La relevancia de la acción

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En esta línea, López Aranguren (34) distingue entre “moral pensada” y “moral vivida”. La primera es la capacidad de razonar y dar una respuesta teórica a los problemas morales. Con la segunda, la persona afronta mediante la “acción” reflexionada los problemas que se le plantea. La responsabilidad se sitúa en la moral vivida siendo lo decisivo, la acción. Mounier expresa esta idea con claridad:

“No basta con comprender, hay que actuar. Nuestra finalidad, nuestro fin último, no es desarrollar en nosotros o alrededor de nosotros el máximo de conciencia, el máximo de sinceridad, sino de asumir el máximo de realidad a la luz de las verdades que hayamos conocido”. (35)

Así pues, no se trata de desarrollar solamente una conciencia responsable sino de tener la capacidad de responder con acciones concretas ante los requerimientos de la realidad. La acción coloca a la persona en la realidad del hombre vulnerable, que sufre y que es privado de sus derechos fundamentales.

Lo coloca en una estructura social corrupta e injusta para los débiles. La sitúa en el mundo de los otros.

(34) LOPEZ ARANGUREN, J.L (1994): Ética, Obras Completas, II, Madrid.Trotta.
(35) MOUNIER, E (1992): Obras Completas I. Salamanca. Sígueme. p. 743.

Francisco Javier Alonso Arroyo en la investigación educativa “Adquisición de actitudes de responsabilidad social a través de un programa de promoción de voluntariado”.

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