El enfriamiento del planeta

 En Opinión, PVE

ÉRIKA MONTAÑÉS, PERIODISTA

Madrid 30-12-2016 Erika Montañes , redactora del diario abc … foto: Angel de Antonio … archdc

Por el principio de ‘solidaridad democrática’, los líderes mundiales deberían haber aparcado sus diferencias y compartir mesa en Glasgow (Escocia), sede de la última conferencia de las partes (COP26). Algunos prefirieron ni sentarse a ver el mantel. El enfriamiento de esas posiciones geoestratégicas calienta el planeta, pero el mundo aguarda mientras ellos procastinan.

Nos dirigimos a un globo 2,4 grados más caliente del que nos dejaron nuestros antepasados, pero… ¡qué más da si son números que configuran una saga de pronósticos agoreros! Y si el 1% de los Estados son los responsables de un 30% de las emisiones de gas invernadero, ¿a quién le importa lo que hay debajo de ese plástico que cubre los cultivos?

Justo ahí es donde estamos nosotros, nuestros padres no lo verán, nuestros hijos tampoco. Pero el desenlace es lo que ya padeces cuando vas a comprar un hornillo por si un apagón dejase a oscuras la humanidad, cuando ahora imaginas que lo de aparcar el coche en la calle puede acabar con un metro de nieve cruzándole el capó y cuando metes tus pies en el fango encharcado en tu mar de siempre.

Los peces asfixiados por los nitratos; el cuello de la tortuga metido en esa bolsa de la que te deshiciste por comodidad… y qué incómodo es pensarlo. Lo cierto es que el nadador extremo bucea cada vez en aguas más calientes, las depresiones aisladas o DANAS ya no son tan aisladas y las nevadas ya no se detienen en Soria. A nadie gusta de ser tremendista. «Apocalíptico», despotrican esos líderes mientras divisan el océano desde la primera línea de playa que en menos tiempo del que creen será barrida.

China, Rusia o Brasil tendrán una participación anodina, si es que la tienen, en las decisiones climáticas del planeta. Y eso pese a ser el primero el mayor contaminante o el último, poseyendo el principal pulmón verde de la Tierra con la deforestación entrando ‘a puerta gayolas’. Por el principio de ‘solidaridad democrática’, esos mismos países que no participan, no deberían contar.

La pandemia no nos ha enseñado nada. Estuvimos ahí observando a la fauna campar a sus anchas desde la ventana del confinamiento, ensoñando que un paseo con el viento en la cara era lo más parecido a la libertad. Y, cuando salimos, volvimos a la casilla de salida. Sin más reflexiones. Sin moraleja. Como si tuviéramos todo el tiempo del mundo a nuestra disposición.

Es increíblemente corta la memoria humana cuando, azotados aún por ‘barrios’ por el coronavirus, se piensa que el problema global del clima lo va a resolver cada uno parcelariamente. El Covid es prueba nítida de que uno, cuando rema solo, entorpece al de al lado y no alcanza la solución expeditiva. Sin embargo, pese a estas enseñanzas, el mundo no sabe despertarse hoy altruista con el medio que lo envuelve. El planeta se ha enfriado.

 

Las opiniones vertidas en los artículos de opinión de El Periódico del Voluntariado corresponden a los autores y autoras y no necesariamente coinciden con los de la Plataforma del Voluntariado de España

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