Andrés Castillo, voluntario en Protección Civil Alpedrete y Galapagar

“Ayudar es ayudar, sin importar nada más, el voluntariado es un acto de gratitud”

Durante estos días estamos viendo cómo una ola de solidaridad sacude el país, con personas ayudando a otras a causa de esta ola de frío por el temporal Filomena. Ya lo vimos en los peores momentos de la pandemia, cuando quien nunca había ejercido el voluntariado se ponía a disposición del vecindario.

Son cuestiones puntuales, ante la emergencia social. Pero hay otras personas que están siempre ahí. Que ejercen su labor de forma continua, con un compromiso más amplio. Personas que dedican su tiempo a ayudar a las demás, siempre, no solo ante una necesidad asistencial.

 En Entrevistas, PVE

MAURICIO H. CERVANTES

Es el caso de Andrés, que en 1992 dio sus primeros pasos en el voluntariado, en el Ayuntamiento de Granada. Hoy, Andrés Castillo (Jaén, 1967) es voluntario en Protección Civil en las localidades madrileñas de Alpedrete y Galapagar. Nos cuenta cómo ha puesto su vocación (es agente de la Guardia Civil) al servicio de los demás en momentos críticos como la pandemia o la reciente nevada por Filomena.

Él sabe bien lo que significa una limitación, y lo importante que es la ayuda para quien más lo necesita: dos de sus seis hijos tienen una discapacidad. Eso es lo que le motiva para dar a los demás lo mejor de su tiempo y de su esfuerzo.

Esta semana ha sido particular, gran parte del país ha quedado cubierto de nieve y vuestro trabajo ha sido indispensable. Cuénteme sobre su labor durante estos días.

Recientemente, la Comunidad de Madrid creó un equipo de Protección Civil llamado Equipo de Respuesta Inmediata de Voluntariado en Emergencia. Es, como su nombre lo indica, una unidad para actuar ante situaciones como ésta. Yo formo parte de ella y hemos empezado a trabajar, pese a que ni siquiera se ha presentado. Claro, se ha tratado de una emergencia. Compañeros míos han estado trabajando desde el viernes hasta la mañana del lunes.

Esta mañana (por el día de la entrevista), hemos estado sacando vehículos que habían quedado atrapados en Pozuelo de Alarcón, además de limpiar los accesos a los domicilios. Todo a base de pala. También hemos repartido comida y mantas a personas que las necesitaban, entre otras labores. Por ejemplo, cuando me llamó y no pude atenderle estábamos trasladando al centro logístico de Leganés a los funcionarios encargados de comprobar y verificar que las vacunas contra la covid-19 han llegado correctamente y se encuentran en condiciones para ser distribuidas. Lo hemos hecho nosotros porque los accesos y las vías estaban cerradas por la nieve.

Y no es nuevo para usted, porque ya estuvo ahí durante del confinamiento y los días más duros de la pandemia.

Durante el Estado de Alarma causado por la pandemia yo, como voluntario en Protección Civil en Alpedrete, ayudé, entre otras labores, llevando comida a gente de colectivos vulnerables. Por ejemplo, las personas mayores o enfermos crónicos.

Me he tenido que adaptar a las necesidades de estas personas, y te confieso que ha sido algo muy gratificante. La labor, básicamente, consistía en llevar comida a personas mayores que no podían salir a la calle por el enorme riesgo que corrían de contagiarse. O medicamentos, en el caso de personas que, al margen de la pandemia, no podían desplazarse a causa de una enfermedad. Hemos hecho otras cosas ya más anecdóticas, como felicitar con música en los vecindarios a niños y niñas por su cumpleaños. La verdad es que momentos así han sido muy emocionantes. Y eso es importante para la gente, sobre todo, después de haber pasado tantos días confinados. La sonrisa de la gente, cuando la has ayudado, es el mejor regalo.

¿Y cuál fue la respuesta de la gente ante vuestro trabajo?

Había gente, personas mayores, que incluso nos ofrecían una propina. Por supuesto, no la recibimos. Pero simplemente haber visto el rostro de agradecimiento de esas personas te dejaba sin palabras. Es que se te encoge el corazón. Las personas más vulnerables son muy agradecidas, y con su sonrisa te das cuenta de que realmente valoran lo que haces por ellas en las situaciones más difíciles, como lo ha sido durante la pandemia o ahora con la nevada.

Cuando ves que esas personas mayores, que están en situaciones complicadas, se llevan las manos a la bolsa para buscar unas monedas y te dicen “tomaros un café o una cerveza” es para que se te salten las lágrimas. Porque sólo quieren agradecerte lo que haces por ellas. Es la forma que encuentran para decirte que tu labor es importante.

¿Pasó miedo durante los días más inciertos de la pandemia?

Sí claro. Porque, aunque tomes las medidas de protección necesarias, sabes que el riesgo de contagiarte está ahí, en la calle. Sigue allí. Pero en aquellos días era peor aún, porque se sabía muy poco sobre lo que estaba sucediendo. Todo era de un día para otro. Había mucha incertidumbre.

En mi trabajo como Guardia Civil tenía que atender otras situaciones igual de difíciles, no sólo a mi compromiso como voluntario. Me encontraba en los controles encargados del acceso a las ciudades. Nos encargábamos de que se cumpliera la ley y de comprobar que sólo podían pasar de una localidad a otra las personas autorizadas. Y en eso sí que hubo varias situaciones de tensión. No faltó quien se salía un poco de tono diciendo que “no había derecho”, o la negacionista, y eso también es un riesgo. A algún compañero le escupieron y a otro lo amenazaron con toserle. Pero nuestro trabajo era velar por el bienestar de todos, había que frenar a la pandemia. Punto. Claro que tuve miedo, porque al final del día yo voy con mi familia. Y hago un voluntariado, además, con la Cruz Roja. Pero, como te digo, esto es una vocación.

Hablemos de esa vocación.

El voluntariado es, sobre todo, un acto de gratitud. Es verdad que, por lo menos en este tipo, que es uno muy técnico, uno tiene que destinar tiempo a formarse, pero también hay que destinar tiempo de nuestra vida privada, de familia, o de los estudios. Pero nada de eso es “perder el tiempo”. Al contrario, es un tiempo que ofrezco a los demás. Es una labor que hacemos sin importar el reconocimiento. No lo hacemos sólo para las personas que lo valoran; lo hacemos para todas, sin importar posturas o ideologías. Nuestro trabajo es para quien lo necesita.

Usted sabe bien lo que son las limitaciones y lo que significa una ayuda.

Mi caso, que dos de mis hijos tienen una discapacidad, son dependientes, me hace ser consciente de las limitaciones que pueden tener otras personas. Y de lo importante que es para ellas el que tú les ofrezcas tu tiempo, tu fuerza.

Tal vez andar en bicicleta o correr sean actividades que pasan desapercibidas para muchas personas, pero para otras no es así. Cuando te das cuenta de que tú puedes hacer algo para que otra persona siga adelante, pese a sus limitaciones, es que sabes que tu trabajo es una vocación. Como te he dicho, no es algo que hagas esperando una remuneración.

¿Te puedes imaginar qué hubiese sucedido si durante el confinamiento nadie les hubiese llevado la comida a las personas mayores que no podían salir de casa, o a los enfermos crónicos?

¿Cuál ha sido su experiencia más dura como voluntario?

Durante la formación en 1992 hubo un accidente aéreo y tuvimos que a ayudar allí. Afortunadamente no hubo muertos, pero sí más de veinte heridos. No sé, son muchas las situaciones complicadas en las que te ves y en las que tienes que estar preparado y saber hasta dónde puedes y debes actuar y hasta dónde no. Nuestro voluntariado es uno muy técnico, y requiere de un tiempo y de una formación. Uno debe saber hasta dónde puede asistir y hasta dónde esperar a que lleguen los profesionales a controlar la situación.

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