Nadie recuerda a ‘Nadie’

 En Opinión, PVE
Fermín Núñez, periodista

Querida Nabody:

Te escribo esta carta porque me siento obligado a hacerlo, con la esperanza de que algún día, cuando seas mayor, puedas leerla. No supe de ti en la mejor de las circunstancias: estamos en 2021 y corren tiempos inciertos. Llegaste hace escasas semanas a tu nuevo mundo, navegando a la deriva desde las costas africanas a Canarias, en una de las innumerables pateras que tratan de alcanzar España cuando el cambio de clima lo permite.

Eras apenas un bebé y apareciste en todos los medios por un fatídico error: te confundieron con tu compañera Eléne Habiba y todos dijeron que la pequeña Nabody había fallecido en el hospital, víctima de la hipotermia. Que en un primer momento habían logrado reanimarla en el muelle de Arguineguín, y que había sido ingresada junto a otros 9 niños y niñas, y algunos de los adultos que los acompañaban en aquella miserable patera. Días después averiguamos que fue otra niña, Eléne, quien había sido enterrada bajo un montoncito de arena volcánica.

A veces te veo en mi propia hija, que es solo un poco mayor que tú. La veo jugar en el parque con su pala y sus cubos y pienso en ti. Ella tiene la suerte de contar con un techo y con alguien que la alimente y la abrace. A ti, huida del hambre y de la guerra en tu país, pocas personas te recordaremos. Para colmo, la casualidad o la paradoja ha querido que tu nombre, Nabody, se parezca mucho a ‘nobody’, que en inglés significa “nadie”.

Te imagino dentro de unos años buscando lo que dijeron de ti los medios españoles cuando te dieron por muerta. Si eso ocurre quizá el futuro te haya dado en nuestro país lo que el pasado te quitó en Mali: tener una familia, un hogar, un entorno amigable y acogedor… Confío en que hayas podido hacerte una mujer, y que, aunque hayas sufrido el odio, el racismo y la desconfianza de los que te consideran diferente a nosotros, no pierdas nunca la esperanza. Te veo sonriendo levemente al saber que cuando eras muy pequeña también hubo gente que te ayudó con lo que pudo. Y que quizá también te estén ayudando estas palabras. Es lo menos que puedo hacer por ti.

Europa vive una negación de sí misma. Construida sobre los valores de la libertad, la igualdad y la democracia, ahora se contagia cada vez más de nacionalismo, xenofobia, negacionismo, insolidaridad… Los partidos de ultraderecha os dicen que sois diferentes y que no venís a nada bueno, que queréis imponernos vuestra cultura y vivir de nuestras ayudas. Lo que se niegan a reconocer es que ellos os temen y os tienen aversión, no por ser diferentes, sino por ser pobres. Porque les recordáis demasiado el riesgo que todas y todos tenemos de acabar sumidos en la precariedad.

Hoy 5.000 personas cruzan la frontera de Ceuta. Entre ellas vuelve a haber niños y niñas muertos de frío y de miedo, que ahora malviven hacinados en naves esperando un traslado a la península, en donde son carne de centros de acogida. Mientras, vuelven a ser usados por los políticos y gobernantes como chantaje, moneda de cambio o alimento del odio.

Pero ya no son niños ni niñas; eso sería incómodo, porque aquí no tenemos “niños de la calle” o “meninos da rua” como en países menos desarrollados. Eso nos pondría en evidencia como sociedad. Empezamos a llamarlos eufemísticamente “menores no acompañados”, o ‘menas’. Se convierten en miles de “nobodys” a los que les robamos su verdadera identidad, porque eso -al igual que su pobreza-, también nos molesta.

Así que la próxima vez que escuche hablar de que un ‘mena’ hace esto o aquello, o nos cuesta tanto o cuanto, en comparación con su abuela, por favor, haga como yo con Nabody, y piense en que es un niño como sus hijos, que solo ha tenido la poca suerte de nacer en el país equivocado.

 

Las opiniones vertidas en los artículos de opinión de El Periódico del Voluntariado corresponden a los autores y autoras de los textos.

 

 

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