vivir mejor en Europa.

 En Entrevistas, PVE
Por Mauricio H. Cervantes

Es una joven sensible (tiene el grado en Integración Social, y realiza prácticas para un ciclo de Igualdad de Género) y consciente de que lo más duro de su labor es ver cómo se derrumban las ilusiones de las personas migrantes cuando se enteran de que la pesadilla no ha terminado. Zukaina confiesa, “se te cae el alma al suelo por saber que la sociedad los rechazará, a pesar de que han arriesgado su vida en el mar”. Esta voluntaria prefiere no mostrar su rostro, por razones personales; para ella lo más importante es su labor voluntaria y no figurar. Deja esa huella del voluntariado que no siempre se ve, pero se siente.

Asistes a gente con un grado de vulnerabilidad total. ¿Cómo es tu experiencia con estas personas que viven una travesía infernal para llegar a Ceuta?

Es una experiencia impactante. Cuando realizas un voluntariado, la empatía es un valor indispensable. Por eso, cuando ves a gente que llega cogida a un flotador no puedes emitir una opinión al respecto. Uno no sabe lo que es estar en esa situación. Es tremendo. Sólo puedes dar lo mejor de ti para ayudarles.

Miles de personas arriesgan sus vidas en el mar soñando con tener una vida mejor, pero se encuentran con otra realidad. ¿Cómo haces frente a una situación así?

Es muy difícil y muy duro. Se te cae el alma al suelo de saber que miles de personas, muchas que ni siquiera saben nadar, se han lanzado al mar para llegar a Europa abrazando un sueño. Lo que pasa es que, al final, la realidad es muy cruda y no tarda en mostrarles que efectivamente la pesadilla no ha terminado.

En Ceuta es muy difícil empadronar a una persona que llegó en una situación así. De verdad es muy complicado, hay muchas trabas. Y sin el empadronamiento no pueden hacer mucho, ni recibir ayudas, etcétera. La gente llega con emoción, con expectativas, pero, desafortunadamente, terminan malviviendo. Lo cierto es que es así, literal, malviven en las calles, sobreviven en condiciones pésimas. Y eso es inhumano.

Debe de ser muy difícil recibir y acompañar a estas personas  y a la vez tener que mostrarles que la realidad no es como esperaban.

Imagínatelo. ¿Cómo le dices a esa persona, que pasó por situaciones que ni tú ni yo podemos imaginar que todo en lo que ha creído es una mentira? ¿Cómo le dices que sus sueños, por los que arriesgó la vida para tener una vida mejor, han sido sólo rumores? Te lo digo claro, es una sensación horrible, es brutal. Hacemos todo lo que podemos, los ayudamos hasta donde nuestras posibilidades nos lo permiten, pero también tenemos muchas limitaciones. ¡Es muy frustrante esta situación! Y lo es para ambas partes, porque yo quiero ayudar, y estas personas creen que han alcanzado su sueño. Créeme, transmitir que no ha sido así es muy doloroso. Literalmente, se me ha partido el alma.

 ¿Cómo viviste esos días cuando miles de personas llegaban a las costas de Ceuta?

Han pasado un par de semanas ya de aquello y todavía me cuesta asimilarlo. Hoy los veo en las calles en condiciones pésimas. En nuestra asociación les damos comida, por ejemplo, o hacemos acompañamientos con ellos para que soliciten el asilo y la protección internacional, y eso nos hace sentir muy bien. Pero la realidad, en la mayoría de los casos, no es así. Hoy vemos gente que está sentada en las playas, o en sitios inhóspitos. También es cierto que hoy se ven más, porque saben que Marruecos no está aceptando las devoluciones. Antes se escondían más.

Hablemos de tu voluntariado. ¿Cuál de tus labores te ha sido más gratificante?

Algo que considero muy importante es charlar con ellos. Me refiero a escucharlos. Escuchar a la gente es muy importante. Lo digo porque es un colectivo con un grado de vulnerabilidad total, y que al llegar se enfrenta a un rechazo social tremendo. Ellos no siempre pueden expresar sus sentimientos, así que sentarte a hablar con ellos les cambia la vida, de alguna manera. Imagínate todo lo que han pasado, ¿a quién le han contado eso? A nadie. ¿Se han desahogado? Pues no, ellos también necesitan expresarse, sacar lo que llevan dentro, necesitan que alguien los escuche, que alguien los comprenda.

¿Qué le falta a la sociedad ceutí, y española en general, para acoger y recibir a estas personas que salen de sus países en condiciones inimaginables?

En Ceuta falta mucha información. Hay muchos bulos y noticias falsas que se extienden rápido y hacen mucho daño. Falta conocer un poco más sobre la realidad de la inmigración. Deberíamos de conocer más sobre los datos oficiales, y no sobre lo que dicen los rumores. Cuando la avalancha de gente hace unas semanas, al móvil llegaban mentiras diciendo que los inmigrantes habían quemado un colegio o un autobús, y era falso. Después se desmintió, pero el daño ya estaba hecho.

El abrazo de Luna, voluntaria de Cruz Roja, a un migrante en Ceuta se convirtió en una imagen icónica de ese episodio en la crisis migratoria entre España y Marruecos. ¿Qué importancia tiene para ti visibilizar a ‘las Lunas’ que hay en situaciones semejantes?

(Silencio). Es una muy buena pregunta. No sé cómo responderla. Y no lo sé porque creo que nos invita más a reflexionar que a opinar al respecto. No obstante, creo que ese abrazo refleja toda la humanidad que puede caber dentro de una persona. Expresa la acogida. Es un mensaje de “no te preocupes”, es un mensaje de “aquí estoy”. Personalmente, me quedo con que esa chica tiene un gran corazón.

Por otra parte, ese episodio despertó las reacciones más xenófobas de la sociedad, y Luna recibió comentarios muy negativos.

Te lo cuento así de claro, Ceuta tiene la imagen de que “supuestamente” (Zukaina insiste en el entrecomillado) conviven cuatro culturas. No es cierto, aquí viven, pero no conviven. No existe una interacción entre nuestras culturas. Aquí si tienes apellidos árabes puedes sufrir discriminación y rechazo. Yo misma la he sufrido. Soy española, y mis padres también lo son. Hemos nacido aquí. Mis abuelos eran marroquíes y se establecieron en España durante su juventud. Te cuento una anécdota. Hace poco, realizando un trámite en el banco, la persona que me atendía parecía muy amable, pero al enterarse de mis apellidos (árabes) cambió la cara, y, por supuesto, su trato hacia mi. Fue un cambio radical. Si eso me pasa a mi que soy española, imagínate lo que tienen que padecer los que llegan de otro país, con otro idioma, con otra cultura.

Después de tu experiencia, ¿Cómo valorarías la importancia del voluntariado?

Merece la pena en todo sentido. Porque el voluntariado te aporta unos conocimientos que de otra manera sería imposible obtener. Es una forma de tener un contacto directo con la realidad. Es muy importante porque te aporta un sentido de humanidad, y más en este mundo tan individualista. Es muy satisfactorio poder ayudar a alguien más. Eso lo valoro muchísimo. Por otra parte, cuando realizas un voluntariado, la empatía es un valor indispensable, sólo así puedes valorar el dolor, la desesperación, y la angustia que está viviendo esa gente que se ha lanzado al mar cogida de un flotador y de un sueño.

El momento más impactante que has vivido es…

Cuando me desplacé entre las dos fronteras (la española y la marroquí). El haber visto a la gente nadando, a cientos de personas corriendo, eso me ha impactado muchísimo. Estoy hablando de familias enteras, de tener la imagen de niños mojados que salían del mar y que tal vez no sabían nadar.

También, me ha impresionado mucho ver a los niños en la calle. Es indescriptible verlos completamente solos, desorientados, abandonados. Porque no son ‘menas’, son niños. Son niños solos en un lugar en el que no encuentran más que condiciones dificilísimas para sobrevivir. Son niños en un lugar con una cultura distinta, y están sin sus familiares. No conocen el idioma. Eso, créeme, te rompe el corazón.

 

 

 

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