“Hay que mejorar el consenso social para adquirir valores desde la infancia”

¿Se ajusta lo que se aprende en Magisterio a la realidad que se vive en las aulas?

El 30 de enero se conmemora el Día Escolar de la No-violencia y la Paz (DENIP). El objetivo es educar a la infancia en y para la tolerancia, la solidaridad, la concordia y el respeto a los Derechos Humanos. Un bonito reto al que se enfrenta a diario el profesorado de este país. Otra cuestión es si el cuerpo docente está preparado para asumir un desafío tan importante.

 En Entrevistas, PVE
José Luis Arco Tirado, psicólogo y profesor de de la UGR

POR LAURA MONTALVO

José Luis Arco Tirado es psicólogo y profesor en el departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad de Granada. Con más de veinte años de experiencia en docencia e investigación. Persona comprometida, ha participado en varios proyectos como voluntario y ha diseñado, implementado y evaluado proyectos para atender necesidades educativas de poblaciones en riesgo de exclusión social y educativa. También colabora con la PVE como asesor en tareas de evaluación de impacto de los proyectos y actividades que realiza la entidad.

¿Qué papel juega la Psicología en la mejora de la convivencia en el contexto educativo?

Sin menoscabar la importancia de otros agentes como los propios maestros, educadores sociales, pedagogos o terapeutas, la Psicología y los psicólogos juegan un papel central, porque las variables presentes en comportamientos violentos son de naturaleza psicológica. Habilidades relacionadas con el auto control, concienciación de las emociones y cómo inciden en nuestro comportamiento son habilidades psicológicas o cognitivas que se aprenden, se enseñan y se adquiere dominio sobre ellas y se manifiestan en nuestro comportamiento. La Psicología juega un papel importante para ayudar a concienciar a las personas para conocerse a sí mismas y mejorar habilidades de auto regulación. Es fundamental para diseñar programas preventivos o de intervención dirigidos a reducir o eliminar problemas que se detectan en contextos educativos y lograr una mejor convivencia.

¿Qué valores son fundamentales promover desde las aulas para lograr una convivencia pacífica?

Desgraciadamente no tenemos métodos muy eficaces para enseñar valores, somos más eficaces enseñando conductas. Los valores se trasmiten a través de los modelos, la cultura que se genera y se vive. Valores como el respeto, convivencia, el reconocimiento de la diferencia, el interés por las minorías, la empatía o la solidaridad descansan en procesos de transmisión que no siempre son educativos, sino familiares y sociales. En tanto que no se actúe en ambos ámbitos no vamos a ser todo lo exitosos que nos gustaría. Hay que mejorar en el consenso social para que niños, niñas y jóvenes adquieran esos valores desde la infancia.

¿Desde la Universidad se enseña esa educación por la paz y solidaridad? ¿Se prepara en Magisterio a quien tiene que educar?

Esos valores se desarrollan en el alumnado de Infantil y Primaria, que es cuando se interiorizan y se asientan en la personalidad. Los profesionales de la educación que están a cargo de fortalecer esos valores son los maestros de Educación Primaria fundamentalmente y la situación de las facultades es mejorable en ese sentido. Habría que hacer más para mejorar ese perfil de habilidades, competencias y valores de los futuros maestros. Todos somos conscientes de la asignatura pendiente que tenemos, porque los distintos gobiernos en los últimos 20 años no han sido capaces de ponerse de acuerdo en las políticas educativas, en qué programa educativo queremos y se puedan solucionar los problemas y agujeros que tenemos en esa formación de calidad para futuros maestros. Yo confío en que eso se arregle. Las universidades tienen un papel fundamental pero también limitaciones como la financiación. Lo positivo es que no hay que inventar la rueda. Afortunadamente existen experiencias de otros países en cuanto a diseños de reformas educativas que han sido efectivas y que son transferibles y adaptables a nuestra realidad.

¿Como por ejemplo?

Podíamos fijarnos más en lo que otros han hecho y trasladarlo aquí, con sus ajustes. Pienso en la reforma de los estudios de Grado, en la necesidad de reducir los grupos o mejorar la formación competencial que se da a los futuros maestros, aumentando el número de créditos prácticos. Asimilando por ejemplo la formación con los futuros médicos, crear un equivalente al MIR de la Medicina e incluir en el proceso de formación de los futuros maestros más elementos de evaluación que permitan corregir más prácticas. Y refinar elementos que en mayor medida contribuyan a esa formación de calidad, como se hace en otros países que son un referente internacional, como los estudios de Pisa o el modelo finlandés. Ahí todos los profesionales implicados en la educación están sometidos a actividades de seguimiento y evaluación del resultado e impacto que supone su trabajo.

Pero ¿Cómo se educa en este sentido a los futuros y futuras docentes?

En la universidad española sí hay contenido curricular en ese sentido, hay asignaturas que pretenden dar a conocer a los futuros docentes contenidos relacionados con la educación en valores, resolución de conflictos, temas de acoso escolar y otros que se dan en las aulas y centros. Pero los problemas crecen más rápido que nuestra capacidad para entenderlos y para diseñar e implementar soluciones. En las aulas se les enseña, pero luego la realidad y las necesidades desbordan esas habilidades y competencias que supuestamente adquieren los alumnos en la Facultad de Educación. Es importante que desde los propios centros educativos y las comunidades se involucren para entender el problema, intervenir y erradicarlo. Muchos de los problemas que se dan en los centros tienen una raíz educativa pero también social, familiar. Se necesitan competencias que no se pueden instruir como tales, se desarrollan con el contacto, con la experiencia diaria. La universidad no siempre puede proveer esa experiencia de aprendizaje. Ese desfase que existe hace que las soluciones que se aportan en centros docentes no sean tan efectivas como nos gustaría. También está por medio el reglamento, la normativa, que no siempre está orientada a enfoques preventivos. Y hay una carencia en cuanto al análisis del impacto de las medidas, es muy importante la evaluación.

¿Cómo ha evolucionado el clima de convivencia en los centros escolares?

Los datos oficiales no reflejan un aumento del problema de indisciplina o convivencia en los centros, pero la realidad en la calle no es esa. Los sistemas de recogida de información no son todo lo fiables que nos gustaría. Cuando surgen situaciones como por ejemplo el suicidio de algún o alguna menor por casos de bullying y son casos que no han sido detectados por los propios centros se suele tratar como algo aislado. Pero puede ser la punta de un iceberg que nos hace ver que debemos mejorar nuestros protocolos de detección y comunicación de esos casos. Y de seguimiento, para evitar que se vuelvan a producir. Hay trabajo pendiente en cuanto a protocolizar la actuación de los agentes educativos para conseguir datos más fiables y buscar la eficacia de las intervenciones. El problema es que se ponen en marcha iniciativas pero luego no hay continuidad ni seguimiento para ver qué impacto tienen y por eso no se acaban de tomar las medidas de control y prevención suficientes. La evaluación es cara y también a veces nos ofrece unos resultados que no son del agrado de todo el mundo, ya que obligan a que tengamos que revisar lo que hacemos y nos salgamos de nuestra zona de confort. Que tengamos que cambiar parte de lo que hacemos para mejorar resultados.

¿Son más y más graves los conflictos de convivencia en los centros escolares hoy en día?

Creo que los datos sobre incidencia de estos problemas más fiables son los del Defensor del Pueblo y esos datos sí que apuntan tendencias de aumento de problemas, la severidad de los mismos y -lo que es más preocupante, que refleja la necesidad de mejorar lo que hacemos-, la reducción de las edades a las que se producen esos problemas y situaciones. Esto nos manda un mensaje para redoblar los esfuerzos de detección e intervención y ser más eficaces. Los futuros docentes tienen que estar preparados.

Y es que como dijo Paulo Freire, educador y pedagogo brasileño, hay que tener en cuenta que “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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