Entrevista a Tamara García voluntaria en la Fundación ANAR

“La violencia de género aparece cada vez más pronto”

Tamara García desprende energía y pasión -a partes iguales- además de un entusiasmo contagioso. Hace algo más de un año terminó el grado en psicología y mientras completaba su formación con un máster, decidió hacer voluntariado. Eligió la Fundación ANAR. En concreto, una línea de atención telefónica que cada año recibe miles de llamadas de adolescentes demandando ayuda. Hoy no concibe su vida sin una tarea a la que asegura estar enganchada, aunque también confiesa “estar en alerta” por los numerosos casos de violencia y acoso que se están dando entre menores.

 En Entrevistas, PVE
Por Talía Estévez

¿Cuándo empezaste tu voluntariado?

Fue en bachillerato. Un profesor de filosofía nos propuso participar en una actividad de voluntariado y me apunté. Participamos repartiendo comida a personas sin recursos. Me sentí tan reconfortada viendo que mi tiempo libre estaba siendo tan bien invertido, que supe que el voluntariado iba a formar parte de mi vida. Desde ese momento he hecho varios voluntariados, todos relacionados con menores. Son muy agradecidos y me reconforta mucho.

¿Por qué elegiste la Fundación ANAR?

Como psicóloga, me habían hablado mucho de la fundación. La elegí porque creo que puede aportar mucho a mi vida personal y es una manera de seguir formándome y ganar experiencia para mi futuro laboral.

¿En qué consiste tu tarea?

El voluntariado de ANAR consiste en la atención telefónica de menores en situaciones de riesgo, acoso sexual, bullying, violencia de género… Mi función es dar atención psicológica a los menores que llaman. Por otro lado, también hay una línea para adultos y una línea de chat con la que pretendemos llegar mejor a los adolescentes; al final las nuevas generaciones se comunican a través de las redes, es una forma de acercarnos a su realidad.

¿Cuál es tu papel como psicóloga voluntaria?

Mi labor está compaginada con la de otros voluntarios especializados en derecho y trabajo social. Yo me encargo de la atención directa. Recojo las llamadas y hago una orientación psicológica en función del problema que se presente. Sobre todo lo que hacemos es acompañar a la persona que nos llama, tratar de calmar su situación de ansiedad y crear un vínculo de confianza que nos permita intervenir de la mejor manera posible ante los problemas.

Teniendo en cuenta todas las atenciones que has realizado, ¿cuál se podría decir que es la problemática más frecuente?

Atendemos temáticas de todo tipo pero es cierto que hay una alta incidencia de casos de acoso escolar y sexual, maltrato físico y psicológico, violencia de género… Es alarmante, hay casos realmente complejos e injustos. En cuanto al teléfono del adulto, hay muchas llamadas relacionadas con divorcios y custodias. Aunque cuando la edad del menor va aumentando, los casos son diferentes. Llaman muchos padres o abuelos buscando ayuda para gestionar trastornos de conducta, adicciones al juego o a las redes, consumo de alcohol…

Actualmente, el foco está puesto en los abusos sexuales y la violencia de género ¿Este problema también se da entre menores?

Como decía es alarmante la cantidad de casos que hay de este tipo. La suerte es que muchos de los casos que nos llegan están en estado inicial y por lo tanto podemos actuar y prevenir. Al margen de los números, como todas las víctimas, llegan con miedo y un enorme sentimiento de culpa. En este punto lo único que nos queda es desmontar esa culpa y tratar de explicar qué es una relación sana.

¿Cuál es el perfil de las llamadas por violencia de género?

Son en su mayoría chicas adolescentes. En la mayor parte de los casos está muy presente el control y la posesión: distanciamiento de las amistades, dependencia, excesivo control de redes sociales. Sucede a una edad cada vez más temprana, sobre todo con la primera pareja, con 13 ó 14 años.

¿Hay algún secreto para dar la atención adecuada a quien te llama ?

Es algo que vas aprendiendo con el tiempo. Pero diría que la clave está en ser empática y tener en cuenta cuál es tu rol y tu posición. Hay que tener mucha fuerza y humanidad; ser capaz de entender el dolor por el que está pasando la otra persona pero también tener la capacidad suficiente para saber qué pasos hay que dar y en qué momento.

¿Te replanteas una vida sin voluntariado?

Siempre que me preguntan por el voluntariado digo lo mismo. Lo hago por dos motivos: por lo que doy y por lo que recibo. Para mí, lo mejor es escuchar, ya sea a los niños, a las familias… Es un aprendizaje impresionante. Tanto como psicóloga, como en mi día a día. Así que no; ahora mismo no concibo mi vida sin todo lo que me aporta el voluntariado.

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