Carmen Martínez, voluntaria en el Teléfono de la Esperanza

“Hacer voluntariado vale mucho la pena, colaborar es una autoayuda”

Decía Martin Luther King que “ayudar a una sola persona a tener esperanza es no haber vivido en vano”. Y, aunque el famoso activista estadounidense poco o nada tiene que ver con la asociación de la que hablamos en esta entrevista, su reflexión encaja a la perfección con sus valores.

Es en las situaciones difíciles cuando más nos aferramos a quien nos haga ver ese soplo de esperanza, como en la pandemia contra la que aún hoy seguimos luchando. Según el termómetro del voluntariado, más del 90% de las personas participantes en una de las encuestas afirmaron que las acciones voluntarias pueden ayudarnos a recuperarnos como sociedad tras la crisis del Covid-19.

 En Entrevistas, PVE
Por Tatiana Ojeda Bermúdez

Un ejemplo de ello es la figura del Teléfono de la Esperanza. Esta organización se dedica a apoyar a cualquier persona que se encuentre en situación de crisis y necesite ser escuchada. Eso sí, la desesperación individual no garantiza la confianza en la entidad. Se trata de una labor de mucho tiempo la que hace que millones de personas decidan marcar un número de referencia en busca de consejo.

Carmen Martínez (1951), voluntaria en el Teléfono de Santiago de Compostela, cuenta que durante este año y medio ha recibido más llamadas que nunca. “Durante el confinamiento la desesperación se podía palpar al otro lado de la llamada”, afirma. Estas palabras vienen de una persona que lleva más de 15 años acompañando al otro lado de una línea solidaria de manera altruista. Su afán por ayudar no es nueva. Esta gallega de 70 años ha sido maestra durante toda su vida. Y como colofón a su altruismo, ha sido recientemente galardonada con la medalla al Mérito Civil.

¿Quién es Carmen Martínez?, ¿Cuáles son sus orígenes?

Nací en un pueblito de la provincia de Pontevedra y siempre quise ser maestra. Aunque tuve unos años en los que pensaba en ser azafata, no me preguntes por qué, cosas de la juventud. La cuestión es que siempre tuve claro que me gustaba enseñar y compartir con los demás lo que sabía yo.

¿Fue ese afán por enseñar lo que le hizo plantearse ser voluntaria?

Sí, pero tampoco surgió hace tanto tiempo. La idea surgió hablando con unas amigas que se enteraron de unos cursos de crecimiento personal y resultaron ser del Teléfono de la esperanza. En aquel momento no había sede en Galicia, pero en cuanto la abrieron en Santiago decidí colaborar y unirme al voluntariado.

¿En qué consiste la formación para hacer este tipo de voluntariado?

Sobre todo te preparan para la autoayuda, y merece mucho la pena. A raíz de esta formación, ya aprendes a aconsejar a los demás para que intenten ser realistas. Es un aprendizaje en el que la persona voluntaria crece también. Por ejemplo, yo he hecho tres cursos hace tiempo y uno más recientemente para reciclarme. Te enseñan a tener empatía y a saber escuchar, a ponerte en la piel de quien está al otro lado de la línea. Y, por supuesto, te enseñan a no juzgar la situación en la que se encuentran las personas que llaman.

Comentaba que lleva 15 años como voluntaria, ¿Ha cambiado el tipo de llamadas en este tiempo?

Sí, sobre todo durante la pandemia. Ahora me hablan de miedo y de la ansiedad que provocó el confinamiento y que siguen provocando las restricciones. También había muchas llamadas focalizadas en la pérdida del trabajo y que al final eso agrava la situación de cualquier persona. La pandemia ha agravado todo; el miedo que provoca la soledad y el perder el contacto físico con tus familiares y allegados. Fuera de la crisis sanitaria, recibimos llamadas de personas que viven solas, personas dependientes o consultas sobre relaciones de pareja… hay de todo.

¿Influye el territorio en el que te encuentres en el tipo de llamada? Por ejemplo, en Galicia hay mucha despoblación, ¿Predomina la soledad?

En mi opinión al revés, en Galicia hay mucha zona rural pero en lo rural las personas se sienten más acompañadas. Está el espacio abierto, el campo y la relación entre los vecinos también influye y palia ese sentimiento de soledad. En las ciudades ocurre todo lo contrario, si estás sólo se nota más.

¿Cómo desarrollan el voluntariado desde el Teléfono de la Esperanza en Galicia?

Tenemos un local en Santiago y, hasta que llegó la pandemia, atendíamos las llamadas desde allí. Ahora se hace desde casa y somos unas nueve personas voluntarias de diferentes edades. Sobre el tiempo que le dedicamos, yo dedico al menos cinco o seis horas semanales. Depende del turno y de tu disponibilidad, claro. Por ejemplo ayer hice noche porque el teléfono se atiende las 24 horas del día.

Sobre esto que comenta, ¿Cambia el tipo de llamadas del día a la noche?, ¿Cómo se asumen estas “guardias”?

Claro que cambia. Al final por la noche lo vemos todo un poquito más oscuro todo. Aunque tengo que decir que fue mi primera noche y me sorprendió porque atendí unas nueve llamadas. No esperaba tantas. Yo por ejemplo me organicé básicamente no durmiendo. Piensa que es algo puntual y cada vez nos toca a una persona voluntaria.

Atender según qué tipo de llamadas debe ser complicado de asimilar, ¿Recuerda algún caso que le haya impactado en especial?

Sí, recuerdo que me impactó un caso reciente. Tuvimos una guardia de fin de semana y, en la misma mañana, dos personas jóvenes llamaron con ideas suicidas porque lo estaban pasando muy mal. Eso al final deja huella. Sientes mucha responsabilidad, pero nuestra misión es intentar aliviar un poco, intentar ayudarles. Además, si la situación lo requiere hay personas especializadas como psicólogos y abogados para casos judiciales o problemas de esta tipología.

En estos casos, ¿Tienen coordinación con policía y emergencias?

Cuando la situación lo requiere sí. Por ejemplo, el 112 nos suele llamar y nos deriva a personas que se sienten muy mal tras un accidente. Les recomiendan que se pongan en contacto con nosotros y desde el Teléfono les escuchamos e intentamos calmar esa angustia en la medida de lo posible.

Sobre su labor como voluntaria, ha recibido recientemente un reconocimiento muy importante y se lo entregó el Rey Felipe VI… Cuéntenos la experiencia.

Pues tengo que decir que al principio me sentía un poco abrumada. Me preguntaba por qué si en el Teléfono de Santiago somos nueve y en España imagínate cuántos, por qué a mi. Pero finalmente llegué a la conclusión de que te lo dan como persona física, pero el reconocimiento es para todas las personas voluntarias. De esta experiencia me quedo con las palabras que nos dedicó el Rey. Nos animó a que fuésemos ciudadanos y que ese sentimiento de comunidad superara al individualismo. Nos dijo que esa actitud nos haría crecer como personas y como país.

Y para terminar Carmen, ¿Por qué diría que es importante que exista el voluntariado?, ¿Recomendaría hacerlo?

Es simple, somos una sociedad, vivimos en sociedad y cuando más compartamos con el resto de las personas, mejor nos sentiremos en un futuro. Si alguien se está planteando hacer voluntariado le diría que no se lo pensara. Le diría que se anime, que pruebe y que estoy segura de que seguramente se quede. El truco es tener un poquito de tiempo para dedicárselo a los demás. Es muy necesario y muy positivo. Hacer voluntariado vale mucho la pena, ayudar es una autoayuda.

 

 

 

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