Paca Sauquillo: “No puede haber paz sin libertad”

Recordamos con la presidenta de Movimiento por la Paz los sucesos de la Matanza de Atocha cuando se cumplen 43 años del asesinato

El 24 de enero de 1977 murieron asesinadas cinco personas y otras cuatro resultaron heridas en el suceso conocido como la Matanza de Atocha. Un ataque contra abogados perpetrado por pistoleros de extrema derecha que irrumpieron de noche en el número 55 de la calle Atocha, en un despacho de abogados laboralistas vinculado al PCE y CCOO.

Fallecieron los letrados Francisco Javier Sauquillo, Javier Benavides, Serafín Holgado, Enrique Valdiviera y el trabajador Ángel Rodríguez. Los disparos dejaron malheridos a Alejandro Ruiz Huertas, María Dolores González, Luis Ramos y Miguel Sarabia.

 

 En Entrevistas, Nuestras Entidades
En la imagen, Paquita Sauquillo, vicepresidenta de la PVE

POR LAURA MONTALVO

Murieron hace 43 años por defender las libertades, los derechos y la democracia. Pero su muerte no fue en vano, ya que supuso un antes y un después en la Transición Española.

Así lo destaca Paca Sauquillo, abogada, senadora entre 1983 y 1994. Eurodiputada de 1994 a 2004. Presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL); vicepresidenta de la Plataforma del Voluntariado de España y de la Plataforma del Tercer Sector.  Es además hermana de uno de los asesinados y cuñada de una de las abogadas que salió malherida de aquel suceso.

¿Cómo recuerda aquella noche de hace 43 años?

Yo estaba en Palomeras Bajas, en la primera asociación de vecinos que creamos, organizando un funeral, y al volver a casa recibí una llamada en la que me preguntaron si sabía dónde estaban mi hermano y mi cuñada. No sabía nada, pero seguidamente mi marido llegó y me lo dijo. Estaba siendo una semana muy tensa, porque aunque ya había muerto Franco y los grupos ultraderechistas se empeñaban en seguir con la dictadura y asesinar. El día anterior asesinaron a un joven en una manifestación a favor de la amnistía política. El 24 por la mañana, el GRAPO secuestró al teniente general Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Ese mediodía, una estudiante, Mari Luz Nájera, murió en otra manifestación. Recuerdo que el sábado anterior hablé con mi hermano, que esa fatídica noche debatía con su pareja si ir al cine o no. Pasaron por el despacho a una reunión de abogados para hablar sobre qué hacer ante la situación de ilegalidad de las asociaciones de vecinos. Tratando sobre lo que estaba pasando, el clima político que había en España, él me dijo que lo que estaba pasando en Argentina, esa violencia, no era fácil que ocurriera aquí. Dos días después le asesinaron junto a otros compañeros. No pensábamos que en ese clima de tensión que se estaba viviendo se produjera una matanza tan brutal y a cara descubierta como se hizo. Se podía pensar que los nueve que estaban en el despacho, que eran más que esos tres asesinos, podían haber hecho algo para defenderse o salvarse, pero es que no pensaron en ningún momento que iban a asesinarles y rematarles como así fue.

Lo viví con mucha impotencia, fue una noche de mucha confusión, pensé que España -esa España por la que estábamos luchando, no tenía solución. No nos dejaban luchar. Si es verdad que inmediatamente me di cuenta de que había que seguir la labor por la que ellos murieron. Había que seguir trabajando por la defensa de la democracia.

¿Qué supuso ese suceso en la historia de España?

Los asesinatos de Atocha ayudaron a afianzar la transición. Las familias no sabíamos cómo podíamos hacer el entierro, el gobierno de entonces, muy débil, quería que fuese un entierro corriente, pero el decano del Colegio de Abogados, Antonio Pedrol, jugó un papel importantísimo. Dijo que esas personas habían muerto en un despacho de abogados por defender las libertades y se enfrentó al gobierno para que se instalara la capilla ardiente en el Colegio de Abogados. El entierro fue impresionante, en silencio, no se oía una voz. El PCE y gente de Comisiones Obreras hicieron un cordón de vigilancia  en este entierro, que fue el acto más masivo que ha habido en España en esa época. Hay un antes y un después en la Transición después de ese suceso. El atentado de Atocha contribuyó a que se legalizara el Partido Comunista, luego ya vinieron las elecciones y se legalizaron los demás partidos de la izquierda. El gobierno no tuvo más remedio que acelerar un proceso que si no hubiera ocurrido esta tragedia se hubiera hecho pero más tarde. Por ese avance en la transición me digo que la vida de esas personas mereció la pena. Por eso es triste que 43 años después haya algún grupo político que quiera quitar el monumento que hay en Antón Martín, que además de homenajear a los asesinados simboliza el abrazo y lo que lucharon juntos por la libertad. Las nuevas generaciones tienen que saber cómo fue la dictadura y cómo hubo grupos que no querían que hubiese libertad ni democracia y se opusieron matando. Ese monumento es un recuerdo para no volver atrás.

Un monumento de abrazo y defensa de la libertad y los derechos humanos por los que usted tanto ha trabajado. ¿Cuál es la situación de los derechos humanos en España?

Aún queda por concienciar sobre la defensa de los derechos humanos. No están siendo cumplidos. Me entristece que la Oficina de derechos humanos del Ayuntamiento de Madrid se haya derogado y no se ponga en marcha, porque no se da importancia a la Declaración de los Derechos Humanos, algo que se debería estudiar en todos los colegios. En muchos países no se respetan pero en España también hay muchos derechos humanos que no se tienen suficientemente en cuenta, como el derecho al trabajo, a la educación a una vivienda digna…

Por la defensa de esos derechos humanos usted fundó Movimiento por la Paz, Desarme y la Libertad en 1984. ¿Qué queda por hacer casi 40 años después?

Cuando la fundamos fue cuando España entró en la OTAN, pensamos que había que luchar desde un movimiento pacifista contra el armamento. Tras la caída del muro de Berlín nos dimos cuenta de que había otro muro: el muro de la pobreza, la diferencia entre el Norte y el Sur. Y posteriormente vimos el problema de etnias y razas en algunos países y había que trabajar por la ayuda humanitaria. También empezamos a trabajar la inmigración. Nos han dicho que deberíamos cambiar el nombre de la ONG, pero creo que hacemos bien en no cambiarlo, porque desgraciadamente cada vez hay más armamento y más miedo de que haya un conflicto armado. Aún está en vigor la lucha por la paz. No puede haber paz sin libertad y no puede haber libertad si no hay seguridad. La inversión que se hace en armamento deberían dedicarla a la lucha contra la pobreza

¿Qué se puede hacer hoy en día para lograr la paz?

Primero, individualmente cada uno de nosotros deberíamos ser conscientes del respeto hacia al otro y no creer que tenemos la verdad absoluta, debemos ser tolerantes. En nuestro país no hay una cultura de la tolerancia, del diálogo. Además hay que plantear a las instituciones la importancia del diálogo para solucionar los conflictos internos pero también el controlar que no haya armas que vayan a conflictos bélicos y que se tenga al ser humano como lo más importante que hay. Se puede hacer mucho, aunque a veces parece imposible.

¿Qué papel juega el voluntariado en ese objetivo de transformación social?

Soy vicepresidenta de la Plataforma del Voluntariado de España y creo que nuestra guía es una guía de la lucha del trabajo por los demás, la solidaridad, el diálogo y el entendimiento. Componemos esta plataforma organizaciones muy diversas y estamos intentando tener una guía común, que es el respeto al otro y la ayuda a quien lo necesita. El voluntariado es clave, muy necesario, significa dedicar parte de tu tiempo a los demás. En muchas ocasiones no se da importancia a quien tienes al lado. Hemos conseguido una Ley del Voluntariado, estamos tratando el Reglamento del voluntariado. El voluntario significa la solidaridad, algo muy importante. No hay otra posibilidad de cambiar la sociedad sino a través de las propias organizaciones sociales, el Boletín Oficial de Estado no cambia la sociedad, ayuda, pero hay necesidad de transformar la sociedad y hay que hacerlo a través del diálogo, educación y tolerancia, y ese es nuestro dogma.

Paca ha vivido momentos muy duros en su vida, perdió a su padre cuando apenas tenía 14 años, asesinaron a su hermano, su hijo murió por falta de asistencia en el metro, falleció su marido, ¿Cómo puede seguir teniendo esa fe en el ser humano y ser un ejemplo de solidaridad, de trabajo por los demás?

Precisamente para intentar evitar que pasen esas cosas, para que seamos felices. La vida es corta y debemos aportar. Cuando te ocurren tragedias tenemos dos posibilidades: quedarte en casa llorando o decir ¿Qué hubiera querido esta persona que ya no está? Hubiera querido un mundo mejor. Los de Atocha murieron porque hubiera libertades y democracia, mi hijo era muy solidario… Y te das cuenta de que tienes que seguir trabajando. Estas situaciones te empujan para que no te quedes solo mirando tu historia. Tu historia es importante para que no vuelvan a ocurrir otras así”.

Decía Martin Luther King que “nuestras vidas empiezan a terminar el día que guardamos silencio sobre las cosas que importan”. Paca no se calló, y no se calla, y gracias a personas como ella hoy este mundo es un poquito mejor.

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