Oscar Fondón Rodríguez, voluntario de la ONG Emerlan

“Las personas voluntarias estamos a la altura de cualquier situación»

La erupción del volcán de La Palma ha desatado una gran ola de solidaridad, un ejemplo más de que la ciudadanía se activa ante la necesidad. El voluntariado es la red que organiza esa corriente solidaria y buen ejemplo de ello es la labor que realizan personas voluntarias llegadas desde distintos puntos dispuestas a colaborar en las labores de emergencia en las zonas afectadas.

Esta acción voluntaria ante el volcán se desarrolla en tareas como acompañamiento a personas afectadas, labores de limpieza de cenizas, rescate de animales, alojamiento y cuidados, gestión de enseres y donaciones…

Una de esas personas que lleva varias semanas colaborando es Óscar Fondón, con amplia experiencia en rescate de personas junto con perros adiestrados.

 En Entrevistas, PVE

Por Mauricio H. Cervantes

Óscar (Arrecife, Lanzarote, 38 años), adiestrador canino, técnico sanitario de emergencia de profesión, ha sido voluntario desde los 16 años. Sus primeros pasos en el voluntariado los dio en Cruz Roja (Canarias). Hoy, lo hace en la ONG de Emergencias y Rescate de Lanzarote (Emerlan).

En primera persona, nos cuenta lo que es estar en la primera línea, tras la erupción del volcán La Palma hace más de 60 días. Él habla de un reto en el que ha tenido que hacer, incluso, de psicólogo para la gente que lo ha perdido todo tras el paso de la lava.

A grandes rasgos, ¿Cómo define su experiencia en el volcán La Palma?

Ha sido, y está siendo, algo impactante. Por una parte es impresionante ser testigo de un volcán en erupción. Es un espectáculo de la naturaleza que no siempre se puede apreciar. Pero lo cierto es que no puedes dejarte maravillar por eso, ya que estás allí para ayudar a la gente que lo está perdiendo todo. Es desolador ver cuando alguien se despide de sus cosas. Hablo de personas llorando tras besar los muros de sus casas, que saben que se están despidiendo de ellas. El hecho de ver a la gente con sus enseres entre brazos, sacando las escrituras de la casa, es duro. Ha sido una labor muy intensa en la que hemos hecho, incluso, de psicólogos.

¿Cuáles fueron sus labores en la primera línea?

Al principio, de acompañamiento. Estuvimos en los puntos de La Laguna, El Sombrero, San Borondón, y Fuencaliente. Allí hicimos recogida de enseres, ayudamos a las personas a sacar sus pertenencias mientras los iban desalojando, alimentamos y desalojamos animales también, y, finalmente, hicimos limpieza de tejados. Mientras trabajábamos, también teníamos que estar pendientes de la gente que de la noche a la mañana tenía que dejarlo todo. Es duro, pero esa es nuestra misión, para eso estamos allí, para ayudar. Y seguiremos hasta que nos indiquen lo contario. Mientras que la gente nos necesite, allí estaremos.

¿destacaría alguna experiencia concreta que le haya marcado durante estos rescates y acompañamientos?

Son muchas. Ves tantas situaciones…. La verdad, estamos preparados para que todo lo que vives allí no te afecte negativamente.

Pero sí que me conmovió cuando una mujer, a la que estábamos desalojando en situación de emergencia, no hacía más que sacar a sus plantas para salvarlas. Yo me preguntaba “¿pero si son plantas, solamente?”. Quizá yo no la entendía, pero en situaciones así te das cuenta de que cada quien tiene un apego distinto a sus cosas, a su espacio. Y eso hay que respetarlo, y sobre todo, comprenderlo, y ayudarles.

Otra situación que me marcó fue el rescate de dos tortugas. A sus dueños los habían desalojado, y a sus animales también. Pues resulta que este par de tortugas, de veinte años, se había escapado y no estaban donde deberían. Así que fuimos a buscarlas y finalmente las encontramos en medio de una casa.

Cuando parece que la situación está en calma, de pronto una erupción o una llamada de emergencia lo cambia todo. Cuéntenos cómo es una situación así.

Hay que estar preparado para lo inesperado. Y es que es así tal cual, en un momento parece que todo está tranquilo, pero si te avisan que hay que desalojar, debes de actuar de inmediato. Es cogerlo todo y salir corriendo. Mucha gente estaba confinada, no tenía luz (aunque estaban con generadores), y situaciones así lo complican todo un poco más. Pero, dentro del caos, sí que estamos bien organizados.

¿Cuál es la importancia del voluntariado en situaciones tan extremas como esta?

Me queda claro que las personas que hacemos un voluntariado, sin menospreciar a los profesionales, somos igual de profesionales que ellos. Somos gente preparada y comprometida, que sabemos ayudar, colaborar con personas, rescatar animales, y que estamos dispuestos a ayudar en cualquier labor. Estamos a la altura de cualquier situación. Los voluntarios ayudamos a cualquiera, a todo el mundo. Trabajamos hombro con hombro con gente de Protección civil, y todos estamos allí en la primera línea.

En mi opinión, los voluntarios también estamos para ayudar a paliar un poco el sufrimiento de la gente. Te repito, por la naturaleza de la situación, hemos tenido que hacer hasta de psicólogos, porque estamos allí mismo cuando la gente está despidiéndose de todas sus cosas, de sus casas, etcétera. Creo que los voluntarios tenemos la conciencia bien tranquila, gracias a que hacemos lo que está en nuestras manos para que quien nos necesita esté mejor. ¿Qué si hemos echado una mano? Claro, y bien echada. Y a veces con la ayuda de animales, como perros ante derrumbes.

Hablemos de la ayuda que brindan los animales en estas situaciones…

Los perros también son voluntarios (risas). Ellos buscan a personas vivas en ruinas o escombros. Los llevamos, de manera preventiva, en caso de que un edificio o alguna casa se hubiese derrumbado. Lo cierto es que al estar allí, los perros también nos dan compañía, y otros voluntarios se acercan a estar con ellos y eso, honestamente, también es ayuda.

¿Cómo responde la gente en las localidades donde han estado presentes con su labor de voluntariado?

Nos agradecen muchísimo. De hecho, recuerdo a una señora que de tanto que me agradecía yo ya no recordaba ni por qué lo hacía (risas). Nos agradecían por haber ido desde la otra punta de las Canarias, etcétera. Pero uno no piensa en esas cosas, uno está allí, te repito, para ayudar. Nada más. Mucha gente nos aplaudía, pero lo nuestro es ayudar sin esperar algo a cambio. Nuestro trabajo lo hacemos con el corazón.

¿Ha tenido miedo durante esta experiencia?

No, ninguno. Respeto sí. Respeto porque la lava lo sepulta todo. Pero miedo no, porque hay que conocer las rutas de evacuación, y si estás allí es porque estás preparado para ello. Lo que sí te puedo contar es que, al final de todo, nunca estás del todo preparado para una situación como esta. En un terremoto sabes que hay un par de réplicas, y ya luego actúas, pero aquí es constante, es todo el tiempo. 50 metros es lo que nos separa de la lava; a diez pasos la teníamos. Hay un militar al pie de la lava controlando la medición de los gases. Y si detecta algo que no está bien… inmediatamente, ¡todos para afuera!

 

 

 

 

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