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Mané Fernandez Noriega, voluntario con personas LGTBI

"Tengo la suerte de ser transexual, activista y voluntario; me ha hecho crecer como ser humano"

Mané Fernández tuvo que cruzar el océano para conquistar la libertad. Es el precio que pagan muchas personas transexuales para poder ser ellas mismas, para lograr la paz. Voluntario y activista, a sus 53 años, Mané es un conocido defensor de la diversidad y todo un referente de los derechos de las personas LGTB en España.

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¿Cómo empezaste a hacer voluntariado?

Mi voluntariado empieza aquí en España, cuando me doy cuenta de mi realidad en Chile y tengo que abandonar el país por el momento político que se vivía allí. Empiezo en Asturias como una persona transexual. Entro al colectivo XEDA, que es el colectivo LGTBI de Asturias a posicionarme dentro de la letra T, precisamente cuando se empieza a trabajar con todo lo que tiene que ver con  esta realidad hace unos 15 o 16 años. Desde el colectivo hago contacto con la Federación Estatal, pues XEDA pertenece a FLGTB, y allí me toca trabajar con todo el grupo de voluntariado y activistas...

 

¿Cómo es el voluntariado con colectivos LGTBI?

Es un voluntariado diverso porque toca todas las ramas que tienen que ver con nuestros derechos. Trabajo directamente con personas lesbianas, gays, transexuales y bisexuales brindándoles atención, tratamiento, apoyo y las herramientas suficientes para vivir su diversidad desde la Libertad. También trabajo codo a codo con los políticos tanto a nivel del principado de Asturias como a nivel estatal para obtener el reconocimiento de nuestros derechos y una igualdad real. Además, tenemos un grupo  que trabaja con jóvenes por la educación sexual y afectiva.

También trabajamos directamente en los centros educativos con chicos y chicas de 14 y 16 años, hablando sobre identidad, género y educación para aceptar y respetar la diversidad. Este trabajo tiene que ver con el acoso escolar, no podemos olvidar que el colectivo LGTBI es un uno de los más vulnerables dentro del aula y la mejor herramienta para erradicar esto es la educación. Este es un voluntariado que busca transformación.

 

¿Qué es lo mejor y lo peor de hacer voluntariado con colectivos LGTBI?

Lo mejor,  el logro que puedas tener solo con una persona. Cuando te agradecen por recibir ayuda en un momento determinado de su vida, poder ser libres y poder expresar su identidad o la forma de amar a otros seres humanos. Que una persona te de las gracias porque has sido impulsor de la libertad en su vida es lo más grande que le puede pasar a cualquier voluntario. El ver que la sociedad va cambiando y que tú pones tu granito de arena en ese cambio ...

También hay momentos muy desagradables: amenazas, insultos, tener que abandonar un país por ser cómo eres, dejando atrás a tu familia, tu vida para empezar de nuevo. Tengo la suerte de ser transexual, activista y voluntario porque ello me ha hecho crecer como ser humano. 

 

¿Qué papel desempeña el voluntariado en la reivindicación de los derechos LGTBI?

El papel del voluntariado es todo. Sin voluntariado y activismo es imposible lograr derechos. Al final, los movimientos sociales son los que hacen cambiar la legislación. Si no existe un reclamo o un grito social es imposible que los legisladores sepan cuáles son las necesidades de esas minorías. Lógicamente el voluntariado debe ser un grito social.

Es importante la  educación. Sin educación no hay sensibilidad, sin sensibilidad no hay visibilidad y sin visibilidad no hay normalización. Y no hablo de una educación reglada sino de una educación social. Los medios de comunicación educan. Ésta entrevista puede educar, todo en la vida es educación... si no somos capaces de incorporar la diversidad en la educación social estamos perdidos. La sensibilización educativa es la base para poder decir que somos iguales y diversos. 

¿Puedes contarnos alguna experiencia que hayas tenido haciendo voluntariado especialmente interesante, enriquecedora...?

La experiencia que más me emociona recordar es la mañana del 15 de marzo de 2007 en el Congreso de los Diputados, cuando se aprueba la mal llamada ley del cambio registral o para las personas transexuales. Aunque sabíamos de las carencias que podía tener esa Ley, dijimos “por fin se empiezan a reconocer los derechos de las personas transexuales”, sentíamos una emoción inmensa y hubo muchas lagrimas de alegría y cansancio. Para mí fue el día más emocionante de mi vida.

 

¿Qué le dirías a las personas para animarlas a hacer voluntariado con colectivos LGTBI?

Que necesitamos manos, voces, cabezas y grito.  En este momento en que se ha registrado la ley contra la LGTBIfobia, necesitamos grito de apoyo para que esa norma llegue a buen final y podamos llorar y decir, "nuestros derechos han sido reconocidos". 

 

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