Entrevista Sali Guntín, vicepresidenta de EAPN

“Sin el voluntariado los grupos más vulnerables tendrían mayores carencias”

Sali Guntín está ocupada, muy ocupada. ¿El motivo? Ha decidido dedicar su jubilación a hacer de éste, un mundo más justo. Desde la vicepresidencia de la EAPN asume un compromiso social con las minorías más vulnerables. Hace 20 años que recaló en el Tercer Sector y desde ese momento, no ha parado de implicarse con distintas causas. En la actualidad, dedica tiempo, energía y la mayor parte de sus fuerzas a corregir la desigualdad.

 En Entrevistas, PVE
Por Talía Estévez

Has dedicado una gran parte de tu vida al Tercer Sector, a lograr una sociedad más justa…

De mis casi 40 años dedicados a la vida laboral, la mitad se han desarrollado en la Administración pública y la otra mitad, la última, en el Tercer Sector. Concretamente en la Fundación Cepaim. Es cierto que durante mi etapa en la Administración mis tareas estaban muy relacionadas con el Tercer Sector en el marco de los Proyectos del Fondo Social. Fue en ese punto en el que me “captó” Cepaim. Desde entonces he intentado, humildemente, poner mi granito de arena en la lucha contra las desigualdades..

Estás muy vinculada al ámbito de la migración por tu paso por la Fundación CEPAIM ¿Cómo valoras la situación migratoria actual?

Preocupante. Desde diferentes puntos de vista es preocupante: hay quienes tienen los papeles regularizados pero tienen una precariedad laboral muy grande y quienes no tienen acceso a la documentación y por tanto las barreras de residencia y empleo son enormes.

Y junto a ello, aumentan los discursos xenófobos y racistas en los que las mujeres y los niños y niñas se llevan la peor parte. Creo no son razonables, ni aceptables, algunos de los mensajes que se están dando en la actualidad. Incluso me parecen peligrosos. No sé si la sociedad española es consciente del aporte de la inmigración en términos económicos y sociales a partir de los años 90 del pasado siglo. Nos encontramos en una situación demográfica preocupante, pero la UE está lejos de firmar una política migratoria común. Aquí en España esperamos el próximo Plan Estratégico  de Ciudadanía e Integración que se está preparando desde la Secretaría de Estado. de Migraciones. Insistimos en que sea un plan para la convivencia, bidireccional. El desarrollo económico social de nuestro país pasa por el trabajo conjunto y la convivencia de los que hemos nacido aquí y los que han llegado. No hay vuelta de hoja.

También tienes relación con el pueblo gitano, siendo su representante en el Comité Ejecutivo de EAPN ¿En qué momento se encuentra ahora el pueblo gitano? 

El pueblo gitano, gracias a las políticas europeas y españolas y, sobre todo, a su propia voluntad y esfuerzo, ha recorrido en los últimos 40 años un camino que les ha llevado a su normalización. Es necesario que la gente sepa que hay personas del pueblo gitano que trabajan como docentes universitarios y otros muchos que desarrollan distintas profesiones de forma muy cualificada. Sin embargo, queda otro largo camino para lograr una equiparación con la sociedad mayoritaria en cuanto a educación, por ejemplo. Las tasas de abandono escolar del pueblo gitano son enormes, son minoría los que superan la educación secundaria, lo que conduce al paro juvenil. Hay que revisar y reordenar muchas cuestiones como son las escuelas segregadas, las políticas de vivienda….

Aún así, yo tengo muchas esperanzas. Porque hay mucha gente de este pueblo comprometida y también otras capas de la sociedad. Por ejemplo, empresas punteras en tecnología que están apostando por dar cabida a este grupo.

Para quien no conozca la EAPN, ¿qué papel tiene en la lucha contra la pobreza?

Somos una Red europea (European Anti Poverty Network) presente en todos los Estados miembros de la UE. Defendemos los DD.HH especialmente los referidos a las personas afectadas por procesos de pobreza y exclusión social. Para ello, tenemos como principal objetivo la incidencia política a nivel europeo, estatal, autonómico y local, centrada en dos direcciones. Por un lado, colaborar en la definición de las políticas que puedan provocar la pobreza y la desigualdad; y por otro, promover y acrecentar la eficacia de los programas e intervenciones contra la exclusión social.

Has sido premio nacional de Voluntariado 2015, ¿qué ha significado para ti el voluntariado en tu vida?

En mi juventud fui voluntaria de Cáritas y otras asociaciones de mi barrio y siempre lo viví como algo muy grato. Cuando llegó mi jubilación me di cuenta de que había muchas cosas que podía hacer. A partir de ahí comencé a colaborar como voluntaria con CEPAIM, EAPN y la Fundación Secretariado gitano. El voluntariado me permite poner en práctica mi compromiso con cuestiones por las que creo que merece la pena luchar. Me siento privilegiada de estar en contacto con la realidad social y colaborar en lo que pueda. Soy deudora de la acogida de todas las personas que trabajan en las Entidades, Redes y Plataformas donde participo. Desde el punto de vista humano  recibo mucho más que doy.

Y en cuanto al premio, fue emocionante el día de la entrega. Me acompañaron muchas personas del Tercer Sector y de mi familia, destaco sobre todo, la presencia de la mayor de mis nietas. Fue un día muy bonito.

¿Qué importancia crees que tiene el voluntariado en una sociedad? ¿La hace más justa?

No me atrevería a decir que la hace más justa, quizás ello no dependa del voluntariado pero sí que contribuye a ello. A la justicia social, hace más real el concepto de participación ciudadana. Como el voluntariado es tan variado, en muchos casos tiene un gran significado para el bienestar cotidiano de muchas personas. Complementa el trabajo de las Organizaciones. No puede sustituir al trabajo profesional ni desde luego, la responsabilidad que tienen las Administraciones públicas en sus diferentes niveles, a la hora de garantizar los derechos de todas las personas. Pero creo, sin duda, que sin el voluntariado los grupos más vulnerables tendrían aún más carencias.

¿Cuál crees que es actualmente el mayor problema que tenemos en nuestra sociedad? ¿La pobreza, la violencia de género, el racismo…?

Ay ¡Me es difícil situar uno delante del otr0!. Los tres vulneran la dignidad humana. La pobreza impide llevar una vida digna, disponer a veces de lo más necesario para subsistir adecuadamente, y el acceso a servicios imprescindibles. Imposibilita el desarrollo armónico que todo el mundo merece como persona. La Violencia de género es la mayor aberración que puede sufrir una mujer. Creo que la sociedad no puede soportar esta lacra. Hay que poner medios para atajarla con medidas preventivas y con medios suficientes para paliarla.

Y ¿qué decir del racismo? niega la humanidad del otro por su origen, su lugar de nacimiento, su etnia o su cultura; le sitúa por debajo, rechaza su propia esencia humana. Las tres situaciones vulneran los derechos humanos… Y en ocasiones una misma persona, casi siempre mujer, sufre los tres. No podemos permitir ninguna de las tres situaciones. Hay mucho trabajo por delante

Después de toda una vida trabajando en el Tercer Sector, ¿en qué crees que hemos mejorado y en qué no?

Los que me conocen saben que soy muy optimista. Antes había mucha rivalidad entre las organizaciones, en eso ha cambiado mucho. Ahora, es al contrario, se respeta la identidad de cada Organización, intercambiamos experiencias, nos coordinamos, nos organizamos en Redes. Sin caer en una “novela rosa”, el avance es exponencial. Somos capaces de olvidar en muchas ocasiones nuestro logo por otro que nos representa como Red, como Plataforma. A veces nos desesperamos por la lentitud en Reglamentos y otras Disposiciones complementarias pero ahí tenemos dos Leyes impensables en otro tiempo…

Tenemos un Sector más profesionalizado. Con gente joven preparada, de diferentes perfiles profesionales, comprometida y lo complementamos a la perfección con el voluntariado. Nos falta mucho por andar, algunas cuestiones para mejorar son de orden interno y que no podemos achacar a otros, como revisar la posición de las mujeres en las juntas directivas, cuidar más la conciliación y por supuesto, liberarnos de la dependencia de la administración.

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