Entrevista a Nuria Llorente, voluntaria de Aviación sin Fronteras

“Las cosas tangibles han pasado a un segundo plano”

“Me llamo Nuria Llorente, tengo 47 años. Trabajo como azafata desde 1999; estoy casada y tengo dos hijos…” Así contesta Nuria cuando le preguntas “¿quién eres?”. Después de un rato hablando con ella descubres que además de madre, azafata y mujer, es VOLUNTARIA, con mayúsculas y con mucho corazón. Fue hace tres años cuando conoció la labor de Aviación sin Fronteras, y desde entonces su implicación social y su conciencia con los colectivos más vulnerables no ha dejado de crecer: “Soy feliz haciendo este voluntariado, me crea sentimientos maravillosos.

 

 En Entrevistas, PVE
Nuria Llorente la primera a la derecha de la imagen, junto a sus compañeras voluntarias de ASF

¿Qué labor realiza Aviación sin Fronteras?

El trabajo que realiza ASF es especialmente atender a niños con enfermedades o algún tipo de discapacidad y este servicio lo presta en distintos frentes. La más importante es la de acompañar a niños que han venido a operarse a España; provienen principalmente de países africanos y nuestra función como voluntarios es trasladarles de un aeropuerto a otro.

Por otro lado, se organizan festivales aéreos en colaboración con asociaciones de niños en riesgo de exclusión o con discapacidad y se les acerca el mundo de la aviación, que suele resultar muy atractivo para los pequeños.

¿Cuál es tu función como voluntaria?

Mi función es la de acompañar a estos niños que vienen a España a ser tratados quirúrgicamente. Les recojo en el aeropuerto de Barajas y les llevo a París; allí otros voluntarios de la ONG en Francia les acompañan a sus países de origen.

Personalmente he realizado cuatro acompañamientos. Es muy especial la relación que se crea con ellos, porque después de haber estado muy enfermos vuelven a sus casas sanos, con muchas ganas.

¿Cómo fue la primera vez que hiciste un acompañamiento?

Lloré mucho. Tan solo habíamos estado medio día juntos… pero fue muy intenso. Cuando me separé de ellos fui consciente de lo que había vivido y supe que iba a continuar con esto mientras pudiera.

Tienes dos hijos… ¿cómo les inculcas tu labor como voluntaria?

Ha sido increíble para ellos, una enseñanza muy importante. Cuando empecé tenían 11 y 7 años. Al principio les resultó complicado porque no sabían cómo comunicarse, hasta que entendieron que el lenguaje del cariño es universal: empezaron a compartir juguetes, cuentos y la conexión se hizo visible.

Creo que lo más importante es transmitirles que nosotros tenemos un montón de cosas en la vida que nos han sido dadas: salud, una casa, un trabajo, un colegio, pero hay niños que desafortunadamente no. Quiero que entiendan la importancia de hacer algo en este mundo para que sea más justo.

Para que una organización como ASF funcione necesita la colaboración de un montón de entidades… ¿No es así?

Sí, es un voluntariado que requiere de la cohesión de varias organizaciones. Por ejemplo, Tierra de hombres es la que se encarga de encontrar a niños que requieren ayuda médica: además les buscan un alojamiento y se ponen en contacto con los médicos que realizan las operaciones.

Eso aquí en España. Pero también tiene que conectarse con las sedes internacionales para organizar los vuelos, escalas y las personas voluntarias que participan en casa viaje.

¿Hasta qué punto vivimos ajenos de la realidad que se vive en muchos países de África?

Únicamente conocemos lo que los medios nos enseñan: hay tal guerra, aquí hay problemas de hambruna o falta determinado medicamento, y ya. Hay un sinfín de situaciones que se desconocen y que las personas que colaboramos con estas ONG tenemos la oportunidad de descubrir.

¿Qué has descubierto tú?

Muchas cosas. Por ejemplo, su día a día: no tiene nada que ver con nuestra vida. Recorren tres horas caminando hasta llegar al colegio, comparten casa con otros doce miembros de su familia. No reparamos en cosas tan básicas como que en los centros escolares, no tienen baños ni agua corriente.

¿De qué forma has cambiado tu implicación conociendo de cerca estas realidades?

Ha cambiado mucho. Me ha enseñado el valor de las cosas no tangibles. Ahora soy consciente de nuestro privilegio y soy más agradecida con mi vida, valoro cada pequeño avance que consigo. Parece un tópico, pero el voluntariado me ha hecho descubrir que nuestra vida es maravillosa y tenemos que aprender a ser felices a pesar de las adversidades… tenemos que dejar de quejarnos por todo.

¿Dirías que el voluntariado te ha transformado?

Por supuesto. He descubierto cosas sobre mí misma que nunca me habría imaginado que estaban ahí. Debería de ser asignatura obligatoria desde el colegio.

¿Y crees que el voluntariado puede transformar el mundo?

Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar el mundo con pequeños gestos. Y la única forma que existe para hacerlo es siendo conscientes de lo necesaria que es nuestra ayuda. Yo tengo una máxima: haz que cada día el mundo sea mejor, porque tú estás en él. Si consigues cambiar, aunque sea un poco, la vida de alguien, ya has contribuido a cambiar el mundo.

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