Pablo Striano, voluntario en la despensa solidaria ‘La Cuba’ de Dragones de Lavapiés

“He aprendido que apenas hay diferencia entre quien entrega comida y quien la recibe”

Durante el confinamiento, y desde la tranquilidad de nuestras casas, muchas veces olvidamos la situación de cualquier persona ajena a nuestra rutina. Pero eso no pasa en Lavapiés, un barrio del centro de Madrid que a raíz de la pandemia, se ha unido más que nunca.

La iniciativa ‘Dragones de Lavapiés’, que antes de la crisis se dedicaba a organizar partidos de fútbol solidarios, ha puesto en marcha un plan de ayuda para la provisión de alimentos en el vecindario. A través de esta idea surge ‘La Cuba’, una despensa solidaria que ya es referente en Madrid.

 En Entrevistas, PVE
Pablo Striano durante su voluntariado en Lavapiés. /Foto: Luis Camacho
Por Tatiana Ojeda Bermúdez

Pablo Striano tiene 24 años, vive en Lavapiés y es técnico de sonido. En eso trabajaba antes de la pandemia. Con ella empezó a dedicar su tiempo a ayudar a los demás. Actualmente colabora en el departamento de comunicación y en la preparación de las cestas de alimentos con la entidad Dragones de Lavapiés. Sobre cómo afrontar la situación actual lo tiene claro: “en una época de muchísima desesperanza, porque cada día hay malas noticias e injusticias, proyectos como ‘La Cuba’ demuestran que siempre se pueden hacer cosas, por muy pequeñas que sean, para mejorar la situación”, comenta.

Además de Dragones de Lavapiés, ¿Quiénes conforman la plataforma ‘La Cuba’?

Efectivamente el proyecto ‘La Cuba’ fue impulsado por ‘Dragones de Lavapiés’, que en esencia es un club de fútbol solidario. Sin embargo, cuando llegó la pandemia observaron que muchos de sus usuarios habituales tenían grandes dificultades y quisieron ayudar repartiendo comida a personas que no estaban pasando por un buen momento económico. Al final, el local se les quedó pequeño y no eran capaces de gestionar todo lo que conlleva la iniciativa. A partir de ahí empezaron a llegar voluntarios y mediante la unión de vecinos se creó la plataforma.

Colaboran otros organismos como Cuidados Madrid Centro, Un Micro Para El Sáhara y Teatro del Barrio. Este último está siendo la sede durante la crisis, el lugar desde donde repartimos los alimentos. En ese espacio podemos tomar las medidas de higiene y seguridad pertinentes para la gestión de pedidos y donaciones.

 Vuestra plataforma está siendo un referente para el barrio de Lavapiés, ¿Cómo fueron los inicios?

Yo personalmente me uní cuando la iniciativa se trasladó al Teatro del Barrio. Pero sí me consta que desde un principio han trabajado de manera resolutiva e inmediata, ya que todo ha surgido de una situación extrema. Es admirable, porque empezaron sobre la marcha y poco a poco se fue formando lo que tenemos hoy: una red de apoyo mutuo entre vecinos y vecinas.

En cuanto a organización, ¿Cómo se gestiona esta red de vecinos? ¿Cuál es vuestro sistema de trabajo?

Nosotros funcionamos con un sistema de ‘Madrinas’. Cuando viene una familia a comunicar su estado le asignamos una ‘Madrina’, que sería la persona que evalúa la situación de riesgo de la familia en cuestión y decide la ayuda a proporcionar. Desde ese momento se fija una hora para que venga a recoger la comida, y se establece un contacto continuo por llamada telefónica y así ver cómo sigue el proceso. Las ‘Madrinas’ hacen un seguimiento diario.

¿Cuántas comidas podéis proporcionar durante una semana? y ¿Cuántas familias os han contactado?

Actualmente estamos dando comida a unas 700 familias y atendemos a unas 400 personas sin hogar. Repartimos aproximadamente 120 cubas y 120 menús calientes cada día, incluso en ciertos casos nos trasladamos nosotros y se lo llevamos. La recogida es semanal para las familias y diaria para las personas sin hogar, aunque también hay un control por llamadas. Saben que pueden llamar y pedir lo que necesiten si es más urgente.

Normalmente lo que damos es una cesta de comida en la que hay legumbres, arroz, carne o pescado y, si se solicita, productos de higiene como geles o champú. Incluso, se ha dado el caso de usuarios que si ven que no necesitan cualquier producto nos lo devuelven para que podamos dárselo a otra persona.

¿Cómo ves la reacción social? ¿Qué ambiente vivís cada día?

El ambiente es muy positivo y el barrio ha respondido muy bien. Cada día recibimos alguna donación, de comida o económica y eso es algo increíble. Sobre todo, es destacable que las personas que colaboran y las que vienen como usuarios tienen mucho en común. Todos son vecinos, se conocen y muchos de ellos vivían situaciones complicadas antes de la cuarentena. Esto les ha hecho retroceder un poco más. También hay un porcentaje de familias que antes de la pandemia vivían en una situación digamos normal, pero que por culpa de la crisis ahora necesitan algún tipo de ayuda. En resumen, no sólo atendemos a personas desfavorecidas. Podría ser yo mismo. No hay casi diferencia entre el que viene a por la cesta y el que la prepara.

Y en cuanto al afrontamiento de la crisis, ¿Habéis recibido donativos de material de protección contra el Covid-19?

Hemos recibido todo tipo de donaciones, incluso algunas económicas muy importantes que nos han permitido seguir ampliando el número de familias a atender. En cuanto a material de protección, nos han proporcionado mascarillas quirúrgicas, guantes, gel desinfectante y mascarillas de tela cosidas. Además, aunque el sustento de alimentos es la base principal de ‘La Cuba’, también hemos suministrado medidas de protección a las familias que lo han ido necesitando.

¿Qué dificultades se os han presentado durante el desarrollo del proyecto?

La principal problemática es que muchos aspectos de la iniciativa se han construído sobre la marcha. Hemos sido muy resolutivos y al haber acudido a nosotros tantas familias hemos tenido que improvisar. Si una persona necesita ayuda inmediata no podemos hacerle esperar para tomar una decisión. Actualmente ya hemos solventado ese problema. Tenemos protocolos de actuación, los departamentos funcionan y todo está yendo bastante bien.

En cuanto a tus labores como voluntario, ¿Cómo es un día de trabajo en ‘La Cuba’?

Depende del perfil del voluntario. Por ejemplo, hay personas que sólo pueden venir una serie de días y se organizan contestando al teléfono, cargando mercancía o repartiendo. Por otro lado, estamos los que nos hemos comprometido un poquito más y hacemos de todo. Cualquier persona que esté interesada en colaborar puede venir y ver cómo trabajamos. No hay un líder, sino que todos vamos gestionando las situaciones según llegan.

En mi caso, lo primero que hago al levantarme por las mañanas es revisar el correo, repaso cuáles son las tareas más urgentes y un par de días a la semana voy al Teatro del Barrio para ayudar en el reparto de comida. También colaboro en la distribución de calle para las personas sin hogar.

Es difícil saber cuándo se establecerá la ‘nueva normalidad’ pero, ¿Crees que la iniciativa seguirá adelante una vez llegue ese momento?

Somos conscientes de que los voluntarios que tenemos recuperarán sus trabajos, incluído yo, y no podremos dedicarnos al cien por cien al proyecto. Sin embargo, creo que la plataforma no se va a disolver sin más, seguramente no se desarrollará igual, pero de momento hay que vivir el presente. Ver qué necesidades van surgiendo y cómo podemos resolverlas.

Ahora estamos centrando todas nuestras fuerzas en el desarrollo de ‘La Cuba’ y esperamos que, cuando mejore la situación, la mayoría de las familias que atendemos, con suerte, no necesitarán tanta ayuda y podremos aligerar el trabajo. Es difícil saber cómo va a evolucionar la plataforma.

Al igual que el resto de colaboradores eres vecino de Lavapiés, ¿Qué te impulsó a participar en ‘La Cuba’?, ¿Has realizado otros voluntariados anteriormente?

Sí, yo vivo en Lavapiés desde hace unos tres o cuatro años y cuando llegó la pandemia no tardé mucho en enterarme de que había una iniciativa en el barrio. Pensaba en qué podía hacer para ayudar y decidí contactar con ellos, eran demasiados factores como para quedarme al margen y no colaborar. En cuanto a proyectos anteriores, estuve en un voluntariado europeo. Pero sorprendentemente esta iniciativa funciona mucho mejor que en otros sitios en los que he estado. Quiero decir que a pesar de ser una situación urgente hemos funcionado muy bien.

A nivel personal, ¿Qué significa para ti esta iniciativa?

 Colaborar en ‘La Cuba’ me ha aportado mucho; tanto a conocer más el barrio como a desarrollar habilidades personales súper importantes. También me ha ayudado a aprender cómo se desarrollan este tipo de iniciativas solidarias y cómo se organizan. Para mí ya sólo por eso merece la pena. Siendo voluntario creces mucho como persona y como profesional y, sobre todo, descubres la importancia que tiene poner tu ‘granito de arena’.

En general solemos tener una idea distorsionada en la que pensamos que las personas que viven un momento complicado están muy alejadas de nuestra realidad, y que nosotros no podemos llegar a estar así. Yo he visto claramente que nos puede pasar a cualquiera y que, por consiguiente, cualquier persona puede ayudar. En una época en la que hay muchísima desesperanza, porque cada día hay malas noticias e injusticias, proyectos como ‘La Cuba’ demuestran que siempre se pueden hacer cosas, por muy pequeñas que sean, para mejorar la situación.

 

 

 

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