Estela Bartol Martín,voluntaria en ACCEM como profesora de español para personas refugiadas

“Hacer voluntariado es una forma de quitarse prejuicios, conocer una realidad más de cerca”

En 2019, España recibió 118.264 solicitudes de asilo, cifra que duplicaba a la del año anterior. Sólo un pequeño porcentaje de esa cifra se resuelve favorablemente y las personas tienen que empezar de cero en un país que no es el suyo.

Estela Bartol (Cantabria, 1986) prefiere referirse a su alumnado como “estudiantes”, no sólo como “personas refugiadas”. Ella forma parte del voluntariado de ACCEM como profesora de lengua española para quienes están en el país bajo la condición de refugiados y refugiadas y en una situación de alta vulnerabilidad.

 

 En Entrevistas, PVE
POR MAURICIO H. CERVANTES

Con formación en la enseñanza de español como lengua extranjera y con experiencia internacional, Estela realiza una vez a la semana un voluntariado que para ella es mucho más que “enseñar una lengua”. Es darle una herramienta a las personas para que puedan abrir todas las puertas posibles en su proceso de integración al país de acogida. Para que finalmente se puedan valer por ellas mismas.

Sabe bien lo que se siente al ser extranjera, pues ha trabajado y estudiado en Francia, Estados Unidos, y Canadá. También, lo que cuesta aprender una lengua. Y que los choques interculturales, cuando estás fuera de casa, son imprevisibles. Por eso, para ella, quienes repiten a voluntad un curso por el sólo anhelo de reforzar sus conocimientos, por aprender más y mejor, y por poder integrarse a la sociedad que los ha recibido, es algo “sumamente elogiable y admirable”.

Hay muchas puertas que difícilmente se abren en un país extranjero cuando se desconoce el idioma. ¿De qué manera su trabajo ayuda?

Claro que puedes vivir en un país sin hablar su lengua. Se puede, pero resulta muy limitado. Porque sólo te puedes comunicar con la gente de tu mismo entorno u origen. Tus opciones son mínimas. En términos generales, los refugiados suelen conocer a gente de su mismo país, a gente que habla su misma lengua, por eso es importante que aprendan la lengua del país de acogida, para que puedan tener más opciones en la vida. Y no sólo que puedan abrir más puertas para buscar un trabajo o alquilar un piso, sino para que puedan adaptarse e integrarse dentro de la cultura de acogida. Aprender un idioma nuevo no sólo es una ayuda, es la oportunidad de ser independiente. Y ese, me parece, es nuestro fin último: que los refugiados se valgan por ellos mismos.

Enseña español a personas refugiadas, de distintos orígenes y edades. Un trabajo, sin duda, retador.

Uno de los retos más importantes de dar clases a personas refugiadas es que los grupos de estudiantes son muy heterogéneos.

Cuando das clase a un grupo homogéneo, todos (o la mayoría) tienen la misma lengua materna, prácticamente la misma cultura y, en términos generales, una visión sobre el mundo muy similar. Pero cuando el grupo está nutrido de personas de distintos países, orígenes y edades, y experiencias de vida, el reto es mucho mayor. Sin embargo, eso suele ser muy enriquecedor. He tenido grupos en los que hay estudiantes que pueden tener desde 18 hasta 60 años (o más).

Les enseño español utilizando elementos comunes, cosas con las que todos nos podemos identificar. Por ejemplo, que todos estamos en España, que todos estamos en Madrid, y con base en eso, busco elementos para compartir. Pero también es cierto que trato de que no se queden atrás sus diferencias, porque éstas son muy enriquecedoras. De esa manera es como podemos comparar a la cultura española con la de su país de origen, y así, muchas veces, es como los alumnos comienzan a interactuar entre ellos mismos.

¿Qué es lo más gratificante?

Lo más gratificante es el trato con los estudiantes y ser testigo del progreso que tienen con el idioma. La mayoría de ellas son personas en situaciones de vulnerabilidad, y para los que aprender una lengua extranjera es algo muy extraño y difícil. Por eso, ver sus progresos resulta inspirador.

Historias que te han marcado…

Trato de no preguntar cosas personales. Entiendo que eso puede ser muy invasivo. Pero sí que me ha llamado la atención una comunidad en particular: la de origen chino. Son personas que llevan en España ya un año, o incluso dos, y aún no hablan español. Sin embargo, están muy motivados, son muy trabajadores . Saben que están enfrentándose a una lengua muy difícil para ellos, y que es muy distinta a la que conocen y usan todos los días. Pese a eso, deciden continuar. Y lo hacen por todos los medios. Eso lo valoro muchísimo.

Los estudiantes de esa comunidad tienen que pasar primero por los cursos de alfabetización. Necesitan, antes de comenzar a conocer los contenidos de la lengua, aprender el alfabeto. Además, tienen que aprender sonidos y pronunciaciones que hasta ese momento les son desconocidos. Eso es algo por lo que estudiantes provenientes de países en los que la lengua materna utiliza el alfabeto latino, por ejemplo, no tienen que vivir. Ellos, los estudiantes de la comunidad china, parten desde un punto muy básico, porque su lengua estructuralmente es muy distinta a la que aprenden aquí.

Por otra parte, te confieso que, sin quitarle importancia a sus duras vivencias, mi experiencia ha sido muy positiva con ellos. He conocido a gente muy motivada, con unas increíbles ganas de aprender.

Otras experiencias sorprendentes.

Ver a gente mayor de 60 años intentando aprender una lengua extranjera. Eso me ha impresionado y me ha sorprendido, porque, pese a que les cuesta más, tienen una actitud extraordinaria. He visto personas que repiten el mismo curso una y otra vez, sólo por la motivación de aprender. Son personas que quieren estar aquí, que quieren conocer a otros estudiantes. Logran tener una rutina y van todos los días a clase. Y eso es algo que hay que elogiar, porque lo fácil sería quedarse en casa y no hacer nada. Representa un esfuerzo admirable.

Has estado en contacto con personas que han vivido situaciones inimaginables en Europa, ¿cómo te ha cambiado eso?

Para mí esta experiencia ha sido muy enriquecedora. Hacer un voluntariado, en general, es una forma de ser más empático, de ser más tolerante, de quitarse prejuicios, de conocer una realidad más de cerca. Más, cuando se hace con personas refugiadas. Desde mi perspectiva, eso es algo que siempre va a ser positivo.

Conocer una crisis como la de las personas refugiadas te hace más realista, te muestra todo de una manera más tangible.

Una de las razones por las que pedí este voluntariado fue porque ya conocía los contextos multilingües, y me gusta trabajar de esa manera. Había trabajado en universidades extranjeras, con gente de distintas nacionalidades. Y yo era inmigrante en esos momentos. Por eso pensaba que ahora no me sorprendería, pero ha sucedido todo lo contrario. De lo que más me he sorprendido es de cómo los estudiantes con distintos estilos de vida se comunican entre ellos. Y no sólo con el profesor, sino que lo hacen entre ellos mismos. Se ayudan.

Veo que hay gente muy tolerante, y para mí eso es de lo más positivo en estos cursos. Porque no sólo van a clase a aprender una lengua y una cultura, crean también una pequeña familia dentro de ese espacio. Allí pueden preguntar si algo no han entendido en clase o fuera de ella. Se crean contextos muy bonitos.

¿Algún caso destacable que quieras compartir?

Por ejemplo, recuerdo que un estudiante que está dentro de un equipo de fútbol se acercó a mi un día con una duda peculiar. Él juega al fútbol con otros chicos (españoles y de habla hispana) y con ellos escucha cómo se habla en la calle. El punto es que un día y me dijo… “hay un jugador que siempre me responde ‘de puta madre’ cuando le pregunto que qué tal está. ¡Y se ríe! ¿Eso es malo, cierto? Yo entiendo que ‘puta’ es algo malo, más cuando va acompañado de ‘madre’”. El hecho de que tengan la confianza para acercarse y preguntar ese tipo de dudas, de que sientan la seguridad para hacerlo, y de conocer más sobre estos choques interculturales, es muy importante.

El mundo parece estar cada vez más polarizado. ¿Cómo adviertes que será el futuro para los refugiados?

El futuro de los refugiados, en un mundo tan polarizado y con una crisis compleja, no advierte una solución fácil. Desafortunadamente es algo que lleva ocurriendo muchos años ya, sobre todo éstos últimos. No sé cual sea la solución política, económica o social, pero lo que sí considero es que el contacto con una realidad puede ayudar a medir las dimensiones de ese fenómeno.

El voluntariado te permite interactuar directamente con las personas, te acerca mucho más a ellas y a su realidad. Así, dejan de ser sólo imágenes en un periódico o en el telediario. De esa manera, una situación tan global como lo es una crisis de refugiados puede verse desde una perspectiva más específica.

Por otra parte, hay un discurso anti- inmigración que lleva años repitiéndose y que hace que en la sociedad exista un cierto rechazo por parte de algunas personas, aunque creo que ese rechazo muchas veces es fruto del desconocimiento. Uno puede tener los ideales que quiera, pero cuando tratas directamente con las personas implicadas, tus opiniones están mucho más fundamentadas.

Además, algunos españoles somos bastante dados a dar opiniones fuertes sobre temas que no conocemos en profundidad. Desde mi punto de vista, un voluntariado ayuda a conocer una situación tan compleja con más detalle.

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