Luciano Poyato, presidente de la Plataforma del Voluntariado de España, de la PTS y Unad

“El Tercer Sector debe sentir al voluntariado como un ‘ejército’ de participación”

A punto de finalizar este año 2020, donde se ha puesto en valor la solidaridad y en el que se ha demostrado que la labor del voluntariado es esencial, queremos hacer balance del trabajo del tercer sector en nuestro país durante esta crisis sanitaria y social.

 En Entrevistas, PVE
LAURA MONTALVO

Luciano Poyato, presidente de la Plataforma del Tercer Sector y de Unad, la Red de atención a las adicciones, ha renovado su compromiso esta semana como presidente de la Plataforma del Voluntariado de España.

Las tres organizaciones engloban a unas 28.000 entidades sociales que trabajan por las personas más vulnerables en este país. Ingeniero agrónomo y educador social, Luciano es consciente de la enorme diversidad de necesidades a las que se enfrenta el Tercer Sector. Y por ellas seguirá trabajando.

¿Qué balance puede hacer de 2020?

La solidaridad ha sido ejemplar en esta pandemia, la sociedad, en general, ha ejercido su derecho al voluntariado de muchísimas formas. Si no hubiera sido por el voluntariado, esta crisis hubiera sido peor. Más de dos millones de personas han realizado tareas solidarias, según el Observatorio del voluntariado y más de la mitad va a continuar. Es decir, han ejercido su derecho a la participación a través del voluntariado. Las empresas también han estado ahí, avanzando en su responsabilidad social corporativa con el Tercer Sector y, en concreto, con la Plataforma del Voluntariado lo que ha permitido avanzar en proyectos importantes que han amortiguado el dolor de mucha gente. Y por supuesto las entidades sociales, que desde el primer momento respondieron. La experiencia es un valor fundamental, ya en la crisis anterior de 2008 estuvimos ahí, a pie de calle, dando alivio e impulsado nuevos proyectos para frenar la desigualdad. Eso lo pusimos en práctica cuando llegó el confinamiento, que nos pilló por sorpresa. Las entidades no tardaron en reaccionar. Tuvieron que ser originales, innovadoras e incluso más ágiles que otras instituciones.

¿Se ha reconocido la labor que han hecho?

Yo creo que ha faltado reconocimiento hacia las entidades. Hemos vivido momentos de soledad por falta de apoyo, pero lo hemos superado con un grado de cohesión y de coordinación ejemplar. Aunque nos ha faltado financiación hemos respondido con energía. Hemos demostrado una vez más que somos imprescindibles.

Además, hemos logrado una gran coordinación para poder aliviar la situación. A partir de ahora, creo que podremos superar algunas cuestiones sanitarias, pero nos preocupa cómo va a quedar esta sociedad a nivel de desigualdad, desempleo o vulnerabilidad. No hablo sólo de cubrir las necesidades básicas, sino de la falta de expectativas, satisfacciones individuales, laborales… no podremos hablar de ser un país moderno si no hay igualdad.

¿La crisis del Covid nos ha hecho mejores personas?

Ha habido de todo. Las personas no somos perfectas, pero creo que hay que quedarse con lo positivo, con el valor la solidaridad, el ponerse en el lugar de otra persona. Esas claves están ahí y deben permanecer de una manera constante para poder reconstruir este país. El último estudio del Observatorio del Voluntariado revela que en España hay unos 2,5 millones de personas que realizan su tarea de forma constante, el 6,5% de la población, y la cifra entre hombres y mujeres que ejercen la tarea voluntaria se ha equilibrado en este 2020, hay que seguir trabajando en ese sentido.

¿A qué retos se enfrenta el Tercer Sector en este nuevo año

Hay un reto claro: seguir defendiendo el papel esencial de las ONG. Además, tenemos que hacer propuestas concretas para que los distintos gobiernos -estatal y autonómicos- puedan desarrollar la Ley del Tercer Sector. Tenemos un grave problema de sostenibilidad y sin sostenibilidad financiera nuestro sector sufre. Hay una clave de coordinación público-privada que es fundamental para jugar un papel importante en el ámbito de los fondos europeos. Con el ámbito empresarial también debemos de coordinarnos.

¿Cuáles son las principales reivindicaciones?

Una de nuestras mayores reivindicaciones sería contar con una legislación que garantice a las personas más vulnerables vivir con dignidad. Debemos ser muy propositivos a nivel legislativo y, sobre todo, lograr que se defiendan los derechos fundamentales de las personas. Tenemos que convencer a todos los grupos políticos para lograr una legislación que defienda derechos y marque pautas y estrategias para salir de las crisis

Como decía, también reivindicamos una financiación estable. Estas dos cuestiones se pueden conseguir si mantenemos el mismo grado de cohesión logrado entre las entidades durante la pandemia.

Una de esas entidades es Unad, la Red de Atención a las Adicciones, que usted también preside…

El ámbito de las adicciones ha pasado un poco desapercibido en esta crisis. Desde Unad hicimos ciertas recomendaciones a los servicios que seguían abiertos durante la pandemia. En el caso de los que tuvieron que cerrar, tuvimos que ser originales en la creación de dispositivos para dignificar a la gente que estaba consumiendo en la calle y no podía acceder a otros recursos.

Por otro lado, debemos tener en cuenta las adicciones sin sustancia. Desde el primer momento del confinamiento propusimos al Ministerio de Consumo que se paralizara la publicidad tan agresiva que se estaba desplegando sobre apuestas deportivas online. Había que paralizar esos anuncios para que no generaran mayor adicción. Hay que tener en cuenta que el confinamiento ha generado problemas graves con las pantallas entre menores y jóvenes; también el juego online.  En Unad hemos estado junto a las personas que tenían problemas de adicciones, con o sin sustancia, durante esta dura etapa.

¿Qué supone su reelección como presidente de la Plataforma del Voluntariado de España?

Es una gran responsabilidad y un orgullo. Agradezco la confianza y quiero añadir que la nueva Junta directiva se pone, como siempre, a disposición de las entidades y plataformas. Es una candidatura que trabajará con generosidad y compromiso. Hace falta una Plataforma del Voluntariado muy cohesionada y estamos en esa línea, pese a lo diferentes que somos las organizaciones que la componemos. Defenderemos el voluntariado y la participación como ejemplo de democracia.

¿Cuáles serán las principales líneas de acción de esta nueva junta directiva?

La ética y la innovación van a jugar un papel fundamental. Las organizaciones de voluntariado tenemos que ser las más coherentes, las más transparentes, para ofrecer un valor añadido al Tercer Sector y seguir innovando. Entre las líneas de actuación en esta nueva etapa destacaría la coordinación con las entidades para ser un auténtico referente del voluntariado en la sociedad. Defender el voluntariado como motor de transformación, establecer criterios que permitan eliminar malas prácticas. Dejar claro que el voluntariado no es mano de obra gratuita. Reforzar la interlocución política y seguir creando relaciones y sinergias con distintos sectores de la sociedad.

¿Cuál sería el mayor objetivo para 2021?

El 2021 es clave. Tenemos que visibilizar los problemas sociales que hay en este país. En especial, los que más afectan a la población vulnerable. Sin visibilidad no existe el problema, tenemos que ir apelar a esa parte de la sociedad que tiene mayor estabilidad económica y laboral para que esté a nuestro lado. Si somos capaces podremos exigir y hacer fuerza ante la política.

Además, debemos seguir manteniendo la cohesión dentro de las propias organizaciones. Hay que seguir aumentando de manera cuantitativa y cualitativa el número de personas voluntarias. Y un objetivo a nivel interno es que el Tercer Sector entienda el voluntariado como pilar fundamental de las organizaciones, como un “ejército” de participación.

¿Cómo se trabaja por lograr esa transformación?

En el momento en que haya personas que se acerquen a nuestras organizaciones y comprueben que hay necesidades y que podemos cambiar lo que nos rodea. Hay que actuar desde las causas que generan la exclusión para que cambien los problemas estructurales que generan exclusión. Ya había exclusión antes de la crisis de 2008. La había antes de esta pandemia y ahora nos encontramos en una situación más grave. Eso es lo que ha puesto en evidencia esta crisis, las grandes desigualdades.

 ¿Qué le pide al nuevo año?

Mucha energía para generar esperanza. Y, por otro lado, una mayor capacidad de innovación y de propuesta a nuestro sector para que se nos escuche y podamos trabajar con las administraciones públicas, el ámbito empresarial y la ciudadanía.

 

 

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