Cristina González Acién, médica de Atención Primaria y presidenta de FEAFES Andalucía

“En salud mental el voluntariado es más escaso, no percibo que aumente en esta crisis”

Cristina trabaja en el consultorio médico de Laujar de Andarax (Almería), pero su vida siempre ha estado ligada a la salud mental. Acaba de ser nombrada presidenta de FEAFES Andalucía. Tras de sí lleva una larga trayectoria: fundadora de la asociación El Timón, de Familiares y Personas con problemas de Salud Mental en Almería; cofundadora y miembro del Consejo Prosalud Mental ‘Almería Tierra Sin Estigma’ y promotora de la Manifestación Pro Derechos humanos de las personas internas en Centros Penitenciarios, entre otras causas sociales.

 En Entrevistas, PVE
Cristina González Acién, en su despacho

Por Laura Montalvo

Como médica, ¿Qué consejos puede dar a la población ante esta crisis sanitaria?

Hay que seguir las indicaciones que nos llegan desde Sanidad: no salir para frenar la transmisión y lavarse las manos es lo fundamental. Desde el punto de vista mental, no tenemos que dejar que esto nos angustie. Esta situación ya nos ha paralizado el día a día de nuestra vida, no debemos dejar que nos sobrepase. No debemos sobresaturarnos de información y evitar caer en estado de angustia, porque debemos tener en cuenta también a quienes nos rodean. El miedo también se contagia.

¿Se logrará frenar la transmisión del virus?

Claro, sí, confiemos. Hay que tener en cuenta que muchas personas lo pasarán y no se darán cuenta y tendrán la inmunidad ya creada. Tenemos que esperar al pico y ver qué pasa. Las estadísticas también hay que tomarlas con pinzas, a veces nos llevan a error por la gente a la que se somete a las pruebas. Por ejemplo, aquí en Andalucía se habla de que Málaga es la que más casos tiene de contagio, pero hay que tener en cuenta que parece ser que a los primeros casos se sumaron los de Ceuta y Melilla, que se derivaron allí.  Las medidas son restrictivas y ya se verá en función de la evolución hasta llegar a la normalidad. Y confiamos en que lleguen las vacunas. Pero mientras no nos queda otra que el confinamiento.

¿Qué consecuencias puede tener el confinamiento en las personas con problemas de salud mental y en sus familias?

En el entorno familiar se suele dar la aparición de nuevas enfermedades, la situación puede provocar depresión, ansiedad o insomnio. Si el familiar trabaja, se le ha cambiado el ritmo, si se ha quedado sin trabajo imagínate. A esta situación se le suma el tener que estar pendiente de una persona con enfermedad mental a su cargo, con todas las consecuencias. Imagínate la sobrecarga que puede suponer. Y en estos momentos no cuenta con los centros que suponen un respiro familiar. Esto puede acarrear problemas psicológicos en el entorno familiar. Todo dependerá del tiempo. El tiempo es un factor que va a determinar que se den estas situaciones.

Y en cuanto a las personas que presentan alguna cuestión mental, esta situación de confinamiento rompe con la rutina que tanto cuesta a veces adquirir y eso les afecta mucho. También hay que tener en cuenta cómo viven estas personas, no es lo mismo en una casa con patio, donde pueden salir y pasear un poco, que en un piso pequeño. Ni es lo mismo un entorno familiar que vivir en soledad. Las consecuencias en general serán crisis de descompensación. Y el modelo asistencial es muy frágil.

¿Están descubriendo carencias en este sentido?

Es algo que ya habíamos detectado y que se evidencia aún más. Por ejemplo, si se hubieran extendido como hemos pedido siempre a las administraciones los Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario (ETIC), probablemente tendríamos en estas circunstancias una atención mínima garantizada, individualizada y a domicilio. Nos faltan recursos. Si antes faltaban ahora vemos la necesidad más. Estamos más sensibilizados y vemos situaciones extremas, y eso que acabamos de empezar. En estos equipos trabajan personas de forma multidisciplinar: salud mental, servicios sociales, movimiento asociativo… la atención es en la comunidad, en el entorno del paciente. En función de las necesidades se intensifica la acción sanitaria, o la social. Pero esos equipos no existen en todos sitios. Si hubiesen estado en marcha, como pedíamos, esas personas que estaban atendidas en hospitales de día o comunidades terapéuticas porque su enfermedad no está estabilizada, que son las más críticas, tendrían asegurada ahora una mínima atención. Pero en la mayoría de las provincias no existen, y ahora deprisa y corriendo hay que poner en marcha medidas que, entre que se coordinan y no, van a llegar tarde.

¿Y qué pasará? Si no se toman medidas ahora para las personas con enfermedad mental ¿Lo peor vendrá después?

Para que te hagas una idea. En los centros donde tenemos que cerrar en el mes de agosto por falta de medios, la vuelta es muy complicada. Cuesta mucho trabajo volver a la rutina, coger el ritmo de participación, de actividad física, de compartir… También un esfuerzo para la captación de las personas. Cuando esto pase la recuperación será larga. No es abrir el centro y viene todo el mundo. En nuestro colectivo se necesita un tiempo. La recuperación será lenta. Las descompensaciones de las personas de salud mental conllevan un tiempo amplio de recuperación en el que pueden aparecer otros problemas de salud.

Hablaba del modelo asistencial actual, ¿Es necesario replantearlo?

Hay que revisar el modelo, revisar los recursos que funcionan y los que no. Los recursos son insuficientes. Tenemos muchas personas dependientes y nos faltan recursos para la recuperación: programas de apoyo al empleo, de formación, etc. Son cuestiones que demanda sobre todo la gente joven y llevo 25 años viendo esta carencia. Faltan los recursos intermedios, entre los asistenciales y para la recuperación. Si se para tu vida por una enfermedad mental y se te cierran todas las puertas y luego no tienes posibilidad ni de hacer deporte, ni a formarte, ni a trabajar, al final son todo barreras. ¿En qué quedaría la enfermedad mental si tuviésemos cubiertas todas esas facetas? La lucha también es con el estigma. Si las personas con enfermedad mental tuviesen casa, soporte económico,  empleo, pareja, amistades, etc., la enfermedad quedaría en casi nada.

Los servicios Sociales tienen el reto de tener en un futuro otro modelo asistencial, proactivo. Ahora todo el mundo se lleva las manos a la cabeza porque con esto del coronavirus hay gente sin hogar para las que hay que montar carpas. Pero esto existe desde hace mucho tiempo. Hay muchas situaciones en las que trabajar, como por ejemplo personas con enfermedad mental que están en las cárceles a las que habría que buscar alternativas para pagar, en condiciones de recuperación. Esta situación nos hará reflexionar y hacia dónde hay que ir. Ahora es cuando se está magnificando la necesidad, cuando se habla de poner soluciones.

¿Desde las entidades os han hecho llegar sus necesidades o reivindicaciones para seguir realizando su labor?

Sí, nos han hecho llegar casos de personas que estaban muy integradas y participaban en actividades en los centros y han sufrido un frenazo muy grave. O alguna familia en un pueblo que no es capaz de tener a su hijo confinado en casa y hemos tenido que derivarla por ejemplo a la Policía Local. Está la necesidad de una atención cercana, que las personas no se encuentren en desamparo. Y sobre todo la necesidad general es la falta de material de protección, para personal y personas usuarias en las casas hogar o residencias. Si tenemos que realizar atenciones a domicilio, no disponemos de material. Además, los servicios de Salud Mental de la Junta de Andalucía se tienen que dar cuenta de lo importante que habría sido disponer de Equipos de Tratamiento Intensivo Comunitario para mitigar en este momento el sufrimiento provocado por la soledad y por la sensación de que nadie te atienda. Eso provoca un dolor enorme.

También imagino que las familias deberán pensar qué hacer cuando todo esto vuelva a la normalidad

Las familias se van a dar cuenta con esta situación de la labor que hacemos en los centros, de la atención que prestan, cómo trabajar las rutinas, los hábitos… Muchas veces se minimiza el valor de la atención que prestan estos centros. Tener ese recurso sirve por ejemplo para cuando se dé una situación como ésta saber a dónde poder recurrir, dónde se puede apoyar la familia. Esta situación concienciará a muchas familias sobre pertenecer a movimientos asociativos. Además, en este año uno de los proyectos que tenemos es hacer una campaña para las familias, porque hace falta concienciación. Queremos impulsar un proyecto de familias para todo el año.

¿Crees que aprenderemos algo de todo lo que está pasando con esta crisis del coronavirus?

El ser humano forma parte de un ecosistema y debe asumirlo. Somos una especie más y debemos pararnos a pensar en cómo vivimos. Vivimos muy deprisa, sin disfrutar de las amistades o la familia. Nunca tenemos tiempo. Debemos reflexionar sobre eso.

Y en cuestiones sociales, ¿Hemos mejorado como personas? ¿Te sorprenden las acciones de voluntariado que están surgiendo?

En cuestiones de salud mental el voluntariado lo está haciendo nuestro personal, que está en continuo contacto con las personas usuarias. Es un trabajo, pero como si fueran voluntarios por el trabajo que realizan y el empeño y amor que ponen. Y también gente del entorno que hace voluntariado. En materia de salud mental el voluntariado es más escaso, no percibo que haya aumentado la acción en esta situación actual. En la sociedad se ve más voluntariado sanitario, gente apuntándose para ayudar a personas mayores o a niños. Pero con estas personas que sufren enfermedades mentales seguimos siendo un poco insolidarios. Se critica mucho a una persona que está en la calle y no nos paramos a pensar en sus circunstancias. Somos solidarios a medias. Sigue costando trabajo que la gente se ocupe de la salud mental. Pero siempre digo que hay que conocer esta realidad. Una vez que se conoce cambia la perspectiva. Al final, al conocer a estas personas cambia ese prejuicio. Las personas en salud mental son personas frágiles, vulnerables y a veces solo necesitan que les tendamos la mano. Ahora no porque no podemos tocarnos, pero una llamada de teléfono puede ser suficiente. El voluntariado en salud mental es el contacto humano, y ahora que está restringido hay que tener en cuenta que una llamada a tiempo puede evitar un mal pensamiento, una mala conducta. Hago un llamamiento a las personas de buena voluntad para que si conocen algún caso de personas con enfermedad mental transmitan apoyo y se preocupen por saber cómo están.

 

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