La visión dominante sobre la práctica de la solidaridad hoy es la siguiente: la solidaridad es algo extraordinario, que por lo mismo se desarolla fuera de los espacios y los tiempos ordinarios, fuera dle estudio, del trabajo, del consumo, del ocio, de la familia, de la participación política.
Esta visión configura una solidaridad «finsemanista»: dedicamos cinco días a vivir la realidad insolidaria y dos días a generar solidaridad. Es como pretender vaciar el mar con un cubo.
En particular, el ámbito político llega a ponerse en contradicción con la práctica solidaria: para ser solidarios, hay que buscar espacios no-políticos, hasta anti-políticos.
Imanol Zubero en su charla «Solidaridad y participación socio-política» recogida en el libro «Hacia una sociedad más solidaria» de Alboan.