Felipe Noya, voluntario en Médicos del Mundo

«En una crisis el factor humano prima sobre todas las cosas»

Médicos del Mundo es una asociación que trabaja para hacer efectivo el derecho a la salud para todas las personas, especialmente entre las poblaciones vulnerables, excluidas o víctimas de catástrofes naturales, hambrunas, enfermedades, conflictos armados o violencia política. Con proyectos en España y 19 países de América, África, Oriente Medio y Europa las personas voluntarias y profesionales que forman parte de la organización devuelven la dignidad a través de la Sanidad a quienes lo han perdido todo.

 En Entrevistas, PVE
Por Mauricio H. Cervantes

Felipe Noya (Santiago de Compostela, 1967) es traumatólogo, y voluntario en Médicos del Mundo desde hace más de 15 años. También es parte del Equipo START de la AECID (un equipo sanitario español diseñado para desplegarse en menos de 72 horas a zonas de conflicto).

Él ha viajado y ha ejercido en países y sitios con una muy alta fragilidad social, donde la labor de un médico voluntario es imprescindible, como en la Franja de Gaza, por ejemplo. A continuación nos cuenta algunas de sus anécdotas, hablamos de voluntariado, pandemia y Sanidad.

¿Cómo es trabajar en un lugar lejano, donde la vida es tan distinta?

Lo cierto es que, a pesar de la distancia, cuando vas a trabajar como médico a otro país sólo piensas en hacer tu trabajo, y hacerlo lo mejor posible. Pero también es cierto que al tratar con personas, como tú y como yo, te das cuenta de que hay muchas más similitudes que diferencias. Porque todos somos personas. Muchas de las cuestiones que nos separan son superficiales.

Como médico estás frente a situaciones vitales, situaciones que podrían darse en cualquier lugar del mundo.

Es decir, no somos tan distintos, independientemente del lugar en el que nacimos

Exactamente. Somos humanos todos. Y de eso te das cuenta, por ejemplo, en una crisis humanitaria. El factor humano prima sobre todas las cosas. Ves el apoyo en situaciones extremas, así como la colaboración.

Cuando hablas con los familiares de una persona que has atendido, comprendes que estás haciendo lo mismo que harías con cualquier persona en cualquier otro lugar del planeta. Las reacciones son las mismas, mucho más allá del idioma. Lo no verbal te dice mucho más.

Aunque la verdad, también debo decir que no todos somos iguales. Desafortunadamente, hay sitios, hay situaciones de extrema vulnerabilidad, que nos recuerdan las grandes diferencias que existen entre nosotros.

Hablemos de la pobreza a nivel global…

La pobreza, efectivamente, no es sólo una cuestión económica. Simplificarlo así sería absurdo.

Las capacidades y las fortalezas de una sociedad se conforman con otras herramientas. Las relaciones familiares, los soportes sociales, son clave para la construcción de una sociedad sana. Pero eso se rompe en situaciones o lugares de extrema fragilidad. Y, cuando eso sucede, vemos situaciones de una altísima mortalidad infantil o relaciones familiares y sociales truncadas por las migraciones de extrema necesidad.

Pobreza es cuando te enteras que alguien no regresó a su casa o a su pueblo porque murió en tal o cual bombardeo. O directamente porque salió de casa con un billete de ida, porque no le quedaba otra opción.

Entonces, ¿su definición de pobreza cuál sería?

Para mi la pobreza es la desigualdad. Cuando hay desigualdad, la pobreza es mucho más severa. El nivel de violencia es mayor y las relaciones sociales están mucho más viciadas. Por muy ricos que sean los ricos de un país, si el acceso a la salud no es equitativo, o a la educación, hablamos de una sociedad pobre, independientemente de que algunas personas tengan mucho dinero o posibilidades.

Hablo, en específico, de la equidad. Del acceso a los servicios básicos. De que la mayor parte de una población pueda vivir una vida plena con el acceso garantizado a servicios básicos. Yo creo que, por manidos que sean estos dos temas, siguen siendo fundamentales. Y eso sucede en cualquier sociedad, independientemente de la latitud en la que se encuentre. El dinero no lo es todo.

¿Qué significa el voluntariado para usted?

Bueno, hay quien lo ve como una vocación, pero yo no diría eso. Quizá, una amistad común.

Yo entré al voluntariado y me gustó. Es algo que me satisface. La verdad, considero que tiene algo de egoísmo (risas), porque me siento bien haciéndolo.

El voluntariado no sólo aporta, sino que también reporta. Me refiero a que no sólo hay que valorar el hecho de hacerlo, sino también todo lo que uno recibe. Se aprende mucho, personal y laboralmente. Hay que valorarse uno mismo también.

No es fácil llegar a todos los sitios, en particular, aquellos donde hay conflictos armados. ¿En qué país/región le ha sido más difícil trabajar?

En particular, recuerdo haber estado en la Franja de Gaza como un momento complicado. Lo fue, sobre todo, por cuestiones burocráticas.

Uno está en casa viendo un atentado y lo que piensa es “ahora mismo es cuando debería de estar allí”. Y, desafortunadamente, no es posible por cuestiones administrativas y de papeleo. El resultado de eso es pensar y sentir “hemos llegado tarde”. Porque, cuando más te necesitaban, no pudiste estar, debido a cuestiones ajenas a tu voluntad. Es un sentimiento de impotencia. En situaciones así, que un tema burocrático te impide estar donde más te necesitan, es cuando realmente pones en duda la bondad del género humano.

Los conflictos bélicos ya son lo suficientemente absurdos como para sumarle más problemas.

¿Cuál es su opinión acerca de la sanidad pública ahora en España?

Aún tiene muchas carencias. Me refiero a la accesibilidad. Aún hay muchas personas que no tienen acceso a un hospital o a medicinas gratuitas. Nos solemos relajar pensando en que la sanidad pública es universal, pero nos olvidamos de aquellos que aún no cuentan con ella, y, sobre todo, de las decisiones políticas que ponen en riesgo esa universalidad. Aún hay muchas cosas para mejorar.

¿Y acerca de la privatización de la sanidad?

La privatización del ejercicio profesional no tiene nada de bueno ni de malo, es sencillamente una relación profesional. Pero la salud, como tal, no es un acontecimiento privado: o la tenemos todos o no la tiene nadie. Y la pandemia lo demostró. El creer que todo se resuelve con dinero, respecto a la salud, es un error. Eso sería tener un sistema muy ineficiente. Se gastaría muchísimo dinero en curar enfermedades que son previsibles. Y para eso la sanidad pública es clave, porque contempla la medicina preventiva, así como la medicina social y la medicina familiar. Eso es un sistema mucho más eficaz.

En pocas palabras, no veo problemas de privatización en algunas cuestiones laborales, eso es perfectamente lícito. Pero lo que no creo es que la salud pública se pueda privatizar.

¿La campaña de vacunación contra la covid-19 en España ha funcionado, según su opinión?

Bueno, es un tema complejo. Aunque, por supuesto, que ha funcionado. Las campañas son una cuestión relacionada con la forma de percibir en qué medida se puede mejorar la salud de la población. Me refiero a una campaña masiva de vacunación para la covid-19 o para el sarampión. Imagínese, en Noruega o en Suecia ahora mismo hay brotes de sarampión, por el mero hecho de que algunas personas no consideran que deban vacunarse.

El punto es el discurso, la pandemia no se puede dar por erradicada ahora mismo por el mero hecho de que cerca del 80% de la población esté vacunada. ¿Qué sentido tiene eso, si en otros países ese porcentaje es tan sólo del 1 o el 2%? Por supuesto que es necesario y efectivo el hecho de vacunarse, y mientras más personas lo hagan, mejor será. Pero hablar de una erradicación basada en un porcentaje alto de un país o de una región, es absurdo.

Si algo nos demostró la pandemia es que, en cuestiones sanitarias, es momento de pensar de manera global.

Entonces, ¿los grupos antivacunas son producto de…?

Ese es un tema que choca en Médicos del Mundo. La postura antivacunas es fruto del desconocimiento, de la falta de una información real y contrastada. Por eso nacen los bulos y los mitos. La clave para lograr una sociedad con un mejor nivel de vida es también la educación, no sólo ‘la información’. Dar información contradictoria no es ‘derecho de expresión’, eso sólo confunde y entorpece los planes serios para que una población esté sana.

¿La gestión de la pandemia ha sido más una cuestión política que sanitaria?

La recuperación económica ha tenido una visión más sesgada por cuestiones políticas, efectivamente. Insisto, necesitamos una visión más global en cuestiones sanitarias. En cierto modo se pone mucho énfasis en publicitar actividades como la construcción de un hospital en muy poco tiempo. Pero ni con diferencia eso es lo más importante en cuanto a la salud.

Lo verdaderamente importante es el bienestar general de la población. De nada sirve tener un gran hospital si al mismo tiempo la gente vive en chabolas. Las condiciones de bienestar deben ser plurales y generalizadas. Los temas de salud no se resuelven construyendo un hospital. ¿Por qué? Pues porque lo importante, lo realmente importante, es elevar la calidad de vida de la gente.

El discurso permanente de que la infraestructura es la solución no tiene sentido. Todo eso es una falacia.

 

 

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