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Entrevista a Guillermo Fouce, presidente de 'Psicología sin Fronteras'

"A veces realizamos un voluntariado muy individual, poco reflexivo"

Profesor de la Complutense, locuaz defensor de libertades, vocero de causas justas, Guillermo Fouce preside la ONG Psicología sin Fronteras. Desde su organización, reivindican el derecho universal a la salud mental y atienden a personas víctimas de desahucios, violencia, catástrofes, racismo, duelo, prisión… Un contexto de acompañamiento a la persona, en que el voluntariado juega un papel fundamental.

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¿Podrías hacer un diagnóstico general sobre la salud mental de esta sociedad?

En general lo que está ocurriendo es que se cambió de modelo para sacar a gente de instituciones cerradas, ovales, lo que era aquello del manicomio que tenemos en el imaginario, a otro modelo trabajando con la gente en casa y con el apoyo de otros recursos. Y nos quedamos a medio camino, porque mientras tanto llegaron fuertes recortes.

Por un lado tenemos a las familias sosteniendo la mayoría de esas situaciones y a los fármacos sosteniendo la otra gran parte del sistema y de los problemas. Tenemos un país en el que batimos todos los récords en consumo de benzodiazepinas y otras pastillas y se nos asiste en atención primaria de una forma un tanto inadecuada. Es el caso del médico que en 5 minutos nos dice lo que tenemos y acto seguido nos trata. Y esa es la cuestión: la falta de cobertura de la salud mental como un derecho humano, la insuficiencia para llegar a determinadas situaciones. En tiempos de crisis, con mayores necesidades y demandas, es cuando más recortes se han producido.

La soledad está ya considerada como una especie de nueva epidemia...

La soledad y la ausencia de apoyo social. Nosotros cuando practicamos lo que se llama “viaje psicológico” - la evaluación de las situaciones más graves-, lo hacemos en función del número de apoyos que pueda tener la persona. Es decir, el número de personas significativas que tenga en su entorno y que puedan respaldarla junto al apoyo institucional. Evaluamos hasta qué punto no va a ser una persona aislada.

¿Son tan importantes los apoyos?

Crear redes es fundamental porque la soledad es el mal de nuestro tiempo: uno puede estar rodeado de gente en una gran ciudad, pero sentirse más solo que nunca. Con este individualismo que caracteriza a nuestras sociedades, cada uno va a su propia historia dejando de estar con otros. Creo que esa es una de las esencias de lo que nosotros hacemos en psicología y me atrevería a decir que incluso en intervención social: volver a crear vínculos, volver a relacionar a la gente, volver a hacer que nos comuniquemos y nos apoyemos los unos a los otros.

Igualmente, parece ser que la depresión se hace cada vez más fuerte en nuestro entorno

Soledad, melancolía, depresión… van unidas de la mano. Y no son las únicas, también está la ansiedad. Yo me atrevería a decir que todo esto es una manifestación del Estado del Bienestar. Creo que la sensación del bienestar subjetivo va muy relacionado con esa sensación de estar solo, peleando con la vida como en una isla. Creo, sinceramente, que eso es lo que tenemos que combatir. Es lo que intentamos revertir cuando intervenimos, no solo en psicología. Las entidades sociales o los voluntarios intentamos poner freno al aislamiento de las personas que tienen que afrontar los problemas de manera individualizada.

¿Qué actividades de voluntariado promovéis?

Tenemos muchas. Como centro sanitario, nuestra filosofía consiste en facilitar a todo el mundo el acceso a la salud mental. Lo que hacemos es, mediante evaluación previa, adaptar las tarifas. Gran parte de la gente que vemos en nuestro centro sanitario, es atendida gratis o con un precio simbólico adaptado a situaciones de paro de larga duración, de precariedad o situaciones en las que el paciente está siendo tratado por el psicólogo de atención primaria con muchos meses de diferencia entre sesión y sesión.

¿Qué más hacéis?

Nos acercamos a personas afectadas por desahucios o por el paro de larga duración. Ahí, combinamos el tratamiento individual con el colectivo. Por ejemplo, en las asambleas trabajamos con las personas para que rompan el miedo o la vergüenza, cuenten lo que les está pasando y lo compartan. Es el caso de las víctimas de estafa en las preferentes, de acoso moral, sexual o que han sufrido un accidente laboral.

¿También trabajáis con migrantes?

Contamos con un programa de migrantes y personas refugiadas. Éstas van llegando con cuentagotas a nuestro país. A veces sin el estatus de refugiados, a Méndez Álvaro o a nuestro particular Guantánamo, que es el CIES de Aluche. Intervenimos con la gente que es agredida por racismo y xenofobia. Llevamos a cabo también un programa que se llama “Lucha contra los rumores”, que combate el estereotipo y las ideas falsas sobre la inmigración.

También trabajamos en mediación, en asistencia a familias, emergencias y crisis, en el duelo como un proceso normal, y también en el duelo infantil. Y luego hay un área de infancia, un área de la mujer y otra de derechos humanos, en la que realizamos un acompañamos psicológico a gente que es cooperante en otras entidades. Además, trabajamos con personas recluidas por un delito penal. Creemos que habría que apostar más que nunca por la reinserción y por el trabajo terapéutico para intentar recuperarlas.

¿Cuál de todas estas actividades te gustaría destacar?

La más destacable para nosotros es la salud. Reivindicar el acceso a la salud de todos los colectivos y especialmente de aquellos que son más vulnerables. Hablamos de psicología en tiempos de crisis, Psicología sin Fronteras. Hablamos de la salud de todos como un derecho desde distintas perspectivas. Para ello nunca trabajamos solos o aislados, lo hacemos con otras entidades, con otros colectivos y respondiendo también a necesidades compartidas.

¿En qué consiste vuestra intervención en el CIES de Aluche?

Trabajamos con SOS Racismo y junto a otras entidades. Se trata de entrar al CIES y acompañar a las personas que están recluidas. Les ofrecemos un espacio de escucha, un espacio de apoyo... Las condiciones no ayudan mucho porque de alguna manera están con sus derechos bloqueados y no saben, en muchos casos, cuándo van a ser expulsados del país. Un gran número de ellas son también personas con arraigo y hacemos muchas veces de correos entre las gente que está dentro y la que espera fuera. Es unproceso de acompañamiento, de sostenimiento, de escucha y de ponernos a su disposición.

Retomando una de sus conferencias: ¿crees que el voluntariado podría convertirse en un instrumento neoliberal?

Creo que esa cuestión está encima de la mesa. Depende de cómo ejerzamos o interpretemos el voluntariado. Hay una tendencia al activismo vacío de reflexión. Hacemos muchas cosas, pero muchas veces no nos paramos a pensar por qué las hacemos. A veces realizamos un voluntariado muy individual y poco reflexivo y se corre el riesgo de favorecer justo aquello que queremos cambiar. Pienso que es responsabilidad de las organizaciones saber cómo acompañar, formar y reflexionar con nuestros voluntarios, para entender que lo que hacemos pertenece a un proyecto más global, recapacitando todos juntos también sobre las causas.

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