Paca Tricio, presidenta de Mayores UDP

“Las personas mayores somos ninguneadas, para la sociedad somos invisibles”

Desde que irrumpió la pandemia en marzo, por lo menos 20.000 personas mayores han fallecido en residencias españolas (algunas fuentes elevan la cifra hasta los 27.000). Los números son impactantes; sus realidades, demoledoras.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de enero de 2020 la población mayor de 64 años en España era de cerca de 9,3 millones de personas, una representación muy importante en nuestra sociedad que merece tomar la palabra.

 

 En Entrevistas, Nuestras Entidades, PVE
POR MAURICIO H. CERVANTES

Por eso, en el marco del 1 de octubre, Día Internacional de las personas mayores, hemos charlado con Paca Tricio, la presidenta de Mayores UDP (Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España), una mujer comprometida con el empoderamiento de esta población, y que reivindica la urgencia por resolver la profunda crisis estructural que hay en el sistema sanitario. Alguien, sin duda, que nos invita a reflexionar sobre el indispensable papel que tienen las personas mayores en la sociedad.

Hablemos de las personas mayores, la pandemia, y la soledad.

Nadie de mi generación hubiese imaginado una situación así. Lo que ha sucedido con la pandemia nos ha dejado claro que no somos inmortales. Pero también ha acentuado problemas gravísimos como la soledad. Ha sido todo muy rápido, y muchas personas mayores han quedado muy vulnerables en muchos sentidos. Por ejemplo, para los jóvenes es completamente normal ver a sus familiares a través de una pantalla. ¡Pero para nosotros no es así! Necesitamos del contacto, necesitamos ver a las personas cara a cara.

Por otra parte, muchos mayores no sabían nada de herramientas digitales. Y debido a eso se han quedado solos. Esa situación, psicológicamente, ha hecho mucho daño.

Es muy difícil transmitir esto que te digo a los jóvenes porque, aunque lo comprendan, no lo sienten.

Muchas personas mayores murieron solas en las residencias, sin atención cuando presentaron síntomas, sin pruebas PCR. Muchas fallecieron sin el último adiós de sus familias.

Ha sido una tragedia. Una auténtica tragedia. En Alemania, algo similar hubiese sido considerado como un genocidio. Es que es una vergüenza. Más de 20.000 personas han muerto. Sin ayuda alguna. Sin esperanza. Sin tener la última muestra de cariño de sus familiares. Han muerto destrozadas sin haberse despedido de sus seres queridos. Así de claro, los han dejado morir. Eso es algo que no se nos va a olvidar jamás. Lo más triste es que ni siquiera conocemos la cifra real de las personas que han fallecido. Muchas más de 20.000 en un periodo cortísimo.

Y lo peor es que esto no ha terminado.

¿Qué es lo más urgente por resolver?

Siendo muy simple te diría que la vacuna, pero eso no depende de nosotros ni de los médicos. Hay que ser muy cuidadosos respecto a esa cuestión. Lo urgente e imprescindible, además de atender a las personas, es hacer pruebas PCR por millones. Y resolver lo de los rastreadores, porque no puede ser que estemos igual que hace unos meses.

Hay que proveer de más dinero a la sanidad pública. Así de claro. Tenemos una que es espectacular. Sin embargo, siempre pensamos que teníamos la mejor de Europa, pero la pandemia vino a mostrarnos que no era así. Esta situación exhibió el dramático efecto de los recortes que se hicieron hace unos años. El bicho no sabe del daño que causa, y tampoco sabe de política. Él está ahí. Y sigue ahí.

Otro punto fundamental es que no se pueden cobrar 150 euros por una PCR. ¡Tendrían que ser gratuitas para toda la población! Se trata de una cuestión de salud pública, no de un negocio. Porque para carreteras que jamás llevaron un coche a ningún sitio, para aeropuertos desde los que jamás despegó un solo avión, sí que hubo dinero, pero cuando lo necesitamos para salvar a la población, entonces ya no hay. Eso no puede ser. Los recortes han dejado a la Sanidad en una situación agónica, prácticamente sin aliento. Y, como lo he dicho antes, la pandemia aún no ha terminado.

Hablando del dinero, una de las reivindicaciones de UDP son las pensiones, muchas son muy bajas

Dime tú, gente con pensiones de 400 o de 500 euros al mes, ¿cómo van a pagar una prueba? Eso significaría no darle de comer a sus hijos o a sus nietos, o no pagar el gas. Es sencillamente impensable. Hoy en España todavía hay pensiones muy bajas.

El artículo 50 de la Constitución dice “Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”. ¿Hoy, en el apocalíptico 2020, una persona de la tercera edad puede afirmar que eso se cumple?

Me lo conozco perfectamente. Y eso mismo le decía yo a Rajoy. “Si usted no va a respetar ese artículo, cámbielo. Sí, cámbielo, pero no diga que se está cumpliendo”. Es que ya está bien. Estamos perdiendo el país a pasos agigantados.

Y mientras en UDP siguen avanzando, como con la celebración de su 52 asamblea

Sí, el pasado 24 de septiembre celebramos la 52 Asamblea General Ordinaria, junto a las asociaciones de pensionistas y jubilados territoriales, provinciales y sectoriales adheridas a UDP. Una asamblea excepcional la de este año, debido a su formato telemático, contamos con la ayuda de la Fundación Cibervoluntarios en la organización y gestión, para que todas las personas representantes y delegadas de sus asociaciones de pensionistas y jubilados pudieran participar sin ninguna incidencia. Fue estrictamente estatuaria en la que se trataron exclusivamente la aprobación de los acuerdos que dicta la legislación para las asociaciones: el Acta de la última asamblea, el informe de gestión, las cuentas del anterior ejercicio y el presupuesto del siguiente ejercicio.

¿Cómo ha sido la labor del voluntariado de UDP durante los días más duros de la pandemia?

Yo misma soy voluntaria. Antes fui directora gerente, pero ahora soy voluntaria. Ahora no cobro un solo céntimo. Respecto al voluntariado te diré que el de este país es excepcional. La gente se ha entregado por vocación, aún en los momentos más duros de la pandemia.

Nosotros tenemos mayores voluntarios que hacen una labor fundamental: acompañan a otras personas, las escuchan, leen el periódico con ellas, juegan, etcétera. Les recuerdan que la vida es para disfrutarse. Hay voluntarios que tienen 80 años, dime si eso no es como para darles un premio.

La invisibilidad de las personas mayores…

A un alto comisionado de Derechos Humanos le dije alguna vez: “Aquí los mayores estamos siendo demonizados”. Sin nosotros, en este país muchas mujeres no podrían trabajar o ser tan independientes como lo son, porque tendrían que estar en casa trabajando. Sin nosotros, ¿qué harían los hijos cuando se quedan en paro, a dónde irían a comer? Es indignante que no se reconozca nuestra importancia en la sociedad.

Las personas mayores somos ninguneadas, somos invisibles. Y cuando se nos ve es para insultarnos, para decir que no valemos y que costamos dinero. Al respecto, hay algo que me parece insultante e indignante. Resulta que ‘alguien’ tuvo la ‘maravillosa’ idea de que ahora en el coche las personas mayores llevemos una ‘M’, como la ‘L’ de los que comienzan a conducir. ¿Tú te imaginas la gracia que nos hace? Pues ninguna. Eso es etiquetarnos. Eso es echarnos a la cara que somos “viejos”, “débiles”.

Con su edad ¿Cómo se ve el mundo hoy?

Yo tengo 74 años, soy presidenta de UDP, y todos los días tengo videoconferencias y trabajo. Cuando eres mayor sigues siendo el mismo, salvo, claro, que tengas una enfermedad o una discapacidad. Pero si no, uno sigue siendo la misma persona independientemente de la edad. Yo estoy como he sido siempre, tal vez con más arrugas (risas). Mira, lo importante es la mente.

Los mayores tenemos que decir, y dejar muy claro, que queremos vivir nuestra vida a nuestra manera. No vamos a vivir la vida que nos digan nuestros hijos. Queremos ver a los nietos cuando así lo queramos, no cuando nos los dejen en la puerta.

Yo amo a mis nietos, y a mis hijas, pero ellas saben que tengo mi trabajo, que tengo responsabilidades, que tengo mi espacio. Y yo sé que ellas tienen el suyo. No nos podemos convertir en un objeto.

El maltrato a las personas mayores existe

(Hace una pausa, respira). Mira, el mayor maltrato lo reciben de sus familiares cercanos. Por ejemplo, “si no me dejas el piso, no ves a tus nietos”, “si no me dejas la tarjeta, es la última vez que los ves”, son cosas que se dicen todos los días. De esas historias te podría contar hasta la saciedad.

En una ocasión, me encontraba en un restaurante en Madrid y a mi lado en una mesa estaban un hombre joven y una persona mayor. El joven estaba empeñado en que el mayor firmara un tocho de papeles, y le decía “no, no se preocupe, su hijo me ha mandado a que firme esto”. El mayor se negaba y le respondía “no, lo quiero leer antes de firmar”. Y el joven insistía, e insistía, en insistía. Fue tan tremendo aquello que me acerqué a la mesa y le dije al joven “¿se da cuenta de lo que está haciendo? Como vea a un policía lo voy a denunciar. A esto se le llama ‘maltrato al mayor’. Usted está forzando a firmar algo a alguien que no quiere hacerlo, y que además tiene capacidad de pensar y de actuar”.

He visto muchas cosas, he visto a personas mayores salir de casa con la cara amoratada, o llorando. Es que hay hijos que se creen con derecho a todo lo de sus padres. En la vida hay que poner límites. Sí, también con la familia. Sin enfadarse, pero hay que ponerlos, así como lo hacemos con los amigos y con el resto de las personas. Nosotros también tenemos nuestro tiempo y nuestro espacio.

¿No hay edad para disfrutar de la vida?

¡Hay que vivir y hay que disfrutar siempre! Los mayores no podemos renunciar a nada. Tenemos que ir al cine, al teatro, a bailar, etcétera. ¿Por qué vas a renunciar a los placeres de la vida? Por la edad, desde luego que no.

En la vida hay que tener curiosidad. Hay que disfrutarla, y sentir que éste también es nuestro tiempo. A mí me importa todo lo que sucede ahora mismo.

 

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