E. H. psicóloga y voluntaria en el programa 'Cuidándonos' de la Federación de Mujeres Progresistas

“La violencia de género debería incluirse en el plan de estudios de los institutos”

El 30 de enero se conmemora el Día escolar de la paz y no violencia, un día que se apoya en la esperanza de un mundo mejor, sin violencia, y así se inculca desde las aulas.

Se tratan temas como el acoso escolar, pero también están presentes otros como la violencia de género, cuya prevención, según las personas expertas, debe abordarse desde edades tempranas.

Una de cada dos mujeres han sufrido violencia por el hecho de ser mujer, afectando esto a a 11.688.411 en España”, según el dato de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019 del Ministerio de Igualdad. Un dato que nos hace ver de golpe una realidad con la que debemos convivir diariamente. Desde la infancia.

 En Entrevistas, PVE

TATIANA OJEDA BERMÚDEZ

Tranquiliza, en parte, saber que hay una gran cantidad de personas voluntarias, profesionales y entidades que luchan para erradicar esa cifra y que utilizan todas las herramientas disponibles para intentar mejorar la situación de quienes la sufren en primera persona. La Federación de Mujeres Progresistas es un ejemplo de ello. Su programa “Cuidándonos” ayuda a difundir las enseñanzas de igualdad, respeto y compromiso social entre la juventud.

E. H. es psicóloga, voluntaria en ese programa, y en los meses de pandemia ha trabajado en el Hospital de La Paz, en Madrid. Pide que utilicemos sólo sus iniciales, no quiere hacer pública su identidad a la hora de contarnos su experiencia.

Con una implicación personal en la erradicación de la Violencia de Género, E. H. cree firmemente que las lecciones de género deberían ser una asignatura troncal en cualquier instituto.  Porque “cuando creamos gran parte de nuestra identidad es durante la adolescencia y cuando educas estás actuando desde la prevención, que es lo más importante”, nos comenta.

¿En qué consiste el programa “Cuidándonos” de la Federación de Mujeres Progresistas donde hace voluntariado?

Consiste en la promoción, formación y capacitación del voluntariado sociosanitario para la sensibilización y prevención de la violencia y la discriminación. Se focaliza en intentar reducir la violencia de género a través de actividades y talleres para jóvenes. Normalmente son talleres de sensibilización en institutos y las actividades son diversas: analizar el mito del amor romántico, analizar estereotipos del mundo de internet, publicidad sexista, taller de memes igualitarios, etc.

También analizamos fragmentos de películas y el uso habitual de las redes sociales. La idea es reflexionar sobre roles estereotipados, de femenino y masculino y otras formas de micromachismo. Una vez expuestos estos temas les haces reflexionar sobre la forma diferencial entre hombres y mujeres en los procesos de socialización y cómo esos procesos nos afectan a nuestras relaciones amorosas.

La pandemia habrá influido en la celebración de talleres presenciales, ¿Cuáles han sido las alternativas?

 Ha habido muchísimas alternativas. Se han impartido un montón de cursos online tanto para formar a las personas voluntarias y también a los trabajadores de la Federación. Las temáticas principales han sido género, igualdad y por supuesto violencia de género.

¿Qué reacción percibe en la juventud que acude a los talleres?

Tengo varias perspectivas. En uno de los casos me llamó la atención la acogida negativa de una de las clases. Nos vieron como personas externas que sólo íbamos a darles la charla y no lo acogieron demasiado bien; estaban bastante resistentes, a la defensiva y personalmente me dio bastante rabia. Sin embargo, esa reacción me hizo darme cuenta de la importancia que tienen este tipo de talleres. Me di cuenta de que la educación es la única manera de cambiar las cosas. Creo que lo más efectivo sería que estos talleres fueran algo habitual y no como una actividad que se realiza una vez al año.

Es decir, para usted debería existir, si cabe, una asignatura sobre género.

Efectivamente. En mi opinión estas lecciones deberían incluirse en el plan de estudios de los institutos. Piensa que cuando creamos gran parte de nuestra identidad es durante la adolescencia y cuando educas estás actuando desde la prevención, que es lo más importante. A través de la educación, los logros o los resultados se alcanzan muy a largo plazo.

Comentaba que tiene varias perspectivas de cómo se acogen estas actividades. ¿Cuál es la positiva?

Sí, recuerdo que impartimos uno de los talleres en una asociación social y cultural donde van adolescentes a hacer los deberes. Dimos una de nuestras charlas utilizando recortables y planteando la situación a través de juegos y ejercicios. Estos chicos y chicas lo acogieron fenomenal, fueron super participativos. Para mí fue muy satisfactorio, porque además yo creo que sí que conseguimos movilizar estas ideas en ellos. Al menos se quedaron con la duda y les hizo pensar. Con el objetivo de construir sus propias ideas sobre esa base.

Ha dicho en varias ocasiones que la adolescencia es una edad clave para desarrollar la mentalidad…

Sí, como hemos comentado es la edad en la que se construye la identidad. Conocer todos estos roles, estos estereotipos, tal como establecen las relaciones amorosas en la construcción social y cultural de lo femenino y de lo masculino es muy importante. Además, el gran acceso a contenidos digitales que hay hoy en día. Series y películas que normalizan ese mito del amor romántico confunde muchísimo.

¿Cómo empezó su voluntariado con la Federación de Mujeres Progresistas?

¿La verdad? buscando por internet. Yo quería ayudar como psicóloga en el ámbito de violencia de género y evidentemente me hubiera gustado trabajar de primeras, pero surgió el voluntariado y decidí animarme. No quería quedarme sin hacer nada al respecto.

Además de su profesión como psicóloga, ¿hay algo más que le haya impulsado a hacer este tipo de voluntariado sobre violencia de género?

En realidad es algo que se ha ido generando poco a poco en mí. Además de conocer de cerca varios casos de mujeres víctimas de violencia de género, yo siempre me he considerado machista. Sé que suena un poco fuerte decirlo, pero es lo normal. Es con el tiempo y con la madurez cuando me he ido dando cuenta de que había algo en mí que no estaba bien.  Con el paso de los años fui viendo el machismo que hay en general y en mí misma, y que repercutió también en mis propias relaciones.

La lucha contra la violencia de género es algo de lo que me he ido concienciando poco a poco y en lo que he decidido implicarme. Ahora mismo estoy también en otra asociación, como voluntaria, dando terapia a víctimas de violencia de género y cada vez lo voy conociendo más. Me he implicado hasta el punto de hacer un máster en Violencia de género.

Es muy impactante eso que dice de “siempre he sido machista”. 

Sí, y considero que no pasa nada por decirlo. Ahora mismo, evidentemente, soy feminista, porque me di cuenta de que cometí muchos errores en el pasado. Al final nos hemos criado así. Piensa que cuando naces mujer, desde pequeña te ponen pendientes, te dan una muñeca y me han impuesto los roles que se consideran como femeninos. Esto es así desde el principio de los tiempos. Podría decirse incluso que el machismo lo llevamos en los genes. Y erradicarlo del todo es dificilísimo. Por eso hoy en día seguimos cometiendo errores. Incluso yo. El proceso de aprendizaje no termina nunca. A mí por ejemplo me sigue costando muchísimo utilizar el lenguaje inclusivo, pero voy mejorando día a día.

¿Qué opina del lenguaje inclusivo?, ¿es necesario?

Por supuesto. Mucha gente insiste en que hay mucho que hacer antes que mejorar el lenguaje. Yo no sé si antes o después, pero sí tengo claro que también hay que inculcar el lenguaje inclusivo, porque el lenguaje es la extensión del pensamiento. Es una herramienta fundamental. La lengua es la forma en la que nos comunicamos y nos relacionamos. No podemos cambiar nuestra manera de pensar si no incluimos esa actitud en el lenguaje.

Hablemos sobre la pandemia, ¿cree que nos va a afectar especialmente a las mujeres?

Nos ha afectado ya, sobre todo a las víctimas de violencia de género. Esa situación de vulnerabilidad y aislamiento que ya de por sí ya tenían, con la pandemia ha aumentado. Durante la cuarentena, por ejemplo, ni siquiera había oportunidad de acceder a las redes de apoyo, con lo cual también se agrava el control de la dominación por parte del hombre y a consecuencia se agrava la dependencia. Para muchas ha sido una tortura, sobre todo psicológica.

¿A los hijos de mujeres víctimas de maltrato también les ha afectado esta situación?

Por supuesto. Lo bueno de la juventud es que además de la casa, tienen el colegio o instituto y tienen su grupo de amigos. En el caso de los niños, absorben información de todas partes, no se socializan solamente en casa, aunque el entorno familiar es la fuente que tienen más importante para formarse como persona. En este caso, si tienen un padre maltratador interiorizan todavía más esos comportamientos y los sufren. Ver esa actitud a todas horas y no poder compararlo con referencias externas es contraproducente.

¿Recomendaría hacer voluntariado? ¿Qué le aporta personalmente?

El voluntariado puede ser maravilloso, porque cuando ves que realmente ayuda lo que haces de forma altruista da satisfacciones. En la experiencia que te he contado del taller que “caló” tan hondo en los chicos y chicas que acudieron, esa satisfacción no te la puedo explicar.

¿Recomendaría hacer voluntariado? Por supuesto. Pero al mismo tiempo tengo que decir que durante la pandemia se ha querido potenciar mucho el voluntariado, que como te he dicho está fenomenal y es muy necesario, pero también he echado de menos oportunidades laborales en lo mío, en Psicología. Creo que ahora más que nunca mi profesión debería ser más valorada a nivel profesional. Pero al tiempo. Mientras tanto seguiré como voluntaria, de una forma u otra no quiero dejar de ayudar, me satisface muchísimo.

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