Epi emocional frente al ‘síndrome de la cabaña’

 En Noticias, Nuestras Entidades

El Teléfono de la Esperanza continúa con su campaña ‘Que no te pare el miedo’.

Durante la cuarentena, ha recibido más de treinta mil llamadas. Sus personas voluntarias han escuchado y compartido soledades, angustias, miedos, duelos, inseguridades conflictos en los hogares…. “mucho, mucho sufrimiento”, argumentan.

Y ahora, con la desescalada y tras dos meses de confinamiento surge una nueva realidad.

Hay quien estaba deseando poder salir a la calle y estos nuevos permisos para dar paseos o hacer deporte les supone un alivio y un pequeño paso para regresar progresivamente a las rutinas diarias. Muchas personas siguen sin salir de casa. Piensan que es demasiado pronto y desconfían porque hay gente que no está aplicando con seriedad las medidas de protección recomendadas por las autoridades sanitarias.

“Después de tanto tiempo en casa, ésta se ha convertido en un lugar seguro, por lo que es normal sentir miedo a la hora de abandonar ese espacio protegido contra el coronavirus. Para algunos de nosotros el miedo, la pereza y algún sentimiento que no sabemos entender ni expresar nos bloquean y nos impiden iniciar el camino hacia la normalidad”, explican desde el Teléfono de la Esperanza.

Es el llamado síndrome de la cabaña, un término utilizado para describir el sentir y el hacer de muchas personas estos días. Se trata de un conjunto de síntomas que experimentamos tras un largo tiempo sin poder salir y al empezar a hacerlo, sentimos miedo, inseguridad, ansiedad y pánico asociado al abandono de nuestro refugio.

¿Por qué nos da miedo salir de nuevo a la calle?

Desde la entidad destacan que el miedo es una emoción primaria y tiene como función garantizar nuestra supervivencia. Aparece de forma involuntaria y, a menudo, es incontrolable, Sin él, nos habríamos extinguido como especie hace muchos años.

El coronavirus es una amenaza real que está matando a miles de personas en el mundo. Por eso el miedo, habitando la zona más ancestral de nuestro cerebro, se activa de forma cuasi-automática para protegernos.

Se convierte en un problema cuando es muy intenso, duradero y viene acompañado de otros síntomas y comportamientos, como el de evitar salir. Recordemos, que el virus no ha desaparecido ni existe vacuna, esto incrementa la inseguridad, la incertidumbre, el temor y la ansiedad.

A todo esto, se le añade otra emoción: el enfado.

Ver cómo hay personas que no respetan las normas y no son conscientes del peligro que supone sus conductas para todos nos genera ira y frustración. Y con ello perdemos la esperanza de que las cosas vayan a mejor y poder salir con tranquilidad y sin peligro.

Por otra parte, el exceso de sobre-exposición a las noticias alimenta nuestra ansiedad e incrementa nuestros temores, favoreciendo comportamientos defensivos.

Un coctel complejo de situaciones, sentimientos y pensamientos provoca que asociemos la calle a peligro y percibamos nuestra casa como el único lugar seguro. Tras tantas semanas de confinamiento, nuestro cerebro se ha habituado a la seguridad de nuestro hogar.

Síntomas del ‘síndrome de la cabaña’

Aunque cada persona experimenta unos síntomas diferentes, es muy frecuente que aparezcan:

  • Alteraciones en los patrones de sueño: mayor frecuencia de siestas duraderas, sensaciones de cansancio y letargo, insomnio.
  • Trastornos en la alimentación, uso inadecuado de fármacos auto-prescriptos y el incremento del consumo de alcohol y tabaco.
  • Dificultad para la concentración y déficits de memoria.
  • Sensación de nerviosismo y desasosiego. acompañado de taquicardias. En los casos más externos, crisis de pánico.
  • Síntomas depresivos y ansiosos de diferente intensidad.
  • Miedo excesivo e invalidante.
  • Apatía general y falta de motivación para realizar tareas, especialmente, aquellas que conllevan contacto con el exterior.
  • Emociones desagradables, como angustia, miedo, inseguridad, tristeza o frustración.
  • Rituales cuasi patológicos. Como el de aquellos que tras lavarse y desinfectarse las manos se siguen sintiendo sucios y tras la repetición compulsiva llegan a provocarse afecciones cutáneas sin lograr el ansiado sentimiento de seguridad y limpieza.

Pero el miedo también se mide y la organización habla de “el mini-síndrome de la cabaña”, que definiría unos niveles de miedo y sintomatología leve que casi todos hemos vivido estos días. Y el “síndrome patológico de la cabaña”. Aquí, el alto nivel de intensidad de los síntomas y las graves consecuencias exige la intervención de los profesionales de la salud mental.

Aunque todos somos es vulnerables, hay cuatro colectivos que preocupan especialmente: las personas de riesgo, especialmente las mayores. Las personas con patologías de salud mental, los niños y niñas (al “coco” le ha sustituido el coronavirus). Y las personas que ha perdido a un ser querido.

¿Qué podemos hacer?

El virus ha venido para quedarse entre nosotros y cada uno debemos diseñar nuestras estrategias para recobrar nuestras vidas y rutinas. En el Teléfono de la Esperanza están convencidos de que la mayoría de las personas “contamos con las habilidades necesarias para enfrentarnos a nuestros miedos y reinventarnos. Conquistando espacios de normalidad, al tiempo, que extremamos las medidas de protección frente al virus.

Así, ofrecen algunas sencillas pautas para poder elaborar una estrategia frente al miedo. Nos invitan a confeccionar nuestro propio equipo de protección (EPI) emocional:

  • Date tiempo. Debes darte tiempo para aceptar y gestionar la nueva situación. Entiende que cada persona tiene su tiempo y ritmo, por eso es importante no forzarnos a nosotros mismos ni a los demás. Ser paciente e ir dando pequeños pasos.
  • Acepta el miedo: Escucha tu miedo, no para bloquearte o paralizarte, sino para saber por qué está ahí.
  • Cuida el diálogo interno. Evita alimentar los miedos y las inseguridades. Es importante cuidar lo que te dices a ti mismo/a. No caigas en el negativismo y susúrrate mensajes de comprensión y ánimo.
  • Analiza tus pensamientos irracionales, especialmente los catastrofistas, refútalos con argumentos
  • Relájate y respira: El estrés acumulado en estos días y la ansiedad que te produce salir pueden llegarte de golpe, sin avisarte. Las reacciones fisiológicas y psíquicas aparecen más allá de nuestro control. Pero todos contamos con una gran aliada, la respiración. Con ella puedes conseguir calmar tus nervios y controlar la situación.
  • Establece rutinas y objetivos. Márcate nuevas rutinas y objetivos muy a corto plazo. No te dejes arrastrar por el letargo o la inactividad. Un día más es un día menos.
  • No reprimas tus emociones: reconócelas, nómbralas, acéptalas y compártelas.
  • Exponte progresivamente. Sal de forma paulatina para enfrentarte al miedo y a la inseguridad que produce salir del refugio. Lo importante es entender y sentir que, si se sale a la calle con las medidas adecuadas, no tiene por qué pasar nada. Poco a poco, ve aumentando el tiempo de salida para poder sentir seguridad y vencer el temor.
  • Gestiona tu rabia: Puede que te encuentres con gente irresponsable que no cumple las normas y que esto te produzca malestar, perdiendo las ganas de ir a la calle. Tu enfado es lógico, pero debes saber gestionarlo para que no acabe pasándote factura. Piensa que habrá gente que lo haga mal, pero también otra mucha que cumple. Evita pasar por dónde haya gente reunida sé responsable. Céntrate en lo que sí puedes controlar y no malgastes energía en algo que no depende de ti.
  • Comunícate: Una de las estrategias más eficaces es compartir con los demás tus sentimientos y miedos. Escuchar sus experiencias, ayudar y ser ayudado, sentirte parte de una comunidad trabajando junta para superar la crisis. En la comunicación y el sentimiento de comunidad encontrarás la mejor motivación para superar tus miedos.

Si aun así una persona se siente superada por la situación. Si los síntomas persisten, se incrementan en intensidad y le bloquean en el día a día, es necesario pedir ayuda psicológica.

Recuerdan que los y las profesionales del Teléfono de la Esperanza están a disposición de quien lo necesite en www.compartevida.es y  el 717 003 717.

 

 

Noticias recomendadas