Beatriz García, coordinadora de madrinas y voluntaria en Netwomening

“Queremos que las afganas reconozcan el poder que tienen como mujeres”

Beatriz García es la encargada de coordinar la red de madrinas de la asociación Netwomening. Se trata de cerca de un centenar de personas voluntarias que ayudan en la integración de las mujeres refugiadas llegadas desde Afganistán, para que puedan seguir formándose, desarrollarse profesionalmente y fortalecer sus lazos sociales.

 En Entrevistas, PVE
En la imagen, Beatriz García

Por Isabel Reviejo

3.203 es un número. Pero también son 3.203 rostros y 3.203 historias. Las de todas las personas afganas que solicitaron protección internacional en España entre 2021 y 2022. Beatriz García ha estado especialmente cerca de dos de ellas, Hasiza y Shokria. Estas hermanas son mujeres refugiadas que han recibido el apoyo de Netwomening, una asociación que trabaja por la integración social y laboral de las afganas llegadas a España desde la toma de poder por parte de los talibanes en agosto de 2021.

Beatriz es su madrina: es decir, la persona con la que Hasiza y Shokria saben que pueden contar para cualquier inquietud que les surja en su nueva vida. También es la encargada de coordinar toda la red de madrinas de la asociación a nivel nacional. Hasta hoy, estas personas voluntarias, que se reparten a lo largo de toda la geografía española, suman cerca de un centenar, lo que ha permitido a Netwomening abrir nuevos caminos para seguir promoviendo la autonomía de las mujeres afganas.

¿Cómo nació Netwomening?

Surgió un poco de forma espontánea. Cuando llegó el régimen talibán a Afganistán se recibieron solicitudes de ayuda de algunas mujeres afganas a través de otra asociación en la que estaba la ahora presidenta de Netwomening, María José Rodríguez Becedas. Empezamos a rellenar formularios para traer a estas mujeres a España, a contactar con el Ministerio… Y conseguimos traer a las primeras familias en septiembre de ese año, de 2021.

Tras ese contacto que habíamos tenido hasta conseguir que llegasen aquí, nos surgió la inquietud de conocerlas, de ver cómo estaban, quiénes eran… Y ahí es donde empezó realmente la misión que ahora realiza Netwomening. Cuando llegan a España, inician el programa de asilo que les marca el Ministerio en el que están acompañadas por una ONG de referencia (como Cruz Roja, San Juan de Dios, CEAR…) que les ayuda a cubrir sus necesidades básicas. Pero nos dimos cuenta de que echaban en falta un punto de referencia, porque llegan a un país donde la cultura es muy diferente, no conocen el idioma y no saben situarse en la ciudad, para cosas básicas como: “Me duele la cabeza, ¿puedo ir al médico?” o “¿Tengo que llevar algún tipo de documentación?”

En ese momento surgió la idea de “amadrinar” a estas mujeres y darles un acompañamiento, como haces con cualquier amiga. Para resolverles cosas muy básicas, pero que les hacen mucho más amistosa la llegada a este país.

¿Cuál es el perfil de las mujeres que llegan a la asociación?

El de los primeros meses era el de gente muy formada profesionalmente y con un inglés perfecto. Muchas de ellas eran abogadas, juezas, personas que habían estado luchando por los derechos de la mujer en Afganistán… Nos volcamos en ver qué posibilidades laborales había para que pudieran ejercer aquí, con el reto de que eran carreras no tan técnicas, sujetas a una legislación muy diferente en España y en Afganistán, por lo que el trámite de convalidación nos costaba mucho y en algunos casos era imposible.

Esto ha ido evolucionando y ahora tenemos un mix de todo tipo de perfiles. También están llegando las familias a acompañar. Las primeras venían bastante solas, por lo que luego hemos ayudado también en la parte de la reagrupación familiar, que son trámites muy largos.

Habéis remarcado la importancia de empoderar a estas mujeres. ¿Qué significado tiene este concepto para vosotras?

Darles las mismas oportunidades que tendría una persona en España, independientemente de que sea hombre o mujer. Que reconozcan esa capacidad que tienen, la aprovechen y la pongan en valor. Y siempre que podamos ayudarlas a conseguir una formación, un empleo o unas condiciones acordes con la formación que ellas tienen, mucho mejor, aunque no siempre es fácil.

Luego, hay que conseguir que eso vaya acompasado con una independencia económica, porque cuando las ayudas del programa se acaban, la necesidad vital es la de tener un trabajo que les permita conseguir ingresos y quedarse en España. Insistimos mucho en que ellas puedan ser totalmente independientes aquí. Es más, las animamos a que trabajen incluso cuando vengan acompañadas.

¿Nos puedes contar con más detalle qué implicaciones tiene ser madrina?

Su papel está muy enfocado en el acompañamiento, en ser un punto de referencia y generar una relación de confianza. Teniendo a alguien cercano a ellas, somos capaces de ayudarlas mucho mejor, porque las conocemos. Hemos tenido ahijadas que luego se han ido fuera de España, porque tenían un familiar en Alemania o en Francia y no se ha roto el vínculo, nos siguen escribiendo.

Alguna madrina nos ha dicho: “Mi ahijada va a terminar el programa de asilo. ¿Puedo seguir llamándola y quedando con ella?” Y sí, claro, es que al final somos amigas, es una relación que, si la estableces, no tienes por qué romper. Muchas de ellas tenían posiciones privilegiadas en su país y de repente aterrizan en un país desconocido, compartiendo habitación y baño con otras refugiadas que no conocen de nada… Se les cae un poco el mundo abajo. Acompañarlas como madrinas, para que puedan superar esta situación, integrarse y vivir de forma digna les ayuda mucho.

¿Qué otro tipo de apoyo proporcionáis?

Vimos que eran necesarias las clases de español, porque realmente es el primer reto para poder conseguir un trabajo que les dé independencia económica y una integración total en España. Por eso, organizamos un grupo de profesores voluntarios y desarrollamos una plataforma donde impartir esas clases.

Fuimos descubriendo nuevas necesidades en las que podíamos ayudar. Por ejemplo, en la elaboración de currículums. Ahora mismo hay incluso ahijadas que son analfabetas, pero es que el 80% de las mujeres de Afganistán son analfabetas en su propio país. Entonces, tenemos que ayudar a que se pongan en el camino de esa formación que luego les permita conseguir un trabajo. Hay muchas salidas: vía formación profesional, cursos y demás.

También creamos un grupo para atender necesidades de vivienda. Las mujeres reciben una ayuda para el alquiler, pero claro, puede que ellas no tengan un nivel de español suficiente para defenderse en la búsqueda de vivienda, no tengan contrato laboral ni hayan recibido permiso de trabajo. Además, las viviendas en algunas ciudades son caras y no siempre es fácil encontrar una que se adecúe a sus fondos.

Estamos trabajando también en otro grupo destinado a los recursos materiales, para organizar todo los que necesitamos, como móviles para que estén comunicadas u ordenadores para las clases de español. Y estamos muy activas en los acuerdos de colaboración con otras asociaciones, como la Fundación ONCE.

¿Cómo llegan las mujeres afganas a la asociación?

Una vía es que siguen llegando solicitudes para llegar a España y seguimos atendiendo las que podemos. En otros casos, las mujeres ya están aquí, conviven en pisos con otras refugiadas y les cuentan cómo funcionamos. Muchas veces hacen reuniones entre ellas, y ahí también nos hemos encontrado con nuevas solicitudes de ahijadas.

En la primera fase del programa de asilo, las mujeres que llegaban se quedaban en Madrid y Barcelona, pero luego podían ser derivadas a cualquier destino de España. Llegó un momento de 2022 en el que teníamos ahijadas repartidas por toda la geografía española. Ahora mismo somos 87 madrinas en toda España.

En muchas ocasiones, la cobertura mediática de una crisis humanitaria como la de Afganistán se debilita con el tiempo, con lo que se pierde visibilidad. En vuestro caso, ¿cómo habéis visto esta evolución? 

Es verdad que en los medios de comunicación se ha apagado un poco la información que se recibía respecto a aquel verano de 2021, pero lo que estamos percibiendo es que desde las empresas u otras organizaciones con las que hablamos para colaborar son muy receptivos a la integración del colectivo afgano, especialmente de mujeres y niñas. Siempre que hemos hablado de este tema hemos recibido una muy buena acogida y empatía.

En tu caso, ¿cómo fue tu llegada a Netwomening?

A través de la presidenta. Es amiga mía y habíamos colaborado en otras asociaciones. Cuando empezó todo, me propuso ser madrina, y así me convertí en madrina de dos hermanas afganas, Hasiza y Shokria, que están en Madrid. A partir de ahí, me fui involucrando un poco más y cuando ya se constituyó la asociación, pasé a formar parte de la Junta Directiva y a coordinar todas las redes de madrinas a nivel nacional.

¿Cómo es ahora la relación con tus ahijadas?

Maravillosa. Son dos hermanas jóvenes que vinieron acompañadas, así que pudieron apoyarse la una a la otra. Están apuntadas a clases de español y siguen evolucionando. Son deportistas profesionales, las dos son boxeadoras, y siguen practicando en un gimnasio, ya tienen su propia casa independiente y están generando un círculo de amigos. Quedo con ellas. Cuando terminó el Ramadán, por ejemplo, fui con ellas a celebrarlo. Lo nuestro es una relación de amistad, básicamente.

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