Felisa Pérez, vicepresidenta primera de UNAD

“Las adicciones están creando actualmente un sufrimiento social muy importante”

En 1987 la Asamblea General de la Naciones Unidas estableció el 26 de junio como el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, como muestra de su determinación por alcanzar una sociedad internacional libre del abuso de drogas.

Aquí en España, UNAD, la Red de Atención a las Adicciones, de la que forman parte unas 250 entidades, lleva 35 años trabajando de manera integral con personas con problemas de este tipo. Una entidad que surgió ante la alarma social que provocó la heroína a principios de los 80 y que es más necesaria que nunca en una sociedad en la que no hacen falta sustancias para convertirnos en personas dependientes.

 

 En Entrevistas, PVE
Por LAURA MONTALVO

De ello hablamos con Felisa Pérez, psicóloga y vicepresidenta de UNAD, para quien una sociedad libre de adicciones es una utopía “pero hay que seguir trabajando en información y prevención para que las personas sean libres de elegir”. Con ella analizamos el pasado, presente y futuro de la Red de las Adicciones.

¿Cuáles fueron los orígenes de UNAD? ¿Cómo se dieron cuenta de que hacía falta en España una organización de este tipo?

La heroína entró en España de repente a finales de los 70, principios de los 80. Era una droga que aquí no se había visto en plan masivo nunca, ni se sabía qué hacer. Cayó en cientos de familias que no estaban preparadas, pero tampoco había profesionales que pudieran dar respuesta y se transformó en una alarma social. La heroína era cara, las personas que consumían enseguida se enganchaban y  así empezó la delincuencia. Las familias sufrieron muchísimo.

¿Cómo se creó la primera entidad de ayuda a las adicciones?

Pues como siempre, en la sociedad los que tienen un problema se unen. Empezaron a reivindicar  que la Administración pusiera en funcionamiento servicios para este problema. Al mismo tiempo se empezaron a iniciar servicios desde las asociaciones y como la heroína fue una especie de epidemia, en poco tiempo toda España estaba con la misma problemática. Nos asociamos rápidamente muchas de las asociaciones que nacieron en aquellos momentos. Fue el inicio de reivindicaciones para crear servicios y para dar respuesta a lo que no se sabía cómo afrontar.

¿Qué papel jugó el voluntariado en los inicios de esta red?

El voluntariado fue fundamental. Todo el movimiento asociativo en el tema de adicciones se inició como voluntariado: tanto con profesionales voluntarios como familias. Sobre todo las madres, que han sido, y continúan siendo, las que actúan cuando hay un problema de este tipo. A los padres cuesta más involucrarlos. Aún estamos con el estigma de que la mujer es la que se hace cargo de los problemas de la familia y del hogar. Fueron muchas madres las que lograron sacar a sus hijos de la droga. Hubo movimientos impresionante, como en Galicia, que con su lema “Ni locas ni terroristas, somos madres muy realistas” se enfrentaron a los traficantes de drogas y a todo el mundo para buscar soluciones. Estas mujeres fueron unas luchadoras tremendas.

Con el tiempo, se ha ido dando respuesta y creando servicios hasta ser la red que somos hoy. Esa red ha necesitado profesionalizarse y la inmensa mayoría de las entidades que trabajan las adicciones lo han hecho. Eso no quiere decir que no tengamos voluntariado, lo hay y es complementario. El voluntariado en las adicciones es imprescindible. De cara a las personas usuarias ofrece una visión comprometida y solidaria, facilita la inserción social y da una imagen sin estigma sobre las personas con adicciones. Muchas de nuestras personas usuarias cuando se rehabilitan hacen voluntariado en las organizaciones . Y sus familias trabajan mucho desde la ayuda mutua.

¿Cómo ha sido la evolución de los recursos?

A lo largo de los años se ha ido creando esa red de atención, y destacan cuestiones como el servicio de reducción de daños, un tema importante. Hay países en los que el concepto reducción de daños no ha entrado y en cambio aquí hemos logrado que entre.  La realidad es que las personas consumen y si no ven la posibilidad de dejarlo, intervenimos desde ahí, siguiendo el proceso al ritmo que me marque la persona. Intentamos mejorar las condiciones y que tenga los mínimos riesgos posibles al consumir.

Al principio, cuando empezaron los programas, todo el que acudía tenía que dejar las drogas. Eran programas libres de drogas, llegábamos solo a una parte de la población. Con el tiempo introducimos los programas de mantenimiento con metadona. Hubo muchas críticas, pero estos programas han salvado muchas vidas. Después empezamos con lo del intercambio de jeringuillas, en la calle, en la prisión…y las salas de consumo higiénico. Y en este momento se están creando espacios para este tipo de población. Hemos ido creando una red que se tiene que ir modulando y adaptando constantemente a la realidad.

Adaptarse a la calle en lo relativo a las drogas parece muy innovador…

Sí; tenemos un modelo de intervención integral y comunitario,. Trabajamos lo biológico, lo psicológico, lo social y educativo; todas las esferas de la vida. Porque quien tiene una adicción tiene que cambiar muchas cosas de su vida, para poder organizarse y estar en comunidad. La finalidad es esa: que pueda participar de los deberes y derechos que tiene la comunidad. Eso es un proceso. A veces más corto y otras, más largo.

 La sociedad ha cambiado mucho desde aquel año 1985 cuando se fundó UNAD …

La sociedad ha cambiado, y aunque ahora no hay alarma social, hay más adicciones. No hay problema social porque hay una red estructurada y quien tenga un problema de este tipo sabe dónde puede ir. Pero el número de personas que solicitan tratamiento es increíble.

Cuando empezamos, lo que existía era el problema del alcoholismo, luego apareció la heroína. En esos años 80 no se pensaba que la cocaína era una droga y es uno de los grandes problemas que tenemos en este momento.

Hemos ido adaptándonos a una realidad cambiante. Por ejemplo, en este momento tenemos las adicciones sin sustancias (problemas con el juego online,  apuestas…) Este tipo de ludopatías tenemos que integrarlas tanto en tratamiento como en prevención.

¿Las adicciones sin sustancia son actualmente un problema de salud pública?

Un problema de salud pública es todo aquello en que hay unos determinantes sociales que hacen que las personas enfermen de alguna manera. La situación social que tenemos genera muchas desigualdades, situaciones realmente de exclusión; además con una visión constante de las diferencias económicas entre las personas. Si la situación es deprimente o no sabes cómo salir del bache y ves publicidad sobre el juego, confías. Eso es un enganche que hace que las personas vayan a peor, que adquieran deudas, y es imposible gestionar. Les hace vivir mal a ellas y a su entorno. Lo que están creando las adicciones actualmente es un sufrimiento social muy importante.

Cuando hablamos de drogas no se nos viene a la cabeza el alcohol, ¿hemos normalizado su consumo?

Llevamos años diciendo desde UNAD que debe haber una ley sobre el alcohol y menores. Hemos integrado de tal manera el alcohol en la sociedad que no se ve que muchas familias sufren por su consumo. El alcoholismo está muy integrado y aunque está muy bien visto beber, sus consecuencias no lo están. Mucha gente se refugia en el alcohol ante situaciones de ansiedad o malas rachas, como estar en el paro.

El alcohol es una droga tremendamente dañina y necesitaríamos hacer mucha más prevención. Es que no se ha tomado la prevención como algo imprescindible y necesario para todo tipo de drogas. Es la base para quien quiera consumir conozca los riesgos.

¿Qué papel juegan las entidades en estas problemáticas sociales?

Las adicciones son un problema acuciante que requiere una atención socio sanitaria continua para atajar el impacto que tiene en todas las dimensiones de la vida. Se trata de una realidad de gran magnitud que no puede permanecer en un segundo plano en la agenda política, mediática y social. Ahora más que nunca, las entidades hemos demostrado que somos imprescindibles en las problemáticas sociales más extremas.

La sociedad debe ver que lo público nos pertenece. No es solo de las administraciones. Toda persona puede aportar y buscar la manera de mejorar las cosas. El tejido asociativo no puede morir nunca, porque es quien está más pegado a la realidad, hace el primer análisis de necesidades y da las primeras respuestas.

Por otro lado, yo creo que ser ciudadanía, estar dentro de una comunidad, te convierte en parte y corresponsable de lo que pasa. Hay mucha gente que cierra los ojos.  El tejido asociativo tiene que existir y con esa doble acción que te decía antes: de reivindicación de derechos y para poner en funcionamiento servicios que respondan a las necesidades detectadas. Lo único que hace que la balanza sea más solidaria es preocupamos por quienes tenemos al lado.

¿Cómo ha afectado el confinamiento en el estado de alarma por el COVID-19 a las personas con adicciones?

El aumento de las demandas de ayuda debido a problemas con el juego online ha puesto de manifiesto que la situación de las personas con otras adicciones sin sustancia también se está agravando. Pedimos al Gobierno eliminar la publicidad del juego online, sabíamos que iba a ser muy perjudicial, ya que la gente estaba en casa y necesitaba evadirse y se tiene la idea de que además de divertirse van a ganar dinero. Lo que tenían más a mano eran la televisión y el móvil y con la constante publicidad era fácil enganchar a la gente. Conseguimos que disminuyera la publicidad del juego en horas tempranas, pero dos días antes de acabar el confinamiento ya hemos vuelto a lo mismo.

Por otro lado, nos han llamado muchísimas familias por personas que al confinarse tuvieron que dejar el tratamiento. Ha habido muchas situaciones de estrés y ansiedad por el encierro. Se han roto rutinas, ha habido discusiones con la familia y recaídas en alcohol y fármacos. Además, estaba la situación de drogodependientes sin techo. Gente que vive de la mendicidad se quedó sin ingresos y no tenían ni para dosis ni alimentos. Tuvimos que abrir centros y dar alimentos, cosa que no habíamos hecho nunca. Para este tipo de población, en algunas Comunidades Autónomas se han habilitad0 albergues especiales.

¿Qué suponen estos albergues especializados?

Es algo que desde UNAD veníamos solicitando desde hace mucho. Los albergues normalizados no aceptan a estas personas con adicciones, por los horarios, el consumo, y son personas con muchas patologías, orgánicas o psiquiátricas. El hecho de haber puesto en marcha algunos albergues específicos para esta problemática demostrará cómo se pueden estabilizar las personas y cómo se puede trabajar con ellas desde esa situación: cómo a partir de darles un cobijo y darles una atención adecuada a su realidad pueden mejorar.

Hay muchos recursos para varones, ¿se tiene en cuenta a las mujeres adictas?

Las mujeres con adicciones son doblemente estigmatizadas. Las familias  no aceptan que sean consumidoras, por lo que algunas han preferido estar confinadas con un maltratador antes que con la propia familia. Hay que aumentar la perspectiva de género en los servicios. La mayoría están diseñados para hombres, hay más adictos que mujeres. Si se hacen grupos de terapia mixtos, una mujer no saca sus problemas, tema de violencia o de los hijos. Hay que trabajar para adecuar los servicios y hacer procesos específicos.

¿Existe vinculación entre violencia de género y adicciones?

De las mujeres que hemos tenido en uno de los servicios donde he trabajado, el cien por cien ha sufrido violencia constantemente en la calle. Vienen con violencias y tras haber sido abusadas desde pequeñas. La violencia está absolutamente presente en las mujeres consumidoras de drogas. Se habla de que lo sufren el 80% pero yo diría que es el 100%. Son mujeres con una situación de vida muy dura. Un proceso de rehabilitación para estas mujeres no puede ser igual que para un hombre.

Sobre el futuro, ¿hacia dónde va el movimiento asociativo de las adicciones?

Tenemos que potenciar UNAD, porque es lo que nos da cuerpo para que todas podamos reivindicar con más tranquilidad y más en consonancia, mejor entidades juntas que cada una por su lado. Las adicciones ahora no crean alarma social y la percepción de la población es que no pasa nada, pero tenemos más demanda de tratamientos que cuando empezamos.

Tenemos que hacer correctamente el proceso de rehabilitación. Es un problema  socio sanitario, biopsicosocial educativo que si no se focaliza de esta manera y si se pierde la visión del modelo de intervención, se pierde absolutamente todo. Otra de las cosas que hacemos en la entidad es la atención centrada en la persona. Hay que hacer un proceso de acompañamiento y que la persona vaya consiguiendo las metas que crea oportunas. No todo el mundo se plantea las mismas metas. Si las adicciones se quedan solo en manos de la Psiquiatría o como algo sanitario, pierde todo el sentido. Hay que tener en cuenta la cantidad de agentes que influyen, los determinantes sociales.

¿Es una utopía pensar en una sociedad libre de adicciones?

Totalmente. Es una utopía total. Lo que sí podemos hacer es preparar a las personas para que sean libres de elegir. Y hay otro tema, si las drogas están prohibidas hay un problema añadido. Deberían regularse y que no recaiga todo sobre quien consume. Se saltan la ley y con eso se multiplican los problemas. Se debería buscar la regulación de las adicciones y tener una visión mucho más de derechos humanos y no persecutoria. Quienes están llenando las prisiones son los más vulnerables: quien consume o pequeños traficantes que nada tienen que ver con las grandes mafias.

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