Xavier Eguiguren, guardia civil y escritor

«La literatura es otro canal para luchar contra la violencia de género»

En las últimas semanas vivimos un aumento de la violencia de género, con 19 mujeres asesinadas y episodios como el de las niñas de Tenerife, que demuestran cómo estamos ante un problema estructural, no solo un lacra social. Según el Observatorio de violencia doméstica y de género del Ministerio de Igualdad solo en el primer trimestre de 2021 la justicia registró más de 35.000 denuncias. Frente a ello, entidades sociales y personas expertas en género claman por educar contra esta situación desde la infancia.

Más allá de la respuesta social, jurídica y policial ante los casos de agresiones machistas, preocupa la educación hacia quienes heredarán el futuro: los niños y niñas. Víctimas directas, indirectas, inmediatas o a largo plazo que, tarde o temprano, acaban viviendo las consecuencias más dramáticas de ese conflicto filial.

 

 En Entrevistas, PVE

Por Tatiana Ojeda Bermúdez

Una de las personas que lo reclama es Xavier Eguiguren, escritor y Guardia Civil de profesión. Empezó con publicaciones mucho más duras de contar que los cuentos por los que ahora es conocido. Ha escrito sobre terrorismo en el País Vasco, actualidad y sobre violencia de género, un episodio que le tocó vivir muy de cerca. Su madre y él fueron víctimas durante la infancia del autor y, como el destino suele ser muy propicio, Xavier ayudó durante varios años en la protección de mujeres también víctimas. Pasó de ser víctima a protector. Actualmente colabora en el programa ‘Educando en justicia igualitaria’, una iniciativa para fomentar la prevención de la violencia de género.

Xavier es autor de “Papá ¡Cuenta mis dibujos!”, referente en educación de valores en más de 200 centros educativos en España e incluso a nivel internacional. Entre las páginas de lo que parece un cuento infantil se esconden relatos sobre anorexia, bullying, ansiedad, medio ambiente y sensibilidad.

Xavier Eguiguren no es su nombre real, es su nombre de escritor. ¿Cómo surge este pseudónimo?

Xavier sí es mi nombre, pero el apellido, Eguiguren es el que adopté cuando me destinaron al País Vasco. En aquella época ese destino equivalía a que podía morir, se asesinaba a gente a diario en atentados. Cuando llegué a Éibar me dijeron que no preguntara a nadie por el cuartel, porque allí no estaba muy bien visto ser Guardia Civil. Pero me perdí y acabé preguntando a un hombre de allí por la plaza de toros, porque me habían dicho que el cuartel estaba cerca. Me caló pronto, y amablemente me indicó la calle del cuartel. Recuerdo que había unos pisos blancos con un letrero que decía ‘Eguiguren kalea’ y decidí hacerlo mío. Así nos protegíamos en aquel entonces. Cuando terminé aquella etapa me olvidé del nombre hasta que volví a escribir.

Además de su andadura en el País Vasco, también ha trabajado protegiendo a víctimas de violencia de género. ¿Cómo fue esa experiencia?

Sí, yo me encargaba de la recogida y el seguimiento de la situación de la víctima. Fue una experiencia bastante positiva en muchos sentidos y negativa a su vez. Había muchísimos casos y no sólo era violencia psicológica, sino también física. Agresiones muy grandes con niños de por medio, padres que no aceptaban el divorcio y la tomaban con los hijos. Son vivencias muy duras de recordar.

 ¿Se puede luchar contra la violencia de género desde la literatura?

Por supuesto que se puede. La literatura es un canal para concienciar al resto de la sociedad. A la gente que no ha vivido esa violencia. Yo, por ejemplo, la he vivido en mis carnes porque mi madre fue víctima de violencia de género, ya la viví desde que tenía 7 años. Con la literatura intento comunicar a la gente esos sentimientos, esas sensaciones que uno tiene como víctima. Luego, esas víctimas venían al cuartel y pedían ayuda y en esos momentos me sentía muy identificado porque yo veía a mi madre en esa misma situación. El problema es que en la época de mi madre no había el apoyo que hay ahora, no había los medios que hay ahora. La violencia de género quedaba de puertas para adentro y fuera nadie hablaba de ella.

¿Cómo refleja estas ideas y experiencias sobre la violencia de género?

Hablo de ello en el libro que he sacado este año, “Cinco destinos, sonidos y colores de un Guardia Civil”. En esta obra hago mucho hincapié. He vivido el terrorismo en el País Vasco, el tráfico de drogas en Galicia y en Asturias me tocó la parte cruda de la violencia de género. En aquella época me dediqué a las víctimas y también lo he plasmado en muchos artículos de prensa.

¿Qué acogida tuvieron esos esos artículos?

Muy buena acogida, pese a que en esta sociedad nos ha costado mucho asumir ese tipo de violencia y aún hay quienes piensan que se victimiza a la mujer y el hombre queda desamparado. Yo soy hombre, y lo veo desde la perspectiva del hombre, lo que no quita que el Código Penal contemple violencia doméstica y violencia de género, pero en ambos siempre prevalece la fuerza del género masculino sobre la mujer. Yo he conocido casos ínfimos de una mujer que agreda a su pareja. Claro que lo hay, pero la inmensa mayoría es el hombre quien utiliza la violencia física. Eso lo he visto yo tanto desde mi trabajo como en mi casa.

Además, también colabora en un proyecto con un equipo de jueces sobre temas de igualdad.

Sí, en Asturias estoy integrado en un proyecto que se llama ‘Educando en justicia igualitaria’. Se trata de un proyecto donde también colaboran juezas y demás figuras de la justicia. Y luego estoy yo, que colaboro como escritor, no como Guardia Civil. Vamos a los institutos en un voluntariado y cada uno cuenta la parte que le corresponde de la temática. Los jueces, por ejemplo, cuentan su parte del trabajo, los abogados sobre cómo defienden a la víctima y yo, como escritor, cuento casos reales.

Sobre educar en valores surgió su faceta en la literatura infantil, la más reciente en su andadura como escritor. ¿Cómo empezó todo?

Empezó cuando tuve la crisis de depresión y estuve un par de años de baja. En ese tiempo mi hija me hacía dibujos y yo me propuse escribir un cuento sobre cada dibujo que me hacía. Y así arrancó el proyecto de “Papá ¡Cuenta mis dibujos”! Yo no tenía pensado publicarlo, era una idea que utilizaba para educar a mi hija en valores y para intentar enseñarle aspectos como la no violencia o la protección de la naturaleza, de los animales, el cáncer infantil, el acoso escolar etc. De ahí la idea pasó al papel y ahora se lee en muchos colegios. Al final es eso, cuentos inventados con dibujos que hablan de la realidad, de lo que hay en el mundo.

¿En cuántos colegios está el libro actualmente?

Aproximadamente en unos 200 colegios, incluso en algunos centros de París y de Panamá. No pensé que tendría tanto éxito. Yo no tengo pretensiones de ningún tipo. Ni gano nada, ni me interesa hacerlo. Como mucho gano autoestima, que es lo que necesito. Y ha sido gracias a mi hija. Y no sólo ha reforzado mi autoestima sino también la suya porque es una niña muy tímida. Lo que me aporta la literatura es único, no lo cambio ni por todo el oro del mundo. Ahora estamos preparando la segunda entrega. El prólogo es de Virginia Wolf, la ganadora del Premio Nacional de Literatura en 2018. Me parece increíble.

¿Cómo acogen los niños y las niñas estas charlas en los colegios? ¿Cómo es su reacción?

Eso sí que es una pasada. Yo les cuento anécdotas; les incentivo en la fantasía. Porque claro, ellos tienen fantasía, yo no, yo me apoyo en mi hija y les cuento la experiencia que he tenido con ella. Y esa simbiosis padre e hija es lo que ellos tienen también en casa y ven escribir cuentos como asequible, como algo que pueden hacer ellos también. Pasamos una mañana super divertida. La verdad que con disfruto un montón.

¿Cuáles son los aspectos sociales que tratan los cuentos?

Por ejemplo, en ‘La mariquita Margarita’, que es el cuento que aparece en la portada, la protagonista es una mariquita que se siente gorda y habla de anorexia, porque deja de comer. Es el que más llama la atención a los niños cuando doy las charlas. Hay otro que se llama ‘La lección de Leoncio’ sobre sobre un león que se junta con un hipopótamo y que no tratan bien una mariposa; habla del acoso. ‘La tortuga Matilda’ habla sobre timidez y sensibilidad, realzando la positividad de esas dos virtudes. ‘Pincho el erizo’ está en el hospital porque tiene cáncer, y en el colegio todos se ponen un pañuelo en la cabeza como solidaridad hacia él.  También hablamos de la igualdad con ‘El pingüino Lolo sólo en el Polo’, es un pingüino macho que cuida de los pequeños mientras las mamás van a buscar pescado.

Usted escribe sobre valores, ¿Es importante actuar de forma altruista e inculcar la solidaridad?

Yo lo hago todo de esa manera. Las cosas bonitas de la vida hay que hacerlas así, porque si las haces por dinero pierden valor. Si yo cobrara por ir a un colegio dejaría de tener sentido, lo hago de forma voluntaria. A mí escribir me sacó del pozo y yo a cambio ofrezco mi libro y estas charlas. El único beneficio que recibo es cuando alguien compra el libro y el 10% que me corresponde lo destinó a Juegaterapia. Yo no gano nada y a la vez lo gano todo.

¿De qué trata la iniciativa de Juegaterapia?

Es una fundación con sede en Madrid que se dedica a embellecer las zonas de oncología infantil de los hospitales. Ponen bonita la zona donde conviven los niños con cáncer. En varios centros han puesto hasta un salón de juegos, un cine… hacen que no parezca un hospital.

Desde Plataforma del Voluntariado nos gustaría que nos trasmitiera una reflexión final para la entrevista. Por ejemplo, sobre el valor de la escritura.

La literatura no interesa a mucha gente, cada vez leemos menos y nos interesamos menos por ella. Los jóvenes prefieren los videojuegos y las pantallas en general. Pero cuando vas teniendo una edad te das cuenta de que la literatura es una terapia. Cuando estás inmerso en tus cosas malas, escribir un simple párrafo equivale a tomarse un antidepresivo. Cuando tú te cuentas cosas a ti mismo y las descargas en un papel, has evitado tener que recurrir a otros métodos para sacar de dentro esa angustia que tienes. La literatura es una cura para el alma.

 

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