Juana Borrego, presidenta y fundadora de FEMUR (Federación de la Mujer Rural)

“Sin las mujeres, la España rural está perdida”

“Tengo historias como para escribir tres libros”, nos confiesa Juana Borrego Izquierdo (Salamanca, 1949), a quien no le han faltado distinciones, ni experiencias nacionales e internacionales. Fue senadora (2000-2011) y alcaldesa de Hontalbilla (Segovia), entre otros cargos políticos. Sin embargo, su gran lucha ha sido por la reivindicación del papel la mujer en el desarrollo de la España que lleva décadas desangrándose por la despoblación. En la España rural.

 En Entrevistas, PVE
Por Mauricio H. Cervantes

Desde la sede de FEMUR (Federación de la Mujer Rural) nos cuenta los retos y oportunidades que tienen hoy las mujeres en el campo, pero también habla sobre las crudas realidades a las que tienen que enfrentarse para salir adelante. Es una estupenda conversadora, sin embargo es contundente y si en algo insiste es en las palabras que dan vida al titular de esta entrevista.

Después de cuatro décadas defendiendo los derechos de la mujer rural, ¿cómo la definiría?

La mujer rural es sincera y recia. En ella existe un heroísmo secreto y humilde, pero también admirable, porque puede combatir en cualquier lucha para sacar adelante a su familia. Creo que las mujeres rurales poco tienen que envidiar a las heroínas de la Historia. Siempre dan la cara, pese a las incertidumbres y las penas que pueden llegar como niebla a sus corazones. Su coraje es envidiable, porque pese al escaso dinero que llega a sus casas, entre otros tantos infortunios, salen adelante con lo que sea.

Mucha gente en las ciudades desconoce las grandes historias de mujeres luchadoras que hay detrás de los muros en las casas rurales. Personalmente he aprendido mucho de ellas, las he visto luchar día a día y contra todo.

¿Cuál es la situación de las mujeres rurales hoy en España?

Ha avanzado muchísimo en los últimos años, porque antes eran prácticamente invisibles. Ninguna recibía nada por su trabajo. Aquello era, sencillamente, una explotación.

Con la Ley de Titularidad Compartida (una ley que favorece la igualdad real y efectiva de las mujeres en el medio rural, con un reconocimiento jurídico y económico por sus actividades) hemos logrado que muchas mujeres puedan vivir mejor. Este programa les permite tener seguridad social y una pensión. Les brinda cierta protección ante separaciones o divorcios. Con ello pueden tener un ingreso y, sobre todo, el reconocimiento real por su trabajo. Eso es importantísimo.

No obstante, aún hay muchas mujeres que no conocen el programa o que no se atreven a registrarse. Aún hay mucho miedo a lo que significa ser una mujer independiente. Pero estamos luchando por darlo a conocer y por impulsarlo desde las organizaciones.

Emprender como mujer en el entorno rural…

Emprender como mujer cuesta más. Eso que quede claro. No hay condiciones favorables para que las mujeres creen una vida independiente y propia. En el caso de los hombres es mucho más fácil, porque aún prevalece la cultura machista.

Muchas de  ellas todavía tienen que darle explicaciones al marido, o a la pareja, de porqué quieren montar una empresa, por ejemplo. La mujer tiene que vencer muchas más dificultades que el hombre. Muchas aún tienen miedo de lo que puedan opinar de ellas por querer un poco más de independencia, o por querer explotar sus capacidades laborales.

El trabajo de la mujer ha sido invisible durante muchísimo tiempo. Y eso tiene que cambiar.

¿Cómo se lleva la conciliación familiar en el campo?

Por mucha igualdad que queramos, es la mujer la que mantiene en pie el hogar.

Durante la pandemia, a ellas se les han multiplicado las responsabilidades, porque además de seguir haciendo de enfermeras, cocineras, administradoras de los gastos e ingresos del hogar, han sido precisamente ellas quienes han tenido que mantener la salud emocional de la familia.

El trabajo dentro del hogar es muy duro. Además, muchas también realizan trabajos de agricultura o ganadería. Pero ¿sabes qué es lo más duro? Que muchas veces su labor no es reconocida por sus parejas o por sus hijos. No te imaginas la cantidad de casos que hay de mujeres maltratadas e infravaloradas.

¿Qué lugar ocupan las mujeres en la recuperación y el desarrollo en las zonas que más sufren por la despoblación?

Mira, te lo voy a dejar claro: el reto que tenemos en FEMUR es que la mujer rural pertenezca a una sociedad rural del futuro. Me refiero a una sociedad más humana, igualitaria, con mayor progreso, y más sostenible.

Las que vivimos en los pueblos tenemos que luchar contra la despoblación, contra el envejecimiento de nuestros habitantes, así como contra el éxodo de los jóvenes que se marchan de aquí porque no encuentran trabajo, y contra la baja natalidad. Pero también tenemos que luchar, todos los días, contra algo aún más fuerte: el machismo.

Por eso queremos que las mujeres exploten todo su potencial y logren su sueño de vivir dignamente en los pueblos. Que se reconozca su labor, porque ellas son la columna vertebral de los hogares en el entorno rural. Ellas son las que trabajan como cocineras, como sastres, como administradoras, como educadoras ayudando a los hijos con los deberes, trabajan la tierra, llevan los negocios que aún quedan…

En pocas palabras: sin la mujer, la España rural está perdida.

Desafortunadamente, cada día hay menos mujeres jóvenes en los pueblos. Muchas terminan yéndose a la ciudad a malvivir. Aún queda mucho potencial dormido en los pueblos. Sólo necesitamos saber cómo aprovecharlo. ¡Aquí hay mucho trabajo, sólo hay que saber cómo sacarle provecho! En el campo tal vez no se tengan tantas cosas como en la ciudad, pero aquí con menos se tiene una mejor calidad de vida. Así de claro: aquí hay trabajo, y el trabajo dignifica. Eso es muchísimo mejor a vivir de la limosna.

Vamos a un tema muy duro: la violencia de género.

Las mujeres están silenciadas por el machismo que está instalado en nuestra sociedad. Son muchas las que lo padecen.

No te imaginas los casos de maltrato que aún existen en el entorno rural. Pero lo peor es que gran parte de eso está silenciado. Y sucede porque muchas mujeres tienen miedo a dar la cara, porque saben lo que les espera a la vuelta en casa después de haber denunciado o de haber hablado con alguien más sobre el maltrato que viven.

El maltrato físico es tremendo, es inconcebible, pero el maltrato psicológico no lo es menos. Es denigrante, es continuado, mata poco a poco. Hemos tenido casos de mujeres de edad avanzada que han venido a pedirnos ayuda porque no pueden más con sus maridos. Hay señoras que llegan desesperadas porque los esposos las persiguen con cuchillos. Las amenazan. Y cosas peores.

Hemos visto situaciones dramáticas, como el de una chica que había sufrido abusos sexuales por parte de uno de sus familiares. ¡Lo peor es que había quien sabía de esa situación, dentro de la misma familia, y jamás hicieron algo al respecto! Por desgracia, aún queda mucho de aquello de “es mejor quedarse calladita”. A ese silencio me refiero.

¿Cuál es la solución, además de las medidas legales correspondientes en cada caso?

La educación. Porque en el respeto está la igualdad. Y eso se tiene que enseñar desde la infancia.

Hemos visto casos de abusos con resultados inimaginables e inadmisibles. Sólo educándonos podremos construir sociedades más sanas, y verdaderamente iguales entre hombres y mujeres.

 Entonces ¿en la educación está la clave para el desarrollo del campo?

Por supuesto. Y en el trabajo. Hay que enseñar a los niños a respetar a sus madres y a todas las mujeres, pero también hay que enseñarles a respetar a todos los miembros de la sociedad.

Por otra parte, es necesario que se enseñe el valor de la agricultura, del tema forestal, de la importancia de nuestros recursos. ¡¿Sabes que hay niños que no saben de dónde viene la leche?! Claro, pues nunca les han enseñado la importancia de la ganadería, de los alimentos, etcétera.

Desde los primeros años en el colegio debería de fomentarse todo esto, porque sólo así las nuevas generaciones podrán comprender el enorme valor que tienen el campo y sus recursos. Sólo así podremos cumplir nuestros objetivos de crear más oportunidades laborales y de vivienda en los pueblos. Sólo así podremos frenar la despoblación.

¿Y el papel de la mujer?

El papel de la mujer en el desarrollo rural es imprescindible. Es muy importante tenerla incluida en todas las políticas. Ellas son el pilar de las familias en los pueblos y en la sociedad. Las mujeres son emprendedoras, son luchadoras.

Ahora, hay que entender que la vida en el campo no es fácil. Aquí nadie te regala nada.

 ¿Qué papel juega el voluntariado en la transformación de la España rural?

Yo misma soy voluntaria. La Federación es el ejemplo mismo, y así ha sido desde su fundación. Son miles de mujeres voluntarias las que están trabajando en casi todos los pueblos de España.

El voluntariado rural ayuda a las personas más necesitadas, a la vecina de al lado, a la que tiene que ir al médico, a la que tiene que hacer la compra, etcétera.

Para comunicarnos lo hacemos por Whatsapp. No todas tienen ordenador, pero sí que tienen teléfono. Y así como le damos difusión a todos nuestros eventos, como si hacemos algún simposio o algún taller. Estamos conectadas más de 1.500 asociaciones.

¿Con qué otras dificultades se encuentran las mujeres rurales en España?

Las mujeres rurales necesitamos más comunicaciones. Aún hay dificultades para desplazarnos. Es verdad que hay autobuses, pero en realidad los servicios son muy limitados. En el entorno rural aún hay grandes carencias.

La educación, por ejemplo, tampoco es perfecta, porque faltan maestros. También hacen falta personas en la Sanidad.

Por eso vemos que hay muchas madres que hacen de maestras ayudando a sus hijos con los deberes y para formarlos. O que hacen de enfermeras, porque muchas veces el centro de salud queda a 10 o 12 kilómetros de los pueblos. Esas son cuestiones urgentes.

Respecto a lo forestal, tenemos un montón de proyectos para huertos, porque hay mucha tierra que puede producir. Pero es verdad que el trabajo en el campo es duro, y cada vez hay menos mujeres jóvenes que quieran trabajar en él.

Por otra parte, me gustaría agregar que la gente en el pueblo ayuda mucho más que en la ciudad. En las ciudades muchas veces uno no conoce a sus vecinos.

¿Cómo se ve en lo rural por ejemplo la política?

La política sirve muchísimo para ayudar a la gente… siempre y cuando uno así lo quiera. Lo cierto es que ya no hay políticos como los de antes.

Cuéntenos un poco sobre sus experiencias internacionales.

Con la federación hemos estado en muchos países, y afortunadamente hemos podido ayudar muchísimo. México, Perú, Bolivia, Marruecos, Líbano, etcétera.

Te cuento una experiencia con un programa de cooperación en Perú. Fuimos 12 mujeres rurales y 12 universitarias a trabajar y a convivir con mujeres rurales de allí (todas las voluntarias se pagaron ellas mismas sus gastos y el viaje). Las conocimos, pudimos ver y comprender sus necesidades y los problemas a los que se enfrentan, y, lo más importante: las pudimos ayudar. Les enseñamos, primero, cuestiones de higiene: la importancia de lavarse las manos, que los niños fuesen limpios a la escuela, etcétera. También, donamos mantas y les compramos sábanas para las camas de los hospitales. A muchas les enseñamos corte y confección para que pudieran hacerse una falda aprovechando otra prenda. A otras les dimos cazuelas y ollas.

Fue una experiencia muy importante y muy enriquecedora. Nos recibieron con honores, con el himno de España y con el suyo, y nos trataron con mucho cariño.

También pertenecen a la red euromediterránea de voluntariado

Me gusta mucho que podamos ayudar mujeres en otros países.

En Marruecos, por ejemplo, construimos un centro de formación para enseñarles a trabajar con programas de Internet y a que supieran utilizar un ordenador. Eso les permitirá defenderse en una oficina. Y lo hicimos con el compromiso del ministro de trabajo de Marruecos de que cuando ellas terminaran la formación se pudieran colocar en algún puesto de trabajo. Claro, muchas nos decían “¿de qué sirve formarme si luego no voy a encontrar trabajo?”. Afortunadamente, el objetivo se ha cumplido: muchas de ellas ya están trabajando.

Más experiencias en las que el voluntariado de FEMUR haya contribuído a transformar la sociedad

En Líbano estuvimos justo después de la guerra. Algunas partes de las ciudades aún estaban destrozadas por los bombardeos. Allí estuvimos trabajando con asociaciones  de mujeres rurales libanesas. Uno de los grandes logros con ellas fue que les enseñamos a hacer jabón. Sí, jabón, porque muchas no podían comprarlo, debido a los precios prohibitivos. Las mujeres rurales españolas les enseñaron a hacer jabón con sosa y aceite usado. A día de hoy, siguen muy agradecidas. Me cuentan que ahora les ponen flores y aromas.

Por otro lado, en Bolivia, durante la época de Evo Morales, hicimos un proyecto para llevar agua a varios poblados a los que directamente no llegaba. Las mujeres tenían que ir a buscarla a varios kilómetros de sus casas.

Y en México ayudamos con el tema de al violencia doméstica.

En fin, tengo historias como para escribir tres libros.

 

 

 

 

 

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