Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas Española

“Ojalá podamos lograr una sociedad más unida, integrada y solidaria”

Hoy, en España, tener un empleo no garantiza estar fuera de riesgo de caer en una situación de pobreza y exclusión social. Esa ha sido una de las conclusiones más desgarradoras del reciente informe sobre la pobreza de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (FOESSA). Y, por desgracia, la pandemia sólo ha acrecentado las dificultades para los 2,5 millones de personas trabajadoras que están en una situación muy vulnerable.

 En Entrevistas, PVE
Natalia Peiro. / Cáritas
Por Mauricio H. Cervantes

Al respecto, y en el marco del Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza y el Día de las Personas Sin Hogar que se han conmemorado en este mes de octubre, hemos charlado con Natalia Peiro (Madrid, 1975), la secretaria general de Cáritas Española (la primera mujer en ocupar ese puesto). Alguien que no olvida que incluso en los escenarios de mayor destrucción y de dificultades siempre hay una esperanza.

¿Cuál es la escena más conmovedora que recuerda en 18 años que lleva ligada a Cáritas?

Bueno yo no puedo olvidar, y no olvidaré jamás, mi visita a Haití en 2010. Fue justo después del terremoto.

Me conmovió muchísimo la oposición de realidades. La destrucción que vi allí no es algo fácil de digerir. Por una parte, había una realidad tremenda, llena de destrucción, pero por otra veía esperanza en los compañeros de Cáritas Haití, en la resiliencia y la empatía que tenían con los más afectados. Era algo que se sentía en todos los que estábamos allí para ayudar. Tenía un sentimiento muy contradictorio. Y todas las noches lo hablábamos sobre eso. Incluso, recuerdo que cuando me marché de allí, fue subirme al avión y ponerme a llorar. Había hecho un recuento de lo que había visto y vivido.

Por otra parte, en España me conmueve muchísimo el silencio y la discreción de las personas que hacen posible Cáritas. No se pueden dejar de lado los momentos en los que los voluntarios te cuentan sus experiencias. Por ejemplo, cuando una mujer contó, dentro de una reunión, que en casa le dicen “Pero mamá, ¿cómo puedes seguir yendo a ayudar tanto a los demás, y quedarte allí hasta las tantas?”. (Hace una pausa) Mira, para mí, estar con esas personas, escucharlas, me da la vida. Me conmueve que ellas, contra todo pronóstico y muchas veces contra la opinión de sus familiares, continúan con el voluntariado.

Me conmueve porque es el sentido de sus vidas, así te lo dicen. Y no puedo ser indiferente a eso.

Hablemos de la situación de España hoy. Hay 2,5 millones de personas con trabajo en situación de pobreza.

Desgraciadamente, hoy esos 2,5 millones de personas no pueden realizar un proyecto de vida porque no han encontrado un trabajo a tiempo completo, o los contratos que tienen son muy precarios e inestables. Hoy, tener un empleo no garantiza no estar en situación de pobreza. Del millón y medio de personas que acuden a Cáritas, 1 de cada 4 ya no recibe ningún tipo de ingreso. También, hemos visto que se han triplicado las demandas de ayuda. Por eso, en Cáritas creemos en los proyectos a largo plazo, en una recuperación más completa de las personas, no sólo en una ayuda puntual. Nuestro objetivo es que la gente salga de esa situación tan vulnerable.

¿Cuál es el papel de Cáritas frente a la reconstrucción de España ante esta crisis?

Siempre estaremos llegando allí a donde otros no pueden llegar. Estamos y estaremos con la gente que más lo necesita. Es un papel fundamental y no lo abandonaremos. Pero es verdad que en situaciones así, lo que buscamos es también ser parte de la solución del problema. No queremos sólo dar a alguien de comer, y que esa persona siga igual. No. Nosotros también hacemos lo que llamamos ‘caridad política’. Es decir, hacer propuestas políticas más estructurales. Queremos que cambien las cosas. Hacemos propuestas políticas sobre desarrollo económico. Ya lo hicimos durante la crisis anterior.

Siempre hemos dicho que el empleo no es suficiente. Hace falta más. También falta más vivienda social. Hablo de vivienda y de empleo porque son las primeras llaves para la integración social. Pero también hemos hecho propuestas de cambios legislativos en cuanto al empadronamiento, y a la regularización de personas que tras haber perdido el trabajo se han quedado en situación de irregularidad sobrevenida. También, propuestas para personas sin hogar. Y, por supuesto, para a las que trabajan en el hogar (sobre todo, cuidadoras de personas mayores), para que tengan garantizados sus derechos cuando están en desempleo o durante una baja médica, igual que las que están en régimen general.

Hablemos de solidaridad en tiempos de crisis y de aporofobia (el rechazo a los más desfavorecidos)

El año pasado presentábamos el informe FOESSA en el que llevábamos cinco años de recuperación económica. En ese informe veíamos que la crisis había fomentado la solidaridad, pero también nos percatamos de que se había llegado a una fatiga de la misma. Me refiero a la solidaridad de tener que ayudar a tus familiares, de acoger a tus hijos de nuevo en casa, de hacerte cargo de gastos de amigos o familiares, porque la crisis golpeó muy fuerte. Es decir, el crecimiento económico, después de la recuperación, derivó en lo que hemos calificado como una ‘sociedad desvinculada’. Una en la que el miedo a la pérdida de estatus, y la fatiga de la solidaridad, hizo que quienes ya estaban recuperándose de los efectos de la crisis no quisiesen mirar para atrás para ayudar a los que se habían ido quedando en el camino.

Esa desvinculación nos parece muy preocupante. Sin embargo, al parecer esta nueva crisis ha fomentado nuevamente los lazos de solidaridad y de empatía. Ojalá la gente vuelva a abrir los ojos a la realidad de las personas que madrugan, que se esfuerzan, que trabajan, y que quieren aportar a la sociedad, pero que a veces no tienen los mismos derechos y garantías para vivir de una manera más integrada. En Cáritas, como iglesia que somos, hemos recibido con mucha alegría la encíclica del Papa, en la que nos invita a soñar con que el mundo sí puede ser un lugar de hermanos y un sitio mucho mejor. Nunca hay que perder la esperanza, ni caer en la fatalidad de creer que en la sociedad ya no estamos vinculados. Hay que seguir creyendo que todas las personas tenemos dignidad. Y ojalá podamos olvidar la palabra ‘aporofobia’ y de verdad caminar hacia la construcción de una sociedad más unida, más integrada y solidaria.

Mirar y hacerte cargo de los que no tienen la misma suerte que tú, me parece algo de suma importancia. Dejarse mover por el miedo no tiene sentido.

Si algo nos enseñó la pandemia es que un estornudo en China o en Madrid no tardará en repercutir en Nueva York o en Buenos Aires.

La pandemia nos ha dejado claro que esta es una crisis global. Pero me parece que no estamos tomando en cuenta que hay países que están mucho peor que nosotros. Y que no por estar lejos son ajenos a la realidad que estamos viviendo. Por eso considero que hay que fomentar y fortalecer la cooperación internacional y las redes de solidaridad mutua.

Hablando de cooperación internacional, ¿cuál es el papel de Cáritas?

Sólo teniendo miradas más abiertas podremos salir adelante. Cáritas es una red mundial y trabajamos en 165 países, y tanto en la crisis anterior como en esta que nos ha golpeado tanto nos hemos mantenido muy firmes en nuestro compromiso universal. Creemos que todas las personas tienen los mismos derechos, y no los tienen ni más ni menos por el lugar en el que nacieron o por el puesto de trabajo que tengan. Y también creemos que todos tienen derecho a vivir en otro lugar.

Hay que tener en cuenta que muchas fronteras son lugares de gran vulnerabilidad, donde hay mucho sufrimiento, y en donde las condiciones de vida son muy difíciles. Esas situaciones nos hacen ser conscientes de que muchas veces el malestar en algunas partes del mundo tiene que ver con el bienestar de otros.

En vez de unir esfuerzos, parece que la pandemia nos ha llevado a una guerra política

Para solucionar una crisis como la que estamos viviendo es necesario tener una mirada de luces largas y a largo plazo. Desafortunadamente, muchos políticos son cortoplacistas, y los medios de comunicación tampoco ayudan a fomentar la existencia de una mirada más amplia. Falta una mirada más abierta y serena, una que ayude a ver que el mundo puede ser un lugar mejor.

Yo no sé de dónde ha salido este virus, pero si algo nos ha dejado claro es que en una situación tan crítica como esta si no salimos todos juntos, entonces no saldrá nadie. Hay que confiar en la sociedad para que cada vez tengamos más empatía y mayor conocimiento sobre el otro. Porque la inmediatez, el cortoplacismo, se contagian, y no creo que debamos dejarle eso a las nuevas generaciones. Es momento de entender que todos somos necesarios, independientemente del dinero que se tenga, o del puesto de trabajo. Nadie es menos. Si en una situación así no somos capaces de ver que todos somos necesarios, entonces no sé qué más tendrá que suceder.

 El 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.  

Es un día en el que tendremos que celebrar los muchos avances que sí que se han producido en esta lucha. Cáritas, entre otras muchas organizaciones más, llevamos años trabajando para lograr que esos datos globales sean mejores. Es, sin duda, un día para poner en valor lo que llevamos años haciendo. Sin embargo, este está siendo un año muy complicado. La pandemia supone un retroceso grande en muchos países y poblaciones. Muchos de ellos, los más vulnerables. Estamos en un momento muy complicado y en una profunda crisis. Al final del año, una vez que se haya hecho el balance, veremos lo que realmente ha supuesto esta pandemia.

Pero, sin duda, se trata de un momento muy delicado.

Cáritas y el voluntariado. Son más de 80.000 personas ayudando. Se dice fácil, pero no lo es.

¡Es increíble! Se trata de personas que dedican lo mejor de ellas mismas para ayudar a otras. Hay perfiles muy variados, pero lo que me sorprende y conmueve es que se han adaptado a las nuevas circunstancias. En las parroquias han hecho ayuda telefónica. Muchos jóvenes han entregado ayudas a domicilio. El voluntariado es la puerta que nos permite llegar a todos los sitios en los que estamos. Los voluntarios, además de necesarios, representan los dones que más necesita aprovechar la sociedad. Son personas capaces de amar sin recibir nada económico. Dan lo mejor de ellos mismos. Dan su tiempo. No preguntan por los papeles de las personas a las que ayudan, o por el lugar de donde vienen. Ellos sólo están pendientes de poder brindar su ayuda.

Nuestros voluntarios no son gente que se centra en algo puntual o esporádico. Ellas son personas con objetivos de largo recorrido. Siempre están dispuestos a echar una mano a los demás.

 

 

 

 

 

 

 

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